julio 26, 2021 5:43 PM

Cómo y quiénes mataron a los dos carpinteros (V)

LAVADO AUTOMOTRIZ. Escenarios de la guerra.

Los hechos quedaron registrados en videos que tiene la FGR

 

 

“Joel” entró a trabajar en agosto de 2019, así que tenía acaso dos meses en el lavado de autos River Car Wash. Es un muchacho tranquilo pero resuelto. No es fácil conseguir que alguien hable de un suceso así cuando las imágenes todavía van y vienen por la cabeza como si hubieran ocurrido ayer. Acepta hablar pero sin grabadora. “Todo lo que quiera”, me dice, “pero yo no quiero problemas”.

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Dice que la tarde del llamado “Jueves Negro” había pedido comida y salió a recogerla cuando llegó el repartidor. Estaba en la banqueta cuando vio pasar cuatro “rápidas” del Ejército. Le llamaron la atención. En el lavado de autos había entre siete u ocho clientes, tres autos recibiendo el servicio. Las camionetas le llamaron la atención y las siguió con la vista. Siempre en Culiacán hay que abrir bien los ojos cuando se ve algo así.

Fue entonces cuando vio que del interior del fraccionamiento, por la calle Jaime Torres Bodet, salieron dos vehículos tipo Jeep “en madriza”.

Eran uno rojo y uno gris, los recuerda bien.

“Dieron vuelta la derecha. No pasó un minuto cuando se escucharon los primeros disparos. Primero fue como una explosión. Nos asomamos a ver de qué se trataba y vimos a un camión un poco atravesado y hasta dijimos mira ese “Lombardo”, si de por sí no hay y donde fue a quedar. “Pensamos que se le había ponchado una llanta, por la explosión que escuchamos. La gente se estaba bajando.
“Pero en eso empezaron los disparos. Un montón de disparos de diferentes calibres. Y se notaba que no eran de un solo lado, sino que era un agarre. Nos metimos en friega, la gente empezó a correr. Había niños aquí, dos o tres niños.

“Todavía estaba la balacera cuando vimos pasar en chinga una camioneta blindada, la camioneta azul. Iba rumbo al City Club y se regresaba en el retorno, justo en el OXXO. Disparaba y se escuchaba muy diferente por el estruendo yo creo que de la 50. Pasó una y otra vez, iba y regresaba.

“Ese agarre duró como 15 ó 20 minutos. Nosotros nos metimos al cuarto de servicio. Metimos a los clientes, como unos ocho y auxiliamos como a seis personas que llegaron corriendo de la calle, entre ellos una señora que dejó su camioneta y se metió aquí buscando protección. La camioneta, una Suburban, quedó inservible.

“Ya estábamos todos en el cuartito cuando llegaron dos plebes pidiendo ayuda. Yo les miré la fachada desde que entraron por la puerta de atrás. No traían armas. Les pregunté si venían limpios y me dijeron que sí. Solo traían radios. No me quedó otra. Les dije que se metieran al cuarto. Me preguntaron que si teníamos camisas de la empresa y les dije que sí. Les conseguí dos y se cambiaron. Habíamos como 25 personas en el cuartito y solo cabíamos parados. Cara con cara, todos, escuchando el desmadre afuera. Cada vez que pasaba la blindada se notaba mucho por el ruido del motor y los disparos.

“Los plebes tenían entre 22 y 25 años, más o menos. Y se veían calmados. Se comunicaban con gente de afuera. Nosotros nos asomábamos por la puerta. En la esquina del Torito (restaurante de mariscos El Torito) había un grupo como de 15 personas armadas. Y ellos nos decían con señas que nos metiéramos cuando venía la blindada. O le avisaban a los dos que estaban con nosotros por el radio. Y en friega nos metíamos. Iba y regresaba. No sé donde daba vuelta allá atrás, pero si sé que acá se regresaba en ese retorno del OXXO. Fueron como ocho o nueve vueltas las que echó, siempre echando balazos hasta que se estrelló enfrente de La Maroma. Ahí ya no sé lo que pasó. La última vez que la vimos pasó por este lado, en sentido contrario”.

—¿Qué hicieron en todo ese tiempo los dos gatilleros que se metieron al lavado?
—Solamente estuvieron aquí, de repente hablaban por radio y decían que había mucha gente escondida. Uno de ellos me preguntó si tenía algo de comer y le dije que no, que solo había chucherías, papas y refrescos, lo que ofrecemos aquí para los clientes. Yo pensaba que tenían hambre pero no. Entonces sacó 2 mil pesos y me los dio. “Tenga, para que le dé algo a la gente”. Y pues repartimos todo lo que había, papas, refrescos…

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Ya le había dicho que me interesaba el tema de los carpinteros. Por otras fuentes supe que varios ahí vieron la forma en que fueron asesinados. El padre de uno de ellos me había contado que vio un video donde se ve claramente que los mataron ya acostados con la cara hacia abajo, como si estuvieran rendidos aunque no tuvieran de qué rendirse si venían de trabajar.
“A ellos los mataron como a las 5:30 más o menos”, me dice “Joel”.

—¿Por qué la camioneta de los carpinteros quedó en sentido contrario?
—Mire, la camioneta venía de sur a norte, bien, por el Sánchez Alonso. Dicen que venían del Centro de Ciencias, eso no lo sé, pero me imagino que si venían de allá y se dirigían a la carpintería, entonces ellos entraron por la Obregón y bajaron por alguna calle al Tres Ríos. O por la calle que está pegada al canal, aquí atrás. No lo sabemos, pero sí que ellos pasaron por aquí, eso lo vimos en los videos que grabaron las cámaras de aquí.

“Nosotros vimos cuando pasaron por aquí, pero de repente se regresaron. Supongo que los soldados, que estaban como a 50 metros de aquí, los regresaron. Porque se ve cuando la camioneta viene en reversa y se mete de misma reversa a la calle de la esquina, la Torres Bodet. Y entonces se mete por este lado, en sentido contrario, pegados a la banqueta. Y allí se detienen. Quedaron justamente en medio del fuego. Se mira cuando los que estaban en El Torito les dicen que se tiren al piso. Ellos quisieron abrir el barandal del lavado pero lo habíamos cerrado bien y entonces mejor se tiraron al piso”.

Ese enfrentamiento entre los soldados que estaban hacia el norte y los sicarios que estaban hacia el sur, en El Torito, duró horas. Había sicarios desde El Torito hasta la Burguer (Farm Burguer, que estaba enseguida del lavado de autos. La acaban de cerrar) y soldados en el OXXO que está enfrente hasta la Plaza Carabinas (cien metros más adelante).

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Fue en uno de esos momentos cuando una camioneta del Ejército que había sido quitada por los “sicas” llega y se atraviesa para proteger y reforzar a los que estaban en El Torito. Venían tres o cuatro. Uno se bajó. Era un chavalo muy joven y empezó a disparar contra los soldados para que sus compañeros se bajaran también. Duró varios minutos disparando y aquellos no se podían bajar porque también los soldados no dejaban de disparar. Hasta que los batos como que se desesperaron, o no sé, y se bajaron. Y ahí los mataron. Quedaron tirados debajo de la camioneta.

—¿Qué pasó con el muchacho que se bajó primero?
—También lo mataron. Ahí quedó.

“Joel” sigue contando:

“En el video se ve cuando los carpinteros se bajan de la camioneta, cuando tratan de abrir el barandal y cuando no lo consiguen y se tiran al piso. Y es cuando los soldados se van acercando poco a poco mientras los gatilleros se van replegando. Eran muchos soldados.

Avanzaban protegidos con un “Rino” (Camioneta blindada). Y cuando llegan a la esquina de la Burguer es cuando les disparan a los carpinteros. Ellos estaban acostados bocabajo y los soldados les dispararon como a cinco metros de distancia. No sé, a lo mejor creyeron que eran de los otros, no lo sé. Yo no los puedo juzgar, pero los soldados en esos momentos le tiraban a lo que se moviera.

“Después de eso los soldados tomaron la cuadra. Los sicarios salieron corriendo todos a pie. Desde entonces las cosas en este pedazo se empezaron a calmar. Luego se ve cuando los soldados se acercan a los carpinteros ya muertos, y los agarraron del cabello y les levantan la cabeza como para verlos. Y es cuando se dan cuenta que son trabajadores porque en la camioneta venía herramienta y uno de ellos como que traía un lápiz en la oreja”.

—¿Qué pasó con el video?
—Al día siguiente vinieron los soldados para revisar las cámaras pero los videos ya habían sido sacados. Les dijimos que ya se los habíamos entregado a la Fiscalía; me preguntaban a mí pero yo les dije que no tenía nada ni estaba autorizado, que fueran a las oficinas centrales. Nosotros somos más de diez sucursales. Ya no regresaron.

—¿La Fiscalía sí regresó?
—Con nosotros no, o no sé, estuvieron trabajando en la calle durante la noche y al otro día, hasta que se llevaron los cuerpos y los carros dañados. Limpiaron todo. Ya después no supe.

 

Un ángulo desde El Torito

Desde la marisquería El Torito no vieron mucho porque desde que empezó la balacera se refugiaron en la cocina, que se encuentra al fondo. La mitad del inmueble está construida de ladrillo y el resto, hasta el techo, son ventanales.

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Había un grupo de comensales —cuenta uno de los empleados del servicio— que había llegado de la Tecate y que  ubicaron en mesas largas. Más de treinta, entre ellos directivos que venían de Monterrey. Algunos de ellos estaban fascinados, dijo uno de los meseros entrevistados y hasta querían grabar todo. Entre clientela y personal había alrededor de 70 personas.

No podían salir porque afuera, el área de la terraza y la calle, estaban llena de sicarios que se movían como hormigas mientras disparaban, corrían o buscaban refugio. Siempre estuvieron metiéndose al restaurante para protegerse.

“No se metieron con nosotros. Tres de ellos nos pidieron botellas de agua y uno solo le gritó a una señora que se callara porque estaba histérica. No dejaba de gritar que ahí nos iban a matar a todos”.

“Al final —dice—, cuando se dio el último agarre y que empezaron a correr, uno de ellos tiró el rifle y salió por el lado de la farmacia Guadalajara. Y otro de los que habían estado disparando se metió por esta puerta –apunta hacia la puerta lateral—y caminó hacia la cocina; casi se arrastraba porque estaba herido, le quitó el mandil a un mesero y salió. Caminó hacia el fondo de la calle (Rufino Tamayo), rumbo al canal y ya no supimos.

—¿Es el que murió en la cerca de un baldío? Nosotros tomamos una foto, se ve un muchacho de buen aspecto…
—Ese. Hasta el otro día supimos que allí había quedado. Yo creo que no quiso morirse aquí.

Artículo publicado el 18 de octubre de 2020 en la edición 925 del semanario Ríodoce.

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