¿Quieren a Calderón? Júzguenlo en México

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Nunca tuvimos duda de que Genaro García Luna estuvo apoyando al Cártel de Sinaloa durante su gestión como secretario de Seguridad Pública en el sexenio de Felipe Calderón, al margen de lo que el jurado de la corte federal de Brooklyn hubiera decidido. Lo declaró culpable, pero si lo hubiera declarado no culpable hubiéramos tenido que preguntar porqué…

Nos quedaron a deber mucho los fiscales, porque nunca presentaron un documento, una grabación, un audio, un video, ni siquiera un testimonio menos salpicado por su historia criminal. Pero también aquí hay que preguntarnos por qué no lo hicieron si habían dicho una y otra vez que tenían toneladas de pruebas. ¿Estamos acaso ante el mismo tema que surgió en el pleito legal entre Vicente Zambada Niebla y los fiscales que lo acusaron y que terminaron favoreciéndolo con una sentencia breve? ¿Acaso esas grabaciones, esos videos, involucraban también a agentes de la DEA? ¿Tuvieron miedo a que García Luna dijera que la DEA estuvo también involucrada en ese apoyo al Cártel de Sinaloa, como lo hizo el Vicentillo en las sesiones secretas entre su defensa y los fiscales?

Hay muchas dudas sobre cómo se dieron las negociaciones previas entre los fiscales y la defensa, y el propio juez Brian Cogan, y apenas ellos sabrán si García Luna prefirió guardar silencio a cambio de algún beneficio posterior al juicio.

En Sinaloa fue muy evidente que la Policía Federal, a cargo de García Luna, formó parte de los ejércitos del Chapo Guzmán, del Mayo Zambada y de los hermanos Cázarez Salazar, para combatir a los Beltrán Leyva, que se habían separado del Cártel a partir de la aprehensión de Alfredo Beltrán Leyva, el Mochomo.

Hubo episodios descarados de ese apoyo. Uno de ellos, —lo encontramos hojeando el impreso de aquellos años— ocurrió en la colonia Universitarios, en julio de 2008, cuando cuatro gatilleros fueron asesinados por los federales o con el apoyo de los federales, en el interior de una casa de seguridad, hechos que se contaron luego por la PJF como “enfrentamiento”.

Los uniformados no dejaron ingresar al inmueble a fotógrafos para que tomaran gráficas del interior. Nosotros habíamos acompañado a dos reporteros franceses a El Pozo, Imala, donde una noche antes un comando masacró a una familia; de regreso nos topamos con el “enfrentamiento”.

En la foto difundida por la misma Policía Federal un día después, se aprecian los cuatro cuerpos y también los boquetes en las paredes provocados por los impactos de bala. Pero estos orificios están casi al nivel del piso o a pocos centímetros de éste. Y varios de los cadáveres tenían impactos de bala en la cabeza.

Fue una farsa, como muchas de las que conocimos en la administración de García Luna como secretario. Se había desatado una guerra entre ellos y el gobierno federal, al menos la policía federal al mando de Genaro García Luna, tomó partido. Ello se explicaba también por el asesinato de policías a manos de los gatilleros de los Beltrán: siete en la colonia Las Vegas, cinco en el centro de la ciudad… También cayeron muchos policías locales y estatales porque igual tuvieron que definirse por un bando u otro.

Pero lo mismo ocurrió en Chihuahua, donde el Chapo y el Mayo se abrieron camino contra los Carrillo y La Línea, que dominaban esa zona. Y en Tamaulipas contra Los Zetas, que se habían aliado a los Beltrán Leyva. Y en Guerrero, en Michoacán, Jalisco…. En todas partes se observaba el mismo patrón. La Policía Federal se había convertido en uno más de los ejércitos del Cártel de Sinaloa.

Esa misma línea se aplicó a muchos de los sucesos políticos. En Sinaloa hubo elecciones para gobernador en 2010, todavía bajo la presidencia de Felipe Calderón, y fue muy claro, demostrado ya, el apoyo que recibió Mario López Valdez, candidato del PAN, de parte del Cártel. Al ganar, Malova hizo de Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, alfil del Mayo Zambada, el mando único del sexenio, y las policías municipales fueron copadas por comandantes afines al Cártel, con el fin, claro y llano, de acabar con las fuerzas de los Beltrán Leyva concentradas en el sur—Mazatlán, Concordia, Rosario y Escuinapa–, y en el norte, de la caseta de Cuatro Caminos hasta la frontera con Sonora. (Muchos de aquellos malovistas, son ahora líderes en Morena)

Bola y cadena
TODO ESTO, POR SUPUESTO, CONSTITUYÓ una tragedia para el país, pues decenas de miles de familias fueron enlutadas en nombre de una guerra que se presumía vital para acabar con la violencia y el poder de los cárteles, cuando en realidad el gobierno terminó apoyando a uno de ellos y, más aún, terminó siendo parte de ellos.

Sentido contrario
¿CAMBIÓ ESTO CON ENRIQUE PEÑA NIETO? Claro que no. Cambiaron los actores, pero el sistema fue el mismo. Peña encontró diezmados a Los Zetas, pero dejó que se encumbrara el Cártel Jalisco Nueva Generación. Entregó al Chapo, pero dejó a Los Chapitos, que resultaron más beligerantes que su padre, pues a este nunca le interesó la política como instrumento para sus negocios, y a sus hijos sí. Y si alguien lo duda hay que releer lo que ocurrió en Sinaloa –para qué nos vamos lejos– durante las elecciones del 21.

Humo negro
¿VEREMOS A FELIPE CALDERÓN siendo procesado en los Estados Unidos? Lo dudo mucho. Estamos hablando de alguien que fue jefe de Estado y que, como tal, hizo acuerdos con otros jefes de Estado, entre ellos los gringos. Y los gringos, hay que recordarlo, nunca se han cortado las venas. ¿Alguien quiere juzgar a Calderón? Que lo haga en México. Y que empiece por solicitar la extradición de García Luna.

Artículo publicado el 26 de febrero de 2022 en la edición 1048 del semanario Ríodoce.

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