Reinicia juicio ordinario por matanza de ‘Los Talibanes’

SALA REGIONAL DE LOS MOCHIS. Vigilancia policiaca.

Policía refuerza vigilancia por audiencia del “Güero Saba” en Los Mochis

José Emiliano y/o José Sabas A. S. apodado, el Güero Saba buscó durante cuatro años anular los cargos de feminicidio y homicidio agravado con premeditación, ventaja y crueldad en grado de inductor en agravio de una pareja de jóvenes de Villa Unión, en donde él fungía como jefe de plaza para el cártel de los hermanos Beltrán Leyva y que para dominarla se servía de la banda de sicarios autonombrados Los Talibanes quienes libraban una guerra de exterminio de narcomenudistas y halcones en contra de Los Mandriles, un clan doméstico.

La pretensión de salir en libertad se frustró en los primeros 26 minutos de esta madrugada del miércoles 16 de agosto cuando un juez de control y enjuiciamiento penal le dictó un segundo acto de vinculación a proceso por los mismos cargos dejándolo en prisión preventiva oficiosa y otorgando tres meses para la investigación complementaria, en una actuación que se celebró en la Sede Regional de Justicia Penal Acusatoria y Oral Norte.

El revés legal no amilanó al ahora procesado ni a la defensa pues en comentarios informales durante los recesos consideraron que sería un paso más en la estrategia para comprobar la inocencia en el asunto puesto que en la ponencia se sentaban las bases de ello.

Estas son de que José Emiliano A. S. no era la misma persona que la fiscalía identificada como José Sabas o Saba, aún y cuando fuera coincidente en un nombre, los dos apellidos, el apodo y la fecha de nacimiento; segundo, de que en el expediente no había dato alguno de que éste hubiera dado la orden tácita de asesinar a la pareja, y tercero, los señalamientos de cargo eran producto de la tortura a que fueron sometidos los sentenciados como autores materiales de los dos crímenes.

Esos alegatos, el juez los consideró insuficientes para sembrar la duda razonable en la investigación policial y acreditar la no participación de quien fue atrapado en Aguascalientes en posesión de algunas dosis de drogas, y posteriormente, trasladado a Sinaloa.

El caso 695/2019, en el que se relacionan los hechos, fue trasladado para su litigio a la Vicefiscalía Regional de Justicia en la Zona Norte por cuestiones de seguridad debido a que la región Sur de Sinaloa, entonces, estaba convertida en una zona de guerra.

La sede judicial fue convertida en una fortaleza durante los 2 días de audiencia. En los estacionamientos fueron colocadas patrullas con policías municipales y estatales armados con pistolas y fusiles, durante el día, y durante la noche y madrugada, la presencia de uniformados se triplicó, incluso, llegando a cerrarse el acceso y salida, con policías como celadores.

La audiencia se celebró durante dos días, la primera el 10 de agosto del 2023 cuando se presentó de nuevo la imputación y la segunda el 16 de agosto del mismo año cuando venció la duplicidad del término solicitada por la defensa para presentar pruebas en contrario de la acusación.

Antes, el magistrado explicó que el caso se reponía por sentencia del amparo en revisión 501/2019 dictada por el Juzgado Noveno de Distrito que concedió razón al Güero Saba entorno a que no había tenido defensa técnica adecuada y que por ello quedaba en estado de indefensión.

Los hechos narrados en la audiencia inicial establecieron que el Güero Saba o el Padrino ordenó al grupo de sicarios autodenominado Los Talibanes “levantar” y asesinar a Dalia S. P. y a Kevin Ricardo C. D., ambos residentes de Villa Unión, por ser miembros de la pandilla rival, Los Mandriles.

Según la fiscalía, la orden se cumplió el 20 de julio del 2017, cuando los sicarios levantaron, decapitaron y descuartizaron a la pareja, incinerando los restos y sepultándolos en fosas clandestinas que cavaron en una huerta de mango ubicada en el kilómetro 1.5 de la carretera Villa Unión-El Wualamo.

Para demostrar que la orden se había ejecutado, el sicariato videograbó los hechos con un celular. El teléfono sería incautado posteriormente en una casa de seguridad en un fraccionamiento de Mazatlán.

Un mes después del hallazgo de ambos cuerpos y el de dos enfermeras y de un conductor de Uber, se consumaron detenciones, iniciándose la desarticulación de Los Talibanes, de los cuales, Ramón Adolfo Peña Pérez, alias el Peña negoció una sentencia de 34 años de por renunciar al juicio y Juan diego Caballero Sotelo y/o Ernesto Anguiano Ocampo una de 15 años en los mismos términos.

Pero estos, seis años después de aquellos hechos, el miércoles 16 de agosto del 2023 rindieron declaración buscando beneficiar a quien habría sido su jefe de la célula, el Güero Saba diciendo que la imputación sobre este y la autoincriminación en los dos homicidios fueron obtenidas por policías con base a tortura, amenazas de muerte que iniciaron el día de su captura, en agosto del 2017, se mantuvieron en la sede ministerial y persistieron en las comparecencias ante el juez. Y aunque ambos dijeron que en repetidas ocasiones exigieron a sus abogados que denunciaran los excesos, estos nunca lo hicieron.

Y ante preguntas directas de la defensa, ambos aseguraron que el Güero Saba o el Padrino nunca les ordenó levantar ni matar a nadie, y que a la persona que observaban no la conocían pues quien era su jefe era alto, delgado, güero y pecoso.

En contrario, José Emiliano y José Saba resulta ser bajo, blanco, sin pecas, de cabello castaño claro.
Los fiscales de homicidios interrogaron a estos y terminaron aceptando que estaban declarando porque abogados de la defensa se los pidieron y “porque no era justo que un inocente pegara culpas ajenas”.

La defensa hizo ver que estos tuvieron seis años para acogerse al Protocolo de Estambul para acreditar la tortura y no lo hicieron, y que en las audiencias ante un juez de control tampoco hubo manifestación, y porque en el expediente no había prueba alguna de que estos presentaran lesiones.

La pinza, finalmente, se cerró la madrugada del 16 de agosto del 2023 y José Emiliano y/o José Saba A. S., quedó sujeto a juicio ordinario por el baño de sangre que vivió la zona sur de Sinaloa durante el 2017.

Artículo publicado el 25 de abril de 2021 en la edición 952 del semanario Ríodoce.

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