abril 19, 2021 8:54 AM

Pepe Lichter

 
lichter 2011
 
 
Nos dice Stefan Zweif que los peores años de la posguerra (Primera Guerra Mundial) fueron 1919, 1920 y 1921. Tras el cataclismo de la guerra, en el extranjero el odio a los alemanes y a todo aquel que escribiera alemán, más la depreciación de la moneda, hacían un cuadro que invita a abandonar Europa. Así fue como un joven judío polaco José Abraham Lichter abandonó su patria, invadida  a veces por los alemanes y otras por los rusos. Se instala en México y en Navojoa, Sonora, nace su hijo José Abraham Lichter Salido, el 19 de marzo de 1929.
 
En 1937, el gobierno del general Lázaro Cárdenas acoge en México a cerca de 400 niños españoles que llegaron a Veracruz desde Burdeos en el buque Mexique, primera avanzada del exilio español y que serían conocidos como ”los niños de Morelia”, por ser en la capital michoacana en donde finalmente se asentaron. Uno de esos niños era Julio Berdegué Aznar, quien después sería un próspero empresario hotelero en Mazatlán, Sinaloa.
 
Fue la campaña presidencial de Andrés Manuel  López Obrador en el 2006, la que hizo que estos dos empresarios exitosos, Pepe Lichter  en la horticultura y Julio Berdegué en la industria hotelera, compartieran los mismos propósitos y apoyaran un proyecto político.
 
En una ocasión el gobernador  de Sinaloa, Leopoldo Sánchez Celis, le preguntó a Pepe Lichter: ¿Por qué les das crédito a los de la UGOCM, de Joaquín Salgado? Pepe Lichter le contestó: porque esos sí pagan.
 
Una vez hecho el reparto agrario en el 58 y 59 del  siglo pasado en el municipio de Angostura, Sinaloa, que dio origen a varios ejidos en la margen izquierda del Río Évora, Joaquín Salgado empezó a buscar el crédito agrícola y en ese andar se encuentra  con un funcionario bancario que se lo facilitó, ese fue Pepe Lichter. La amistad entre ellos perduró por siempre, y creo que fue  Joaquín Salgado quien convence a Lichter de apoyar a López Obrador. En sus últimos años, Joaquín Salgado vivía en el DF y siempre que venía a Culiacán, buscaba a Lichter para platicar y tomarse un café en el Sanborns. Lichter era un gran conversador y muy  informado. Quería saber todo y de todo.
 
Fue funcionario en el gobierno de Alfredo Valdez Montoya (1969-1975), ocupando el cargo de Director de Prensa y Relaciones Públicas del Gobierno del Estado. Las relaciones con la Universidad Autónoma de Sinaloa no fueron buenas en ese sexenio. El movimiento estudiantil tuvo su auge y varios de sus dirigentes fueron a dar a la cárcel. Pero hubo un funcionario de Alfredo Valdez Montoya que los apoyaba con alimentos, ese fue Pepe Lichter. Uno de sus dirigentes estudiantiles de aquellos años, Camilo Valenzuela, al saber de la muerte de Lichter, se expresó de la siguiente manera: ¡Un tipazo… pocos de su clase han sido de tanta clase…!  También  Feliciano Castro Melendrez, preso político de aquellos años, mantuvo una excelente relación con Lichter.
 
Viajamos al municipio de El Fuerte, Sinaloa, en el 2006,  para estar presentes en el primer acto de campaña presidencial de López Obrador en Sinaloa, el doctor Jaime Cárdenas Gracia, Martín Mendoza, Lichter y yo, en  el mismo carro. De repente Lichter empezó a contar y a sacar cuentas y en voz alta decía cinco millones, seguía sacando cuentas y decía siete millones, hasta que le pregunté: ¿Qué estás contando Lichter?, y me dijo: estoy calculando las inversiones en invernaderos que tienen estos agricultores. Lichter era una  máquina para hacer negocios, había emprendido 127 negocios a lo largo de su vida. Pero eso sí, me dijo una vez: con uno que le pegues es suficiente.
En una ocasión, en la Ciudad de México, tardó mucho en bajar al lobby del hotel, y cuando bajó le pregunté porque había tardado tanto. Me dijo que estaba midiendo el ancho y lo largo del cuarto y el baño del hotel, porque traía el proyecto de construir un hotel en un terreno que tenía por la avenida Buelna, aquí en Culiacán. Siempre traía cuatro o cinco negocios en mente.
Dice Roberto Soltero que los  negocios los traía en la sangre. Vendió pañuelos, mancuernillas, cintos, en su juventud en la Ciudad de México. No le gustaba andar con los bolsillos del pantalón sin dinero.
Le gustaba leer y preguntar. Era un apasionado del cine, en algunas ocasiones comentamos  la película El Tren de Lenin, que trata el trayecto que recorrió Lenin de Suiza a Rusia para incorporarse a la revolución. Había visto la serie sobre Roma, la de los Tudor. Se sabía la vida de Napoleón y la de Martín Lutero.
Leía libros, revistas y periódicos. Fue accionista del  Periódico El Debate y Noroeste, era un hombre muy inquieto, un gran emprendedor, un gran empresario, pero también un hombre comprometido con las causas sociales, le fascinaba la política y la información. Apoyó a Andrés Manuel López Obrador en el 2006 y el 2012.
Descanse en paz, Pepe Lichter.
 
E-mail: [email protected]
Twitter: @riosrojo
 
 
 
 
 
 

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