Un caos llamado Mazatlán

MAZATLÁN DE NOCHE. La falta de autoridad.

Y en busca de un gobierno y una política pública. Ya no digamos para el futuro, sino para el presente. Ese que nos llegó en los últimos diez años, con dinero limpio y sucio, que levantó grandes obras sin cuidar el medio ambiente, sin regulaciones administrativas, menos con obras de infraestructura acorde a su crecimiento vertiginoso, que hoy se traduce en derrames de aguas negras, destrucción de vialidades, basura que se sigue recolectando y procesando a la antigüita, permisos de construcción de torres sin ton ni son, con instituciones de gobierno débiles, donde seguramente hay omisión y corrupción y en lo social, migración por goteo desde los altos por la violencia y otros estados en busca de empleo por el boom inmobiliario, proliferación de narcotienditas, criminalidad de baja intensidad, barrios abandonados, a su suerte, donde se quitan las casetas de vigilancia de la policía dejando en desamparo a los vecinos y se dejan sólo rondines ocasionales.

Vamos, estamos en una ciudad sin acciones de gobierno, destinadas a corregir lo que se hizo mal en las administraciones pasadas, un gobierno sin visión estratégica consumido por el día a día, buscando más parecer que hacer y así se consumen los días, las semanas, los meses y los años, y el puerto se ha convertido en el lugar de los grandes negocios inmobiliarios, que ha creado una camarilla de nuevos ricos que seguramente buscan controlar las dependencias de gobierno para que no haya ningún problema técnico para seguir haciendo lo mismo.

Ahí están la multiplicación de torres sin cumplir la reglamentación y con soporte en infraestructura, sin que nadie diga “no se puede” porque no hay suficiente drenaje doméstico y pluvial, todo se salta, y ahí tenemos una ciudad colapsada visual y operativamente casi todos los días, y en los festivos o los fines de semana, decenas de miles de vehículos circulando a vuelta de rueda desde Los Cerritos hasta el acceso al Faro y donde, en estos días, se han puesto “toritos” con fines no preventivos sino notoriamente recaudatorios.

En tanto, no hay quien pare a una “auriga” o una “pulmonía” por llevar bocinas con cientos de decibeles sacudiendo el sueño de los que quieren descansar. O que se lo pregunten a los residentes del Centro Histórico. A los de la Zona Dorada. Y si no hay manera, de como controlar a estos vehículos, mucho menos, podrán hacer algo cuando se trata de los grandes problemas que agobian la vida en el puerto.

Que, además, provoca de manera cada vez notoria, un singular proceso inflacionario por el flujo de dinero en el sector inmobiliario, incluso el alza de la demanda de productos básicos y no tan básicos, que el turismo trae consigo frente a los porteños que no están de vacaciones y tienen que comprar su despensa con precios de turistas.

Vamos que volamos a la experiencia acapulqueña donde fuera de su malecón colapsado por los vehículos está el otro destino donde vive la gente que le da vida a lo que alguna vez fue destino del jet set de Hollywood y los ricos del país y ahora es mal ejemplo, de lo que sucede, cuando hay la falta de planeación de largo plazo.

Mazatlán, está viviendo un boom turístico neoliberal, donde todo se vale aun cuando los gobernantes morenistas mantengan el discurso de “no somos iguales”, cuando evidentemente no revierten políticas que están provocando daños irreversibles sobre la calidad del entorno medioambiental y sus habitantes de siempre.

Los nuevos gestores municipales están administrando la inercia por la escasez de recursos, por los pasivos, la deuda pública, las demandas perdidas, los derechos de sus trabajadores, que me dicen en buena fuente consume el 60 por ciento del presupuesto pero, también, la ausencia de ideas y proyectos, de cómo hacer más con menos, cómo demostrar en los hechos que hay gobierno y que cuando se llegue a su término, tendremos, sino un mejor Mazatlán, al menos que no se deteriore más allá de lo existente.

El colapso de la ciudad obliga aplicar la ley con aquellos que sienten que están blindados aun cuando se fue quien les dio manga ancha y llegaron a verlo como su gerente; y no hablo solo del grupo que seguramente cada uno tiene en la cabeza sino de los que mandan en Mazatlán o, mejor, quieren seguir mandando.

Edgar González, el alcalde sustituto, aspira a una candidatura ganadora en 2024, y no va a ser fácil por el daño que ocasionó su antecesor y el blindaje que le brindó el gobernador; entonces, lo que haga o deje de hacer, será determinante para que logre su objetivo.

Al tiempo.

Artículo publicado el 15 de enero de 2023 en la edición 1042 del semanario Ríodoce.

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