Un camino a casa

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Su hermano mayor, Guddu (Abhishek Bharate) le dice que lo espere y por ningún motivo se mueva de esa banca en el andén de trenes, frente al enorme contendor de agua, en Ganesh Talai. El pequeño Saroo (Sunny Pawar/ Dev Patel), de 5 años, se enfada y se duerme. Despierta desorientado, busca a Guddu, pero no lo encuentra. Asustado, se sube a un vagón y de nuevo se deja llevar por el sueño. Cuando toma conciencia, ya va a muchos kilómetros de distancia: termina en Calcuta, donde no hablan su idioma.

Luego de vagar por las calles, una señora le ofrece ayuda, asilo y comida. Más tarde, el niño sabrá su verdadera intención y se escapa, otra vez. Las autoridades lo encuentran y lo trasladan a una casa hogar, de donde lo adopta una pareja australiana: Sue (Nicole Kidman) y John Brierley (David Wenham), y se lo llevan a Tasmania. Muy pronto se acostumbra a su nueva vida, acompañado de Mantosh (Keshav Jadhav/Divian Ladwa), a quien también adoptan sus padres.

Pasan más de 20 años, en los que, en apariencia, no falta nada, hasta que un yalebi —dulce típico de la India que Saroo ansiaba comer de niño— que se ofrece en una reunión con sus compañeros de estudio, lo hace recordar su infancia. Las lágrimas llegan acompañadas de una avalancha de imágenes sueltas, de un pasado guardado del que ya no necesitaba saber, por eso se negará a la sugerencia de sus amigos y su novia (Rooney Mara), de buscar su origen.

Si bien Saroo no quiere hacer sentir mal a sus padres adoptivos al querer conocer a los biológicos, tampoco cuenta con datos suficientes del lugar de donde procede: sólo recuerdos aislados y sin sentido. Una vez que comienza a escribirlos en Google Earth, irán trazando el camino de regreso a casa.

Cuando a una película se le añade “basada en hechos reales”, tiene más posibilidades de conseguir el interés de la gente: a veces funciona más como estrategia mercadológica; otras la hace más impresionante. La historia verdadera de Saroo Brierley es impactante y conmovedora por sí sola, de ahí que él mismo haya escrito A Long Way Home, libro que inspiró a Luke Davies a redactar el guion de Un camino a casa (Lion/EU/Australia/2016), dirigida por Garth Davis, que logró seis nominaciones a los Oscar de este año: película, fotografía, actor y actriz de reparto, guion adaptado y banda sonora, aunque no consiguió ninguna presea.

La cinta está divida en dos partes: la mejor lograda, que muestra un Saroo de niño con su familia biológica, al momento de perderse y cuando Sue y John lo adoptan y se lo llevan a Australia; la otra, con un ritmo lento que no recupera hasta casi el final, es con Saroo de adulto, más independiente, tiempo en el que le surge el interés de conocer sus orígenes.

La nominaciones al Oscar de Kidman y Patel están justificadas: tanto uno como el otro, por sus expresiones, lágrimas que lucen honestas, en momentos precisos, logran excelentes interpretaciones y empatizar con el espectador, aunque es Pawar quien lo conmueve, conquista y le hace vivir las emociones más fuertes, como ese niño desamparado que, sin saber a dónde va, grita y saca la mano de un tren, para que alguien lo vea.

Con una fotografía destacable y una narrativa sencilla, el filme logra su cometido melodramático sin caer en lo absurdo. Vaya a verla… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

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