La ciudad se transforma y nos lleva a la nostalgia

 
lupita 3
Al sentir en mi espalda lo calentito de los primeros rayos del sol del pasado primero de enero de este año 2016, desperté de un ligero duermevelas que me mantuvo más despierto que dormido; el tumulto de los autos y el trajín de la gente, durante los últimos días del 2015, formaron un intenso constante, envuelto en un ruiderío que la gente se fue llevando en su delirio consumista; llevaron de todo para despedir la noche vieja; cuando me vi solo, pensé que por fin podría dormir, pero no, de lejos, y desde los cuatro puntos cardinales, llegó el rugido de la metralla anunciando la llegada del primer segundo del año nuevo, ritual que remarca el distintivo del culichi revoltoso y atrabancado. De muchas cosas he sido testigo desde que me sentaron aquí, en esta banca de la plazuela Álvaro Obregón, me atornillaron con la advertencia de que si me desprendía o era desprendido, podría sufrir un castigo horroroso. El mismo que me atornilló, me hizo la admonición: Son órdenes del mero jefe, afirmó. Cavilé: ¿el Chapo? o ¿el Mayonesa? Luego caí en cuenta, la amenaza venía del ciudadano Presidente Municipal; de todas formas procuro no saltarme la regla, no me arriesgo a ser reciclado, o sea: pulverizado.
Debo aclarar que yo no tenía planeado vivir aquí en Culiacán; bueno, ni en ninguna otra parte, pero la neta, me gusta estar aquí. Al principio me aburría, solo era un espectador que miraba pasar a la muchedumbre; entre tanto carro, subir y bajar gente de los urbanos; entre las muchas chicas lindas, algunas, se me quedan mirando cómo diciendo: ¿y este mono, de donde salió? Los chavos son más suspicaces, me miran con desconfianza; una vez escuché a uno que le dijo a otro: ¡Aguas!, puede ser un vigilante virtual. Todo esto terminaba por desesperarme, y finalmente caer en el más atroz de los aburrimientos; no puedo moverme, eso es terrible. Tampoco puedo protestar, gritarle a la gente que no me gusta que los niños me pongan las manos llenas de sustancias pegajosas, como esa asquerosa del chamoy. Algunas señoras, con sus celulares listos para la foto, piden que me abracen y besen; siento como si reventaran mis vísceras; me dejan todo baboso.
De cualquier modo me he ido acoplando; me distraigo mirando a la gente, sobre todo, a las bellezas que por aquí abundan. Hace unos días, un par de vejetes se sentaron aquí en mi banca, uno de ellos empezó a decir: Mencho, ¿sabías que la Obregón va ser modernizada? No Rupe, no lo sabía, ¿a poco le van a poner doble piso? No, dizque será una avenida rápida en la que los carros transitarán de sur a norte. ¿Y los de norte a sur? Esos caminaran por la Aquiles Serdán. Se va armar un broncón, ¿no? Pero a nosotros no nos perjudica, no tenemos carro. ¿Y el camión, donde lo vamos abordar? Eso tendremos que investigarlo porque…
Morrín ¡Feliz año!, ¡Lupita! Feliz año, dame un abrazo. Perdona que no me levante, ya sabes, yo estoy…  Sí, lo sé, no te preocupes. No te había visto un vestido de novia tan lindo como éste. Es elegante y muy fino. Sí, este perteneció a una dama muy rica, fue importado de París. ¿Cuántos vestido tienes? Trece. ¿Y por qué tantos? Soy costurera de alta escuela, se me distingue como modista; lo que pasa es que algunas veces, por razones que desconozco, la gente no recoge los vestidos. Me los pongo para mostrarlos a la gente, de esa forma logro venderlos. Ah, entonces, ¿no es que estés soraila? Esos son cuentos de gente que le gusta inventar chismes. Como esa loca de la María Romero que hace unos días armó un borlote; te enteraste, ¿verdad? Claro, algunas vinieron y se tomaron la foto conmigo. Andaban muy aceleradas; una de ellas dijo que había aceptado vestirse de novia para que la viera el novio, y así lograr convencerlo de casarse por la iglesia. ¿Y no te parece eso una idiotez? Bueno, la chava se veía muy linda. Las miradas de Lupita y el Morrín se cruzaron. En ese instante el espíritu de Edipo, estuvo presente. Eres muy chico para pensar en eso. Ni tanto; debes sentirte halagada, la Romero te hizo un reconocimiento con una breve semblanza de tu existir, recorrió parte de… Pero no hizo lo más importante Morrín: revivir mis reclamos, gritarlos como yo lo hacía, por eso los representantes de la iglesia y el gobierno no entienden la palabra divina de Dios, que también es la del pueblo; siguen alejados de la gente; intentando engañarla con las mismas mañas, la misma retórica hueca y enredista.
El aleteo de una parvada de pichones los distrajo. Ambos los vieron elevarse y  perderse entre los árboles. Este año habrá elecciones, dijo el Morrín para cambiar de tema; no le gustaba que su amiga se ofuscara, porque tampoco le gustaba que su rostro se distorsionara por la ira. Sí, se avecina una intensa lucha entre políticos y politicastros, los primeros intentando convencer con sus ideas, los segundos atacarán al clientelismo con gorras, camisetas, tortas, refrescos; y revivirán las falsas promesas, compra en efectivo de votos, y también las amenazas. El hueso justifica todos los medios. Por desgracia así será. Así es Morrín, y cómo dijo don Teofilito: así seguirá siendo.
leonidasalfarobedoya.com

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