La salud

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El presidente Andrés Manuel López Obrador se ha propuesto tener en México y disponible para todas las familias, un sistema de salud igual o mejor que el de Dinamarca que dispone de uno de los mejores del planeta. Las diferencias son que Dinamarca con una población de casi 6 millones de personas le dedica a este rubro el 11 por ciento de su PIB; México en cambio, con sus 130 millones de habitantes le dedica apenas el 3 por ciento. Ello a pesar de que el gasto público creció en este gobierno hasta llegar al 11.05 por ciento del gasto federal.

La población mexicana distribuye su atención médica de la siguiente manera; 58 millones en el IMSS, 14 millones en el ISSSTE, otros pocos en servicios privados, u otros sistemas menores. IMSS bienestar tiene la meta de brindar atención médica completa a 53.2 millones más, que corresponden a las familias sin seguridad social de las 23 entidades que firmaron el Acuerdo Nacional que federaliza la salud pública.

Para cubrir el 100 por ciento del país y de las familias faltarían las otras nueve entidades que no se sumaron al acuerdo y se mantienen con el esquema del Seguro Popular, para llegar al 100 por ciento de los mexicanos, tal cual establece el mandato del artículo 4 de la Constitución Mexicana.

En esa transformación, el IMSS y el ISSSTE está siendo sometidos a una “cirugía mayor” con el fin de superar la dura realidad que existe en esos servicios de salud: medicamentos insuficientes, escasez de especialistas que obliga a meses de fila para ser atendidos, falta drástica de utensilios y material para atención y curaciones, servicios subrogados y corrompidos; en fin, simulación y saqueos indiscriminados. No será posible, por más buen ánimo y buena voluntad que haya, resolverlo de manera inmediata. El mal está demasiado extendido y profundo para suponer que tres o seis años serán suficientes para convertir ese gigantesco paquidermo dormido, mal alimentado y anquilosado en ese caballo de pura sangre que los mexicanos ocupamos para disponer del sistema de salud ofrecido.

Por muchos años el sector de la salud pública estuvo siendo sometido, intencionalmente, al abandono en beneficio de la salud privada y de quienes disponían de recursos para pagarla; el peor caso fue que miles de funcionarios de segundo y primer nivel accedieron a seguros de gastos médicos mayores a costa del erario público para que “cerraran” los ojos frente a ese abandono.

La salud pública se volvió un asco. Los hospitales, centros de salud y clínicas quedaron prácticamente en ruinas, los salarios y prestaciones del personal estancados y en franco deterioro. Obvio se pasó al saqueo de lo poco que había, por parte del personal; los médicos establecieron, de hecho, un sistema público-privado, “te atiendo en mi consultorio y pagas, te opero y doy seguimiento en la institución pública”; el cinismo mercantil se volvió el pan de cada día. Peor que la educación, la salud pública, el IMSS, el ISSSTE, los hospitales y clínicas de la Secretaría de Salud, quedaron solo para los mexicanos más “jodidos”, los que no podían pagar el “moche” de acceso.

Su descentralización a los estados y el propio Seguro Popular, sirvieron, principalmente para incluir a los poderes locales en el barril sin fondo de la corrupción y la simulación; vean, si no, los innumerables elefantes blancos de hospitales sin terminar y equipar que abundan en toda la república. El Seguro Popular se convirtió en la “caja chica” y fuente de corrupción de todos los gobiernos locales que, a pesar del contubernio prevaleciente, no pudieron escapar a la vigilancia más elemental de los órganos de control.

Contra este monstruo de abandono, saqueo y corrupción se enfrenta la 4T para llegar al ideal, dicho por el mismo presidente: Cumplir a cabalidad con el nuevo mandato constitucional.

Recién el presidente y los 23 gobernantes, sumados a esta transformación, firmaron el Acuerdo Nacional para la Federalización del Sistema de Salud para el Bienestar, que a través del IMSS-Bienestar debe garantizar el abasto de medicamentos, el equipamiento y la contratación del personal que se necesita para atender a las personas sin seguridad social, al mismo tiempo se hizo la transferencia de 707 hospitales y 13 mil 966 centros de salud. Así, se construye el sistema de salud pública más grande del planeta.

Revertir la situación en la que se ha encontrado la salud pública en México; conseguir el ideal que se han propuesto las autoridades, no dependen solo de la “buena voluntad”, son muchos los obstáculos e inercias que se deben vencer para conseguirlo, el cambio es que ahora se decidió hacerlo y dar los pasos necesarios para avanzar en ese camino.

Hasta ahora ningún gobernante había ido más allá de las palabras y la demagogia. Los retos y problemas que ha enfrentado la 4T y el gobierno que la encabeza han sido enormes, pero, tal vez, este sea el de mayor impacto en la sociedad y en las familias mexicanas. Se ha fijado la fecha de marzo del 2024, cumplir es casi imposible, pero al menos que sientan las bases fundamentales para que sea una realidad en los próximos dos o tres años, bien vale la pena apostar a su favor.

Artículo publicado el 15 de octubre de 2023 en la edición 1081 del semanario Ríodoce.

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