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Al ladrón, al ladrón

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Cuando Animal Político publicó el reportaje Las empresas fantasma de Veracruz, en mayo de 2016, el gobernador Javier Duarte cargaba encima la pesada losa de la corrupción que de boca en boca, de negocio en negocio, se iba pasando en Veracruz. Duarte era gobernador de un estado electoralmente clave en las elecciones federales por el número de habitantes, por el tamaño de su presupuesto, además. Lo que hicieron en Animal Político es darle orden al desastre que traía Duarte en Veracruz.

Daniel Moreno, el director del portal, cuenta que la investigación se basó en documentos que estaban abiertos por obligaciones de las leyes de transparencia y acceso a la información. La investigación de campo consistió básicamente en corroborar lo que los documentos ya decían.

Javier Duarte, un abogado treintañero con una carrera meteórica, llegó a la cúspide la carrera política en México con menos de cuarenta años.

El reportaje de Animal Político acreditó que se desaparecieron 645 millones 693 mil pesos entre los años 2012 y 2013, siempre con el mismo procedimiento: se crearon nuevas empresas a las que se les asignó domicilio fiscal y se registró como proveedoras del gobierno, igual vendían “pañales” que “cemento”, pero siempre se aseguraban de que “se les otorguen contratos, vía adjudicaciones directas o  licitaciones cerradas”. Solo que la compra era fingida, y nunca hay constancia de que se entreguen los productos de la compra. “Después de obtener el dinero, la empresa cierra”, dice el reportaje.

Los reporteros participantes en la investigación ahora saben que se quedaron cortos en la investigación, pero eso es lo que en el momento era posible acreditar. Incluso, se dio toda una controversia porque uno de los participantes en la investigación decidió retirar su firma del trabajo, por amenazas de funcionarios, aunque en ese momento solo podía desacreditarla.

Daniel Moreno y el equipo de investigación de Animal Político llegaron a una certeza que platica Moreno en todos los foros: los gobernadores recurrieron a prácticas similares en todo el país para desviar recursos. Explicado de manera simple, crearon empresas fantasmas o recurrieron a empresas de amigos para adjudicarse las obras de un monto importante, en otros casos de manera sistemática eran esas mismas empresas las que obtenían la mayoría de los contratos. Dicho de otro modo, los gobernadores se apropiaron de los recursos públicos con engaños.

Cuando Javier Duarte salió del edificio de Guatemala donde le dieron lectura a los cargos de los que se le acusa, un grupo de otros detenidos le empezó a gritar. No deja de ser llamativo que otros imputados por delitos le griten a un par: ladrón, ratero, eres un hijo de puta. Si Duarte es un ladrón para los ladrones, algo debe haber todavía de conciencia en los ladrones. Es posible robar, siempre y cuando los robos no sean como los que hizo Duarte.

 

Margen de error

(Gobernadores) Con los gobernadores detenidos —Duarte, Padrés, Yarrington— con otros muchos señalados y con investigaciones a cuestas, y sumándole los sistemas nacional y estatal anticorrupción que se están construyendo, la pregunta más importante del fin de la segunda década del segundo milenio es: ¿de qué servirá todo esto para vigilar la corrupción rampante en un país endémicamente corrupto?

Los gobernadores actualmente en funciones seguramente se encuentran protegiéndose de cualquier eventualidad que pudiera relacionarlos con casos de corrupción. Eso no quiere decir que decidan no inmiscuirse en casos de corrupción, sino que se cuidarán de que no sean detectados.

Hasta ahora todos los gobernadores que acaban de terminar sus cargos: Borge, los Duarte, Malova, Padrés, Medina…siguieron los mismos esquemas para burlar los esquemas de protección de los recursos públicos, que han demostrado ser endebles y facilones.

El principal margen de error en el sistema actual —previo a la implementación del Sistema Anticorrupción— es que pese a las claras muestras de corrupción de gobiernos en funciones, nadie detectó nada mientras los mandatarios se encontraban en sus cargos, sino a posteriori: ni la Auditoría Superior de la Federación, ni la Estatal, ni los legisladores, ni los empresarios que eran afectados…nadie denunció a tiempo de manera contundente para iniciar una investigación.

Deatrasalante

(Cultura) Tomás Yarrington —hoy a un paso de ser extraditado a Estados Unidos— inició su gobierno en Tamaulipas a la par de Juan Millán en Sinaloa, 1999-2004. En la cúspide del poder Yarrington visitó Culiacán, resaltó su política cultural con el Festival Internacional Tamaulipas, vigente aun, y lo comparaba con el resurgimiento en Sinaloa del Festival Cultural Sinaloa, que el predecesor Renato Vega había extinguido después de los tiempos de gloria y mucho presupuesto con Francisco Labastida.

En resumen, era la cultura como política para el combate a la violencia en dos estados particularmente azotados por la delincuencia organizada y el narcotráfico.

Yarrington y Millán eran viejos conocidos, habían coincidido en el Congreso de la Unión, ambos como diputados federales, en la LV legislatura en 1991. El tamaulipeco abandonaría la cámara para ser Alcalde de Matamoros y Millán tampoco concluiría porque se trepó a la antesala de la ansiada gubernatura, ganando el Senado en 1994.

Para el fin de siglo, ambos eran gobernadores. De aquel grupo que le tocó no tener Presidente del PRI, lo que les dio el margen para imponer sucesores (PUNTO)

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