Octavio Paz y los lugares con genio

En estos días de fiesta he tenido oportunidad de encontrarme con amigos que había dejado de ver en el año y recuperar libros que se van acumulando sin leerlos. Uno de ellos que gocé mucho fue el último de Fernando Savater: Los lugares con genio, los escritores y sus ciudades (Penguin, 2013), una obra curiosa que tiene como antesala una serie de televisión que llevó a viajar al autor y su equipo de colaboradores “primero por libros y mapas para desplazarse luego por más de una docena de países de Europa y América”.

Se trataba de encontrar mancuernas: Londres y Virginia Woolf; Santiago de Chile y Pablo Neruda; Buenos Aires y Jorge Luis Borges; Praga y Franz Kafka; Lisboa y Fernando Pessoa; Florencia y Dante Alighieri; Edimburgo y Stevenson; Bretaña y Chateubriand, y México y Octavio Paz.

De Paz rescata al poeta, el ensayista, el visionario y el hombre tierno metido en una coraza muchas veces dura, que provocó que hubiera una relación de amor odio, pazistas que anti-Paz virulentos. Recuerdo un recital de Paz a mediados de los años setenta celebrado en el auditorio de la Facultad de Ciencias de la UNAM. Aquella mañana ante un lugar abarrotado se hizo presente un anti que desde un rincón gritaba: ¡Quereeeemos rock! Paz siguió su lectura hasta que se extinguió esa voz provocadora.

La lectura del viaje por la vida de Paz la hace el autor de la mano de Juan Villoro que se revela pacista. Recupera de él esa pasión por la polémica inteligente. Así rescata la visión que Paz tuvo sobre la ciudad y la poesía. De la primera dirá: “Voy por tu cuerpo como por el mundo, tu vientre es una plaza soleada, tus pechos dos iglesias donde oficia la sangre sus misterios paralelos”, mientras de la poesía dirá enfático: “…es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de salvar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo, crea otro. Pan de elegidos, alimento maldito…”

De su paso por el Excelsior de Julio Scherer donde Paz despliega su talento ensayístico literario a través de la revista Plural: “Estoy en donde estuve, voy detrás del murmullo, pasos detrás de mí, oídos con los ojos, el murmullo es mental, yo soy mis pasos, oigo las voces que yo pienso, las voces que me piensan al pensarlas, soy la sombra que arroja mis palabras”.

O esta otra, producto de su paso por el frente de guerra en Valencia durante la guerra civil española: “Los otros todos que nosotros somos… El enemigo puede matarme, pero es hombre como yo”.

Sin embargo, el compromiso de Paz con la defensa de la libertad: “El siglo XX ha sido un siglo de grandes creaciones literarias y de un osado pensamiento filosófico y científico, pero también ha sido el de las grandes persecuciones intelectuales y artísticas, sobre todo por los dos grandes, intolerantes y crueles totalitarismos. La segunda guerra acabo con el nazismo. La revolución pacífica de los pueblos de la Unión Soviética y de la Europa Central ha derribado la pirámide burocrática comunista”.

Su crítica al poder fue una constante en su travesía intelectual. Fue un hombre libre y esa actitud frente a la vida lo pone en un lugar en la literatura universal. Aquella que está por encima de las modas, el tiempo.

Finalmente, está el hombre tierno en el lecho de la muerte, un hombre abatido por el cáncer y Savater nos lo dice: “tuve el triste privilegio de visitar a Octavio Paz poco antes de su muerte en 1998 aquí en está casa”. Recupera una escena “…al verme me lanzó una sonrisa con el afecto y complicidad que habíamos tenido durante años. Yo no sabía qué decir, era tal la emoción que me embargaba. Entonces, Marie Jo tuvo un gesto maravilloso y le pasó la mano por el cabello mientras decía con ternura; “Mira que pelo más bonito tiene todavía”. “Esa caricia me desgarró, pero también me llenó de vida. Fue la última vez que lo vi”.

Savater termina este ensayo recuperando el epitafio que escribió Paz para Ptolomeo, el astrónomo renacentista, que aplica perfectamente en el autor de Tiempo Nublado: “Soy hombre, duro poco, y es enorme la noche. Pero miro hacia arriba, las estrellas escriben, sin entender, comprendo. También soy escritura, y en este mismo instante, alguien me deletrea”.

¡Feliz año 2019!

Artículo de opinión publicado el 30 de diciembre de 2018 en la edición 831 del semanario Ríodoce.

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