mayo 16, 2021 3:26 AM

Se acabó el sueño americano: De regreso a la realidad, dos hermanos migrantes

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Emma Leyva 

Caminando entre las calles de Culiacán, dos hermanos deportados de Estados Unidos buscan juntar dinero para llegar a su tierra natal, Chihuahua.

José Luis y Francisco Guadalupe López Pérez están de vuelta en la realidad. Después de haber estado en la Unión Americana durante casi un año trabajando en la construcción de casas de tabla roca, teniendo un estilo de vida estable, fueron despertados del sueño americano.

“Vivíamos en Phoenix, y trabajábamos allá en la tablaroca, nos agarraron trabajando con micas chuecas, y eso es ilegal, mi papá se echó todo el saco para que nosotros saliéramos, y él se quedó encerrado en la cárcel allá”, comenta José Luis.

Habían conseguido sus visas como turistas y estando del otro lado decidieron ya no regresar a su país y quedarse a vivir en Estados Unidos.

Blas Valenzuela, doctor especialista en tema de migración, dice que es un fenómeno inevitable debido a las diferencias abismales entre la economía mexicana y la americana, “tiene principalmente motivos laborales, porque existen migraciones que tienen motivos de refugios, y aparte de todo tiene componentes que la hacen permanente”.

“Por tonto me salí de mi tierra”, dice José Luis. “Yo tenía trabajo en una maquiladora allá, no ganaba mucho, pero tenía trabajo”, indica al darse cuenta que irse y regresar sin nada a una tierra que parece que ahora lo desconoce, es muy complicado.

En los últimos cinco años, Estados Unidos ha deportado a México un número récord de inmigrantes, con un aproximado de 300 mil cada año.

Existen en México 15 puntos de repatriación a lo largo de toda la frontera norte, pero en su mayoría son enviados a Baja California, con un promedio de 100 a 300 todos los días.

Los dos hermanos que ahora se encuentran temporalmente en la ciudad de Culiacán, fueron repatriados directamente al Distrito Federal, pero en su intento de regresar a Chihuahua, tomaron el tren hasta llegar aquí.

Según informes del grupo Beta, una corporación de auxilio y protección al migrante, los estados de la República con mayor número de repatriados durante el 2014 fueron Michoacán con 21 mil 310, Oaxaca con 18 mil 811 y Guerrero con 17 mil 559.

En su trayecto, los hermanos hicieron parada en Guadalajara, en donde, viendo trabajar a un artesano, aprendieron a hacer flores con las hojas de las palmas.

“Ya tenemos algo sin ni un cinco, tardamos como un mes para perder la vergüenza de llegar a decirle a una gente ‘oiga no quiere que le lave el carro o algún trabajo’, nos aguantábamos, nos daba hambre, y estuvimos sin comer varios días” comenta Francisco.

Cuentan que la gente de Sinaloa los ha tratado muy bien, sólo que al querer pedir ayuda en el palacio de gobierno, un guardia muy prepotente les dijo que no, que ellos no eran de Sinaloa y no podían pedir apoyo ahí.

José dice “¡pero somos mexicanos!”. Antes de entrar a Sinaloa fueron asaltados en Acaponeta, “uno traía pistola, le dijeron a mi hermano que se tumbara, que le entregara todo lo que traía, y él no se dejó y como eran tres, pues le dije dale todo, de arriesgar la vida por las pertenencias o lo material, no”, comenta José.

A partir de ese asalto se les ha dificultado mucho su camino a Chihuahua, “pero como sea hay que seguir adelante, llueve, truene o relampaguee, seguir firmes y no llegar a otros extremos” dice José.

Él, siendo el hermano mayor, tiene que ser cuidado por su hermano, pues padece de problemas con una pierna y brazos, además necesita medicamento controlado.

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José comenta que “este problema es duro de enfrentar, Dios quiera que no necesite de un sicólogo porque no quede bien de la mente, necesito medicamento controlado, y cuando me dan ataques epilépticos o crisis de nervios, él tiene que andar siempre conmigo, por eso no ha trabajado”.

A casi un mes de ser entrevistados, a principios de febrero, uno de los hermanos camina por el bulevar Gabriel Leyva Solano. Sigue con la misma ropa sucia, pero sin su hermano a un lado.

Cuenta que su hermano y él decidieron darse una vuelta al centro de la ciudad, con afán de vender las curiosidades que ellos realizan.

De repente se descuidó un momento y entre la multitud perdió de vista a su hermano. De eso hace ya tres semanas.

Ahora, solo en esta ciudad que no conoce, se mueve de un lado a otro, las personas le dan cosas para que él pueda vender, va de casa en casa, preguntando si no hay algo que les sobre y que a él le pueda servir.

De repente abre su mochila. Dentro trae un arsenal de cosas viejas, inciensos, discos, adornos, aretes y pulseras, “lo que quieras agarrar, dame lo que puedas”, dice Francisco.

En su cara denota la preocupación por no encontrar a su hermano, porque con sus problemas de salud no puede arreglárselas solo. Pero espera poder encontrarlo vagando por alguna calle de la ciudad.

 

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