Llega al cine película sobre robo al Museo Nacional de Antropología

La navidad de 1985, Carlos Perches Treviño y Ramón Sardina García, dos estudiantes de veterinaria, robaron el Museo Nacional de Antropología. Por meses idearon la forma en la que harían el atraco y visitaron en varias ocasiones el recinto para planear el hurto, que se consideró como el “robo del siglo”. Por casi cuatro años, las 140 piezas estuvieron guardadas en el closet de Carlos, en Satélite, hasta que el 10 de junio de 1989 detuvieron a éste y seis personas. Ramón se dio a la fuga y no se supo más de él. La esencia de ese suceso está en Museo (México/2018), la cinta más reciente de Alonso Ruizpalacios, en la que también participa en el guion junto a Manuel Alcalá.

Desde Güeros (2014), su primer largometraje, el director llamó la atención con su estilo, que reafirma en esta cinta en la que vuelve a centrarse en los jóvenes como protagonistas de la historia, quienes en una y otra se mueven despreocupados en la irresponsabilidad, sin un rumbo fijo a dónde dirigir sus vidas, por lo que les es más fácil hacer y deshacer sin remordimientos.

En Museo, Juan (Gael García Bernal) y Benjamín (Leonardo Ortizgris) son dos amigos que planean el robo a un museo, solo por hacer algo. Eligen la noche de navidad para ir por las piezas, y salen invictos, para luego buscar un comprador que les dé una buena suma de dinero. La noticia corre como pólvora, lo que ocasiona que se complique la venta y obliga a los ladrones a tomar una decisión extrema.

Un aspecto importante en la película es la relación entre Juan y Benjamín: una codependiente amistad en la que el primero funciona como el egocéntrico, posesivo, impulsivo e inadaptado, que se impone ante el segundo, quien es más contenido, retraído, dejado y callado. Desde niños se unieron ante las burlas de los compañeros de la escuela, que los veían como los raros. A Juan por irreverente y a Benjamín porque lo creían con una discapacidad.

Las actuaciones de los protagonistas son excelentes. Por separado, tanto García Bernal como Ortizgris tienen sus buenos momentos en los que de manera creíble interpretan a los ladrones. Su destreza está en las características de personalidad de cada uno, que embonan a la perfección, por lo que, al aparecer juntos en pantalla, funcionan muy bien: se entienden, incluso, solo con la mirada; y lo mismo provocan la risa que la reflexión.

La cinta se luce con buenos momentos, pero sin duda la mejor secuencia es la relacionada con el robo, en la que Juan y Benjamín se mueven como peces en el agua por varias horas para tomar las piezas, salen del museo sin inconvenientes y huyen sin que nadie lo note. Las escenas en la casa de Juan tanto antes, durante y después de la cena de nochebuena registran muy bien la dinámica familiar típica de esas celebraciones.

La cinta, que ganó el Oso de Plata a Mejor guion en el Festival Internacional de Cine de Berlín, destaca también en su diseño de producción, con lo que recrea el México de 1985 de manera muy precisa, y la música a cargo de Tomás Barreiro es otro deleite que acompaña muy bien a las imágenes. No se la pierda… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Artículo publicado el 4 de noviembre de 2018 en la edición 823 del semanario Ríodoce.

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