El asesinato del comandante ‘Sierra’

sierra mochis ejecutado

A Juan Carlos se le había asignado el mando cuando preventivos eran manipulados por ministeriales 

 

Juan Carlos era un policía veterano con 15 años de servicio, cuando fue prácticamente cazado a balazos por desconocidos que lo emboscaron en su pueblo natal: la sindicatura Heriberto Valdez Romero, el Guayabo.

Era también uno de los mandos preventivos en tiempos en que la Policía Municipal de Ahome fue utilizada por mandos ministeriales para combatir a la célula de “Los Mazatlecos” que procedían del Cártel de Guasave, que a su vez se desprendió del Cártel de los hermanos Beltrán Leyva cuando éstos entraron en guerra con el Cártel de Sinaloa.

La suerte que corrieron sus jefes, Jesús Carrasco Ruiz, Gerardo Amarillas Gastélum y Joel Medina Gastélum, todos prácticamente cazados por asesinos a sueldo, la siguió Juan Carlos. Él cayó el 13 de enero de este año, luego de desencadenar hechos que presagiaban un destino sangriento.

La noche del jueves 13 de enero, Juan Carlos quedó muerto en su auto. En los alrededores del compacto de color blanco quedaron cartuchos de grueso calibre esparcidos por la tierra.

Juan Carlos, semanas atrás a su muerte había perdido los favores de que gozó durante meses. Pese a ser un joven, el grado dado le elevó el ego. Subordinados que fueron en su tiempo cuentan que era intratable, y que el uniforme y las armas de cargo, ambas cosas prestadas por el Ayuntamiento, le daba poder para maltratar a civiles. Por eso se ganó enemistades.

Civiles que laboraron en la sindicatura contaron que era mejor no cruzarse en su camino, porque te llevabas una reprimenda por el más leve motivo que al policía le hiciera sentirse incómodo.

Los investigadores del homicidio y pesquisas internas dieron cuenta que horas previas al asesinato, el ex coordinador de sindicaturas había tenido un día de bravuconadas, bajo los efectos de una parranda fenomenal que se corrió.

Ese día había apostado en un juego de beisbol, deporte que practicaba sólo para ganar, porque cuando perdía se ofuscaba. Pero no pagó.

En el estadio discutió hasta el pleito.

En la ribera del río tomó sus armas de cargo y disparó a diestra y siniestra, sembrado terror entre los asistentes.

Y durante la tarde ya era un bólido en su auto.

Los investigadores afirmaron que por la serie de hechos en que participó el día de su muerte, estaba difícil ubicar a un posible sospechoso del ataque, pues había muchos dolidos por su actitud.

Y por cuestiones de trabajo, el caso también era una maraña.

Ellos reconocieron que cuando fue coordinador de sindicaturas no fue la mejor época de la policía municipal de Ahome, sino una de las más cuestionadas y cínicas de que se tenga memoria, y que como saldo ejemplar consta la sentencia condenatoria de tres policías por desaparición forzada de un joven profesionista en Constancia, cuyo cadáver aún no es localizado, así como la fuga de otra tercia de gendarmes por otro caso de desaparición forzada de una pareja y un primo de éstos, cuyos cuerpos fueron exhumados de una fosa clandestina.

Peor aún, a los mandos a los que perteneció se les acusó de desaparecer a civiles, pero los gobiernos locales jamás los imputaron. Lastimosamente, el gobierno de Mario López Valdez se mofó de los acusadores y se volvió comparsa de la página más negra y sangrienta de la policía municipal.

Así, el homicidio del Sierra está envuelto en una tela de misterio.

Y no hay mucha tela de donde cortar para esclarecerlo.

Los compañeros de su generación que fueron parte del séquito de protegidos o con mando en la policía, optaron por tramitar el retiro anticipado cuando se percataron que ya habían perdido fuerza y que estaban a merced de los grupos de la delincuencia organizada que combatieron y persiguieron extraterritorialmente.

Hasta ahora, la Vicefiscalía General de Justicia del Estado en la Zona Norte ha puesto un muro de silencio en torno al caso. Ningún funcionario atina a dar la cara, y a lo más a que han llegado es a ocultarse en sus oficinas.

Juan Francisco Fierro Gaxiola, director de la Policía y Tránsito en Ahome, aceptó que la muerte de Juan Carlos es un misterio que corresponde aclarar a la Vicefiscalía Regional de Justicia del Estado de Sinaloa, aunque ellos, como patrones, están obligados a aportar la información que se tenga al respecto.

Recordó que al momento del deceso, el policía no estaba asignado a ningún mando y tenía responsabilidades propias de agente de punto.

Aceptó que el día de los hechos recibió varias quejas del comportamiento del policía, pero no fue localizado para aplicarle una medida disciplinaria.

Supieron de su paradero cuando se reportó la balacera en que murió.

Artículo publicado el 17 de febrero de 2019 en la edición 838 del semanario Ríodoce.

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