junio 22, 2021 5:13 PM

Obediencia perfecta

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Obediencia perfecta (México/2014), ópera prima de Luis Urquiza, pudo haber sido esto último, precisamente, y a pesar de ser una cinta, técnicamente, muy bien realizada, a la hora de profundizar en el tema que trata, prefirió hacerlo por encima, de manera superficial.
Las aspiraciones de ser sacerdote, hacen que el adolescente Julián/Sacramento (Sebastián Aguirre), deje a su familia para entrar al seminario, y desde que llega a la congregación de los Cruzados de Cristo se da cuenta de que las cosas no serán fáciles, porque los ataques verbales y físicos de parte sus compañeros serán muy frecuentes.
El joven tendrá que compartir su espacio para dormir con los demás, y se deberá sujetar a horarios y, en general, a una nueva forma de vida.
Cuando Ángel de la Cruz (Juan Manuel Bernal), dirigente de la congregación se presenta ante los seminaristas, observa muy bien a los de nuevo ingreso, y se interesa mucho por Julián, por lo que es el seleccionado para llevarlo a su casa a vivir con él y enseñarle todo lo que sabe.
En un principio, aparentemente, todo marcha con normalidad, pero el sacerdote logrará persuadir al chico, al grado de que haga cosas que no son correctas, pero bajo la consigna de que es nombre de Dios, no habrá mayor dificultad.
El problema es cuando Julián se entera de que no ha sido el único elegido ni privilegiado, reclama sus “derechos”, ante lo que el padre le aclara que no tiene ninguno, además de que llega uno nuevo que puede ocupar su lugar.
Juan Manuel Bernal es un excelente actor, de eso no hay dudas, pero es Obediencia perfecta en donde entrega, posiblemente, la mejor interpretación de su carrera: la forma en que observa, habla, viste, se conduce a los estudiantes, persuade a su pupilo, es impresionante; los diferentes matices a los que recurre, hacen que su personaje sea la película misma.
La cinta es muy interesante en su manera de mostrar las situaciones de abuso psicológico y sexual por parte de los sacerdotes, y específicamente del padre Ángel de la Cruz: en ningún momento hay nada explícito; todo se sugiere de una manera muy cuidada, pero ahí también radica su problema.
A pesar de que no lo aclara, evidentemente, la cinta hace referencia al caso de los Legionarios de Cristo, del cual el padre Marcial Maciel fue dirigente, quien en los noventa fue acusado de abusos sexuales, y en el 2006 fue retirado de sus servicios por el papa Benedito XVI, pero no profundiza en esta problemática, y no se arriesga en una denuncia real acerca de lo que implican estas prácticas de parte de los sacerdotes.
En general, todos los actores hacen un excelente papel, incluido Sebastián Aguirre, quien de manera muy profesional, va del adolescente inseguro y renuente, a ese que se ve envuelto y accede obediente a las intenciones de su mentor.
Aunque lo más interesante de la película está en su puesta en escena, la fotografía, a cargo de Serguei Saldívar Tanaka, también es un elemento que destaca.
Más que una denuncia, Obediencia perfecta es un llamado de atención para que la Iglesia atienda realmente las acusaciones de abusos a los que de vez en vez es señalada. No se la pierda… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

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