agosto 21, 2019 2:17 am

El fantasma de Julio Verne en la delta del río Baluarte

rio baluarte 3

Del libro ’12 relatos escuinapenses’

Aquel franchute tan relevante, a fines del siglo XIX, dejó dicho y escribido que en la delta profunda del río Baluarte, de Rosario, Sin., se iniciará en esta época, años más o años menos, el cambio ecológico de la tierra. Cambiará su eje rotatorio en unos cuantos grados terráqueos, porque se modificarán los espacios sólidos y líquidos (tierras y aguas) de nuestro planeta.

Lea: Saludo local https://bit.ly/2UEKmza

Este gran franchute también predijo el viaje a la luna de 1969, en que Nixon habló por teléfono con el astronauta Armstrong, según la televisión norteamericana. Después calumniaron que los yanquis filmaron la escena lunar en Arizona o en Nuevo México. Pero eso es otra historia.

El retorno de la cápsula que fue a la luna sucedió en las aguas inmensas del Océano Pacífico, y todo el mundo le echó oclayos al rescate de los astronautas. Los rusos, en cambio, desde los tiempos de Yuri Gagarín, y siempre, despegaron y también aterrizaron en tierras sólidas de las tundras soviéticas.

El inventor Tupolev, también gran inventor de aviones comerciales, descubrió los aterrizajes siderales sin peligro alguno para los tripulantes—choferes espaciales. Esos rusos siempre han sido muy gallones, desde los tiempos de Dostoyievsky.

Fueron tan exitosos también, que en estos años la empresa zopilotera Boeing se asoció con Tupolev, con el fin de terminar avionazos para mil pasajeros, que pronto veremos surcando cielos.

En 1951 pude comprar a precios irrisorios, doce tomos de las obras completas del parisino Verne. En Francia es tan famoso como Napoleón Bonaparte.

Lea: El Comecuandohay http://bit.ly/2vaaz9M

Es seguro que, como Francia explotaba en el siglo XIX una mina de cobre en el puerto de Santa Rosalía, B.C., Julio Verne viajó al Océano Pacífico, bordeando el tormentoso Cabo de Hornos, al final de este hemisferio americano. Los barcos que salían de Marsella cruzaban dicho Cabo de Hornos, continuaban a Valparaíso, en Chile; luego al Callao, en el Perú. Después iban a Acapulco, Gro. y San Blas, Nayarit, para La Paz, B.C., y luego a Santa Rosalía, enfrente de Topolobampo, Sinaloa.

Los hijos de De Gaulle traficaban con discos colombianos en ese entonces y fuimos en Sinaloa los primeros que cantamos las cumbias El gallo tuerto, La Micaela, Se va el caimán y La pollera colorá. Que suerte la nuestra.

Julio Verne falleció en 1905. Pero en 1910 publicaron un texto denominado El eterno Adán, en que vaticinó que precisamente en el delta del río Baluarte, llamado ahora Boca de Barrón, empezaría el cambio ecológico de estos días. Tuvo frases terroristas cuando escribió: “y el mar empezó a subir, a subir, mientras una familia de ricos mineros rosarenses huían montañas altar al norte”. Bueno, la mina de El Yauco se acabó en Rosario en 1943, pero el fantasma de Verne, dicen unos supersticiosos, ya ha visitado en estos días las secas corrientes del Baluarte.

Leí, hace menos de 10 años, que Julio Verne en realidad nunca visitó tierras de México, que todo lo descubrió con su imaginación. Tampoco don Berna… estuvo nunca loco.

Cuando construyeron el puente de casi mil metros sobre el cauce del río mentado, descubrieron que el escurrimiento externo de agua se calculaba en más de 1 mil 200 millones de metros cúbicos. Pero que un manto subterráneo del mismo río, hondo, muy hondo, era superior a esta cifra. Es decir que el Baluarte era el más poderoso de los ríos sinaloenses.

Lea: El ‘Güilo Mentiras’ http://bit.ly/2PbQ59V

No en balde fue que Hernán Cortés desembarcó en Chametla, y luego se subió al Cerro de los Leones para descubrir el Golfo de California, que ahora se llama Mar de Cortés. Hoy viven ballenas árticas que no pagan cuota de peaje por bañarse en las bahías de Liebres y San Ignacio.

El mismo caso de profundidad agual, en América, la tiene el río Orinoco de Venezuela, río en el cual también habrá fractura terráquea, por el mismo cambio ecológico esperado. Dicha rúa venezolana tiene un manto subterráneo inimaginable.

Por lo pronto, prevenido que soy, me voy a Zapopan a saludar a la virgencita de ese lugar. Y a la capilla guadalupana de El Gallo, en Escuinapa, a rezar por mi seguridad que no podrán salvaguardar los generales que se ensañan contra el narcotráfico.

La UAS ha publicado en dos ocasiones este asuntito de Julio Verne. Pero yo me arrepiento de ser ateo, desde ya.

Artículo publicado el 14 de abril de 2019 en la edición 846 del semanario Ríodoce.

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