abril 20, 2021 10:28 AM

Te amo, cuida a mis princesas, la quincena está depositada: soldado Cristian

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Las últimas palabras del cabo Cristian, uno de los cinco militares asesinados en la emboscada del 30 de septiembre en Culiacán, fueron: Te amo, cuida a mis princesas, la quincena está depositada.

Milenio entrevistó a familiares de dos de los soldados asesinados por el comando armado que rescató  a Julio Óscar Ortiz alías El Kevin, a quien militares, entre ellos Cristian, auxiliaron en la sierra de Badiraguato, horas antes.

La publicación menciona que la esposa de Cristian, el soldado de 26 años que le salvó la vida a El Kevin, antes de que fuera trasladado en ambulancia de Badiraguato a Culiacán, describió al joven como solidario, de carácter fuerte, y siempre dispuesto a ayudar.

La última conversación que tuvo con él fue el 24 de septiembre, antes de “subiera a una misión”. Le dijo “Te amo, cuida a mis princesas, la quincena está depositada”.

Cristian dejó a una hija de 3 y 6 años de edad, a quienes les decía que sus misiones eran “cazar dinosaurios”.

A ella le avisaron que su esposo había salido herido en la emboscada,  pero al llegar supo la verdad y tuvo que ir a la morgue a identificar el cuerpo.

“Llegué y de los cuerpos que estaba ahí, lo primero que identifiqué fueron sus pies, estaba enamorada de sus pies, eran feos, pero así los quería. Mi mundo se derrumbó, como si él se lo hubiera llevado todo”.

Mencionó que el joven soldado era originario de Mazatlán, y antes de ingresar a la milicia, trabajó como plomero, albañil y hasta vendió tacos.

“Nosotros sufrimos muchas carencias, cuando tuvimos a la primera niña decidió entrar al Ejército para darnos una mejor vida”.

La mujer dijo al medio que su esposo tenía instrucción escolar básica, y que al regresar de la misión en la que murió, iba a decidir si tramitaba su baja o bien pedía trabajar en el consultorio militar de planta, pues anhelaba aprender más de medicina.

El texto incluye también una entrevista a la esposa del cabo Miguel, de 46 años, quien también murió en la emboscada, y tenía la mitad de su vida en el Ejército.

“Ya había estado en varios enfrentamientos, siempre había corrido con suerte, pero ahora no fue así. Él siempre me dijo que tenía que estar preparada para todo, si regresaba bien, sino con sangre fría tendría que defenderlo”.

Miguel era originario de Gutiérrez Zamora, Veracruz, y dejó a dos hijos de 14 y 16 años, y pensaba retirarse el próximo año.

“Respetaba mucho su trabajo y siempre estuve orgullosa de él. A veces le recriminaba que no estuviera con sus hijos, pero sabía cuál era su trabajo”.

Ella habló por última vez con su esposo el 29 de septiembre, un día antes del ataque.

“Hablamos de cómo estaba, nuestros planes, sus ilusiones”.

Pensaban abrir un negocio familiar, tal vez un taller mecánico, la misma tarea a la que se dedicaba antes de ingresar al Ejército.

En sus ratos en familia, uno de sus hijos le tocaba la guitarra y el otro el teclado.

“Le gustaba escucharlos, luego salíamos a caminar”, rememora.

 

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