Cine: ‘Doña Herlinda y su hijo’

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La dominante y absorbente Doña Herlinda (Guadalupe Del Toro, mamá de Guillermo del Toro, productor del filme) permite que su hijo Rodolfo (Marco Treviño), un destacado médico, tenga una relación con Ramón (Arturo Meza), un estudiante de música, siempre y cuando sea entre las paredes de su casa. No obstante, la disque amable y atenta señora se las arregla para que su hijo conozca a Olga (Leticia Lupercio), salga con ella, comiencen un noviazgo y se casen, porque quiere nietos. Ante la posibilidad de volverse el tercero en discordia, Ramón se ve en la disyuntiva de irse y dejar a su novio, o quedarse y aceptar compartirlo.

Doña Herlinda y su hijo (México/1984), dirigida por Jaime Humberto Hermosillo, es un claro ejemplo de la doble moral. Si bien la madre no tiene inconveniente en que su hijo sostenga una relación amorosa con otro chico, incluso de llevarlo a vivir a la casa con ellos, también se empeña en que, a la par, salga con una mujer y se case con ella, para que socialmente se muestre como heterosexual, “con familia”, como sería lo “normal” o aceptado, y así “arreglar” el “problema”.

Aunque la cinta, escrita por Hermosillo, basada en un cuento homónimo de Jorge López Páez, cumple 40 años este 2024, en el que indiscutiblemente hay más apertura y aprobación a parejas del mismo sexo, posee un discurso mayormente vigente: todavía hay (muchas) madres (y padres) que no aceptan la sexualidad “diferente” de sus hijos (e hijas), al igual que existen (muchos) varones (y mujeres) que mantienen un matrimonio/relación con una mujer (u hombre) de parapeto, para no ser rechazados ni cuestionados, pero en lo secreto sus deseos y experiencias son con otros hombres (o mujeres).

El filme, que actualmente seguiría siendo provocador como en su tiempo de estreno, es un parteaguas en la cinematografía mexicana, como pionero en mostrar una pareja homosexual como tema principal, con todo y lo que conlleva una relación en la que “se debe” “andar con cuidado” para evitar la discriminación, lo cual repercute negativamente en lo emocional, la violación a los derechos humanos y un largo etcétera.

En ese sentido, la frustración, el coraje, la angustia… se presentan en Rodolfo y Ramón por varias razones: el no salir a pasear y divertirse como lo haría un hombre y una mujer, sin tapujos, y tener que hacerlo acompañados de la madre y la novia, para no levantar sospechas; el no expresar abiertamente a otros los miedos, alegrías, desilusiones, logros… que se experimentan con la pareja; el no poder pensar en un futuro juntos, solos, sin terceros, porque no estaría “bien visto”; y el llevar la relación a puertas cerradas, en lo oscuro, en secreto y en silencio para “estar bien” y sin “peligros” ante la sociedad –la madre de Ramón se va “tranquila” a su ciudad, porque “sabiendo que te quedas a vivir con esta familia, se me han quitado muchas mortificaciones”.

Aunque la película disponible en Prime Video falla por su deficiente sonido y actuaciones, lo que hace complicado ubicarla como parte de la filmografía de uno de los directores más importantes, influyentes y destacados de México, es un producto que no debe ignorarse, porque es una posibilidad para analizar a la sociedad que, al menos, en ese aspecto, antes y ahora, es por demás hipócrita. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Artículo publicado el 18 de febrero de 2024 en la edición 1099 del semanario Ríodoce.

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