No tiene madre

 

La protesta de trabajadores de 24 hospitales y 6 centros de salud del estado, por conseguir una base laboral, mejores salarios y condiciones de trabajo dignas, en lugar de llamar a negociar y encontrar una solución a este problema, que es una bomba de tiempo, lo mejor que se le ocurre a Alfredo Román Messina, secretario de Salud, fue levantarles a los inconformes una acta administrativa bajo un argumento pueril que en sentido estricto vale más para la autoridad por su alta responsabilidad, cuando señala que la protesta “impide que quien tiene derecho a recibir una consulta no la reciba” pues, no solo se trata que la reciba, sino que salga del consultorio con la solución a sus males.

Y vale para la autoridad porque una de las principales quejas de los activistas de la salud son las condiciones precarias en que realizan su trabajo profesional. No se cuenta frecuentemente con los insumos mínimos para atender a una población crecientemente enferma. Por ejemplo, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud de 2013, “la prevalencia de Diabetes tipo 2, se incrementó en comparación a la de 2006 (7 por ciento). La prevalencia de Hipertensión arterial (HTA) en personas de 20 años y más fue de 16.9 por ciento, la cual aumento en 13.4 por ciento respecto a la encuesta nacional de 2006 (14.9 por ciento)”. Así mismo, señalan que “la prevalencia de Sobrepeso y Obesidad en Sinaloa fue de 68.9 por ciento en adultos hombres y 70.6 por ciento en mujeres”, que es la principal semilla de enfermedades degenerativas que están llevando a los panteones a miles de sinaloenses.

Los presupuestos son insuficientes. La gente está irritada, molesta, con la indiferencia e impotencia de los funcionarios públicos que en el mejor de los casos aplican lo presupuestado cuando no son destinados a fines abiertamente corruptos, como sucedió en la pasada administración cuando literalmente se robaron el dinero y por eso está hoy sujeto a investigación por las auditorías estatal y federal.

Las autoridades ante esto dejan que protesten los inconformes hasta que se cansen, al fin y al cabo es lo que hay, y si no les gusta, les dicen que pueden renunciar y buscar mejor destino. Y la misma dosis se aplica a los pacientes, que si no les gusta la atención en los servicios públicos, vayan a la medicina privada para atender sus males.

La salud debería ser una prioridad de todo gobierno tanto en la prevención como en la prestación de servicios. Las pancartas de la protesta no dejan duda alguna del lugar que ocupa en los presupuestos cuando exhiben los salarios que no superan los tres salarios mínimos mensuales.

Sí, claro, estamos hablando de médicos generales y especialistas, enfermeras, administrativos, que reciben pagos precarios y tienen una gran responsabilidad con los pacientes que vemos hacen largas colas en los servicios de salud.

Por ejemplo, médicos especialistas que solo perciben 3 mil 750; Odontólogos, 3 mil 128; químicos, 2 mil;  enfermeras, 2 mil 500 y los trabajadores administrativos, 2 mil 500 pesos, que mensuales o quincenales son miserables.

¿Quién subsiste con mínimos de dignidad con ese ingreso? ¿Con qué ánimo trabaja quien recibe ese pago por su profesión?, que en términos de ingreso está igual o por debajo del pago para los trabajos de quienes “no estudiaron”.

Entonces, las protestas en todo el estado son legítimas y reclaman una rápida atención con un adecuado manejo de los escasos recursos.

Ciertamente los problemas de salud pública son crecientes y no hay presupuesto público que sea suficiente para una óptima atención, pero de eso a dejar que el problema se agrave con medidas como las que ha adoptado la autoridad que levanta actas por abandono de trabajo y por supuesto con los descuentos en sus ingresos por dejar de “atender consulta”, al denunciar las condiciones en que desarrollan sus trabajos profesionales, es echar gasolina al fuego.

Finalmente, ante esta situación de precariedad en estos y otros servicios públicos, no pueden omitirse las diferencias salariales existentes entre quienes se han preparado en una Universidad y los ingresos de los cargos directivos o de quienes dedicados a la “grilla” tienen la fortuna de alcanzar una posición política, como son los casos de diputados y regidores que llegan a tener ingresos y estímulos 50 o 70 veces más que un médico especialista en el sistema de salud público. Por eso y más, ¡no tiene madre!, que se les castigue por su protesta a médicos y enfermeras.

 

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