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Pacientes jóvenes ponen al límite hospitales en Los Mochis

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Familiares de enfermos de COVID-19 denuncian mercado negro de medicamentos

 

En el sector salud hay preocupación por el rumbo que está tomando la tercera ola de COVID-19, en la que los jóvenes son ahora las víctimas, a tal grado que las clínicas están en riesgo de ser colapsadas por la demanda de internamiento, consideró Sergio Loza Rivera, director del Hospital General de Los Mochis “Jesús Kumate García”.

Dijo que de un arranque inicial de pacientes de 60 años a más, la edad de internamiento disminuyó ahora a 30-40 años, y continúa reduciéndose hasta 18 años, pero ya hay casos de niños infectados, cuando al principio de la pandemia se creía que esos rangos de población no serían alcanzados por tener un sistema inmunológico sólido.

En el caso del nosocomio, el promedio diario de ocupación es de 34 camas de las 40 que tienen disponibles, pero con una tendencia al alza. De ellas, la mitad requieren ventilador. Todos los pacientes son no vacunados. Hay desde jóvenes hasta adultos, de todos los estratos sociales.

“Lo preocupante es que esa clase de atención va en aumento, como también la estancia de las personas. Los jóvenes infectados que requieren respiración artificial, duran más tiempo internados porque su resistencia al virus es mayor. Ambas situaciones ponen en riesgo de colapso la capacidad hospitalaria”, reconoció.

La alternativa para enfrentar la situación, dijo, es la reconvención hospitalaria que ya se está dando. En esta se reducen las cirugías programadas para tener mayor disponibilidad de camas de hospital, y se baja la consulta externa para contraer la cantidad de personas en riesgo. “Con estas medidas buscamos ampliar 50 camas más para poder enfrentar la gran demanda que se avecina”.

Loza Rivera afirmó que la única forma de aumentar la autoprotección es mediante la vacuna “sea de cualquier farmacéutica”, y respetando las medidas de prevención ya conocidas: uso de cubrebocas, lavado constante de manos, uso de gel antibacterial, el distanciamiento social, aunque nada garantiza estar libre de riesgo.

Reconoció que el virus SARS-COV-2 ha hecho mejor las cosas para subsistir pues va mutando conforme encuentra situaciones adversas en sus huéspedes. Evolucionó cuando saltó a los humanos desde el mamífero huésped y continuó cambiando cuando el sistema inmunológico comenzó a combatirlo, tornándose más virulento, mientras que los humanos relajaron las medidas anticontagios y se expusieron a cepas nuevas.

Por ser el coronavirus un nuevo virus, ningún médico tenía el tratamiento para eliminarlo, por lo que los enfermos comenzaron a morir debido a complicaciones de enfermedades degenerativas como diabetes, hipertensión, renales, coronarias y otras, dijo. “Fue un fenómeno mundial”.

Recordó que ante el cumulo de casos, fue encontrándose un modelo de atención médica, pero este de nuevo cambió cuando el virus evolucionó hasta en cuatro cepas, afectando a los jóvenes; sin embargo, recién la Secretaría de Salud acaba de liberar el protocolo de atención a pacientes de COVID-19, por lo que ahora se tiene un modelo a seguir.

Esta última apreciación la habían denunciado familiares de enfermos.

Ramón Ruelas Blanchet y Chary Zamora, cuya esposa y madre, respectivamente, estaban internadas en el hospital enfermas de COVID-19, denunciaron que hay una incongruencia en las recetas de medicamentos, desde pañales hasta medicamentos antivirales.

Incluso, las cantidades pedidas les mueven la sospecha de que algo está pasando.

Citaron que ninguno de los familiares de los enfermos tiene acceso a ellos, y que el único contacto es con los trabajadores sociales que los atienden durante la mañana por el acceso principal del nosocomio y en la tarde por emergencias.

En cada caso, sólo reciben las recetas para surtirlas.

Cada receta, tiene un costo de los 5 mil pesos, principalmente porque las farmacias de los alrededores del hospital duplicaron y en algunos hasta triplicaron los precios.

“Me parece una confabulación entre alguien interno del hospital con los de las farmacias”, dijo. Ruelas Blanchet.

Además, dijo, hay un elemento extraño, pues en días inesperados alguien se arrima al grueso de los familias ofreciendo medicamentos nuevos, empacados de origen para enfermos de COVID-19.

¿Cómo está eso? ¿Porqué sucede ese mercado negro? ¿Algo extraño está pasando, se interrogó.

Él tuvo que vender dos camionetas que usaba en su trabajo. Las remató en el fierro viejo para pagar los 30 mil pesos que gastó por una semana de hospitalización.

Ella lleva gastado casi 70 mil pesos en 10 días de hospitalización.

Pudo enfrentar el caso con la asistencia de sus hermanos.

Pero la cuenta aumentará, porque su madre va reaccionando lentamente.

Loza Rivera negó que en el mercado negro de medicamentos estuviera involucrado personal médico.

Y aclaró que el medicamento que se le pide a los familiares de los pacientes es cuando no existen en las farmacias, o se trata de población abierta, sin derecho a la medicina institucional por no ser derechohabientes.

Artículo publicado el 01 de agosto de 2021 en la edición 966 del semanario Ríodoce.

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