septiembre 25, 2020 2:55 AM

Sobrevivir al Covid

JORGE LUIS. Vivir para contarla.

Vio morir a su compañero de cama en el IMSS, cómo lo desinfectaban las enfermeras y lo metían en una bolsa negra. “Yo decía valiendo madre, ¿eso me va a pasar?”.

 

 

“La peor pendejada que cometí fue la de haberme reunido con unos amigos y tomar de la misma ballena”, admitió Jorge Luis, un adulto joven de 39 años de edad que estuvo al borde de la muerte a causa del coronavirus.

El día que llegó a la clínica del IMSS de Mazatlán, lo hizo con el 95 por ciento de los pulmones dañados, tenía seis días enfermo.

Lea: Nunca Salud ha sabido cuántos contagios hay ni dónde en Sinaloa https://bit.ly/3iwv0oe

Aficionado a jugar futbol, sin ningún tipo de enfermedad diagnosticada, Jorge Luis vio como en cuestión de horas su organismo colapsó ante el Covid-19 y lo obligó a vivir lo que él considera la peor experiencia de su vida.

Fueron tres reuniones sociales a las que asistió, dijo, dos de ellas con sus amigos y la tercera con su familia.

Con los amigos, compartió una ballena, aun sabiendo que la esposa de uno de ellos estaba contagiada, pero como vimos que a mi amigo no le pasó nada… aparentemente, pues pensamos que era fuerte y no pasaba nada.

Al empezar con los síntomas, pero sin tener la certeza de estar contagiado, dijo, empezó a tomar un tratamiento preventivo desde un sábado, al lunes siguiente se hizo la prueba y resultó positivo y médicos particulares ampliaron dicho tratamiento, pero no dio el resultado esperado.

“El domingo me bajó más la oxigenación, yo me sentía bien, no me movía, estaba quieto todo el tiempo, pero mis hermanas se dieron cuenta de la gravedad, yo solo sentía que si hacía cualquier movimiento me agitaba, no tenía más síntomas, solo un día tuve 38 grados de temperatura y tomé medicamento para la fiebre por cuatro días, y no me preocupé”.

“Me ahogaba cuando caminaba o cuando quería hablar. Perdí el olfato, el gusto y la respiración, fueron los principales síntomas”.

Después de una semana empezó con el suministro de oxígeno en casa, pero al no ver mejoría, la familia lo llevó al IMSS.

“Soy del 99.99 por ciento de la población que cree que el Seguro te va a matar y no va”.

El recuento de Jorge Luis indica que fue hasta el día 15 que pisó por primera vez el IMSS a medio día, y sin ser derechohabiente fue recibido de manera inmediata, de la atención no tiene queja pues al verlo llegar, personal de salud lo ingresó sin hacer fila dada su condición de gravedad.

Llegó en silla de ruedas y con el oxígeno. Sin poder desplazarse por su propio pie, y al ser revisado y confirmar que era positivo para Covid-19, le indicaron que era necesaria una tomografía para revisar el estado de su sistema respiratorio.

Con 82 por ciento de oxigenación, esperó al mismo tiempo que recibía oxígeno. A las 18:00 horas salió su tomografía.

Acostumbrado a no hospitalizarse ni a tomar medicamentos, salvo contadas excepciones, el joven padre de dos adolescentes y un niño, vivió lo que no le desea a nadie.

Vio morir a un señor de edad avanzada y cómo personal médico lo depositaba en una bolsa negra. Los relatos de enfermeras y enfermeros jóvenes que no tenían ni un año trabajando, que aunque la mayor parte del tiempo mostraban buena actitud, comentaban cómo todos habían enfermado y contagiado a sus padres, sobrinos y pareja.

Aunque le habían dicho que tendría que esperar unas 36 horas pues no había camas disponibles, el mismo domingo tuvo la suerte de ocupar una, pues en cuestión de horas le dijeron que ya había tres disponibles.

Según la versión que le dieron, un paciente salió voluntariamente del hospital, otro murió y la tercera cama fue habilitada porque el quinto piso estaba siendo habilitado para internar más pacientes.

Fueron cinco días que estuvo internado, no le faltó medicamento ni escuchó quejarse al personal, solo del faltante de insulina, que debería ser un frasco por paciente, pero solo se les había dado uno para todos los que lo necesitaran.

Ver cómo a escasos 70 centímetros de su cama, su compañero de pasillo luchó por su vida, a los médicos y enfermeras revivirlo hasta que su corazón se detuvo, colapsaba por momentos su ánimo.

“Ver como lo embolsan, desinfectan… cuando lo metieron a la bolsa se sentía feo, yo decía valiendo madre, ¿eso me va a pasar?”.

Estimó que durante su estancia fueron cinco personas que murieron en cinco días, de las que él se dio cuenta.

La última tomografía indica que sus pulmones están casi recuperados, ya terminó el tratamiento y ahora debe de hacer ejercicios de respiración y de reactivación física para recuperar masa muscular. Un proceso que los médicos estiman tardará unos cinco meses.

Por ahora ya no quiere saber más de reuniones con amigos, menos salir a bares o centros nocturnos donde dice no se evita que haya aglomeraciones.

“¡Son mentiras que hay control! Me tocó ver grupos como de 15 personas pisteando en el malecón, pasaban las patrullas y no les decían nada. El primer día que abrieron los bares, me mandaron videos de las filas que daban hasta la calle para entrar, peor que en Semana Santa”, señaló.

Ahora extrema precauciones, usa cubrebocas, ya pasaron 21 días y aun así evita tener contacto con otras personas para no ser factor de contagio o que lo contagien porque los médicos ya le advirtieron que podría ser mortal.

Artículo publicado el 13 de septiembre de 2020 en la edición 920 del semanario Ríodoce.

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La denuncia de Emilio Lozoya

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