julio 6, 2020 1:27 PM

Otro lunes que parece sábado

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Hemos perdido la certeza del día en que vivimos. Los lunes parecen domingo, los sábados parecen jueves. Continuamente en las conversaciones surge la pregunta: ¿en qué día estamos? La relatividad del tiempo, siempre permanente, cobra importancia con sus dos caras extremas: quienes piensan que apenas han pasado tres semanas de encierro, sin clases, y parecen meses; o quienes concluyen que parece que todo inició ayer y que aún falta un trecho muy largo.

Lea: Culiacán se convierte en un foco de infección de Covid-19  https://bit.ly/3bU39La

María es una amiga reportera sobrecargada de trabajo, como muchos en la pandemia. Vive hiperconectada, no se le puede pasar nada de lo que ocurre. Me habla de una sensación que me invadía pero no encontraba cómo explicarla. Entre más ve, lee y escucha, siente que sabe menos de lo que realmente enfrenta el país del que tiene que reportar. Encima de todo necesita mantener un ojo en España, donde vive su familia.

Lo mismo enfrentan los trabajadores de la salud en México –quizás en todo el mundo. Hay un video en Sinaloa donde un médico familiar del Seguro Social le reclama al director del hospital sobre un subregistro de casos positivos a Covid-19. Pasa siempre, dice, por qué ahora no sería así. El mundo es pequeño en un hospital de apenas unas 100 camas, aun así es inabarcable. Médicos que desconocen qué sucede dentro de su propio centro de trabajo, atemorizados, cubriéndose el rostro con un tapabocas que saben no servirá de nada si el paciente que atienden está contagiado.

Son, es lugar común repetirlo, la primera línea de fuego en esta emergencia, o guerra, como quiera llamarse. Y muchos van a esa guerra sin fusil, como también se dice como lugar común.

Es imposible saber ahora la dimensión real de la pandemia en nuestra ciudad, en la región que nos rodea o en nuestro país. Por eso la sensación de que algo pasa, como la de María o los médicos de los hospitales, y no nos estamos dando cuenta de ello.

No es menor, los números empiezan a tener problemas para cuadrar. Las muertes en Sinaloa, por ejemplo, particularmente en Culiacán, colocaron en algún momento de la semana a la ciudad entre las de mayor letalidad por Covid-19 en el país, apenas por debajo de Ciudad de México. Culiacán con 4 muertes –aunque en la estadística aparecía Sinaloa-, contabilizó más muertes por coronavirus que Jalisco, con el doble de la población. O con el mismo número de casos positivos que Veracruz -27 acumulados- que tiene 8 millones de habitantes, casi el triple que Sinaloa.

Entender la pandemia desde afuera se vuelve complicado.

 

Margen de error

(#) Quizás hasta sea inútil. En estos casos, al lugar donde buscan que dirijamos la mirada es porque todo sucede al lado contrario. Gabriel Figueroa es el más grande fotógrafo del cine mexicano, cuenta que entendió a Luis Buñuel cuando llegaba a las locaciones y dirigía la cámara al lado contrario donde estaban los mejores paisajes. Buñuel retrataba otro lado del mundo.

Lea: La embestida del Covid-19 al turismo https://bit.ly/2JLDOqC

Esto sucede ahora en el mundo.

La cámara necesita enfocar a quienes viven al día. No en las conferencias de prensa virtuales, que nada dicen, menos en los números que por ahora están fuera de contexto.

 

Mirilla

(Ojo) El foco debe estar en quien va al supermercado y no alcanza a surtir la despensa de una semana. Necesita comprar lo justo, lo que alcanza.

Las compras de pánico son la noticia en el mundo, quienes llenan sus carritos con papel del baño y cloro. Pero la cámara debe enfocar al lado contrario, donde están quienes llevan el carrito casi vacío. Menos de 20 artículos.

Más de la mitad de nuestro país vive al día. Cuando se le pide que se quede en casa, se le está pidiendo que ese día no coma, que ese día el sustento no llegue. Son quienes cuando van al supermercado llevan el carrito medio vacío –y lo optimista piensan que todo es relativo, que el vaso puede estar medio lleno.

 

Primera cita

(Respuestas) Hay tres grandes libros que se citan constantemente en estos momentos, buscando respuestas que no encontramos en el día a día. El Decamerón de Boccaccio, que abre las puertas al Renacimiento, y que recluye en una cuarentena a seres del siglo XIV donde prevalece el deseo y el erotismo. La Peste de Albert Camus, de mediados del siglo XX, donde la epidemia no solo es biológica sino moral, donde emerge lo mejor y lo peor de la humanidad. Aunque a la novela que más se recurre es Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez- En ella la peste del insomnio provoca el olvido. Es entonces cuando se entiende que el tiempo no pasa, “Úrsula confirma su impresión de que el tiempo estaba dando vueltas en redondo.” Como ahora, como nunca, como siempre.

Si se confunden los días en que vivimos, se traslapan y se apilan. Simultáneamente prevalece la certeza de no saber lo que sucede exactamente, una sensación de que algo se escapa y sucede sin nosotros saberlo (PUNTO)

Columna publicada el 05 de abril de 2020 en la edición 897 del semanario Ríodoce.

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RÍODOCE EDICIÓN 910
05 de julio del 2020
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