Se cumplen siete años sin nuestro compañero Javier Arturo Valdez Cárdenas, fundador de Ríodoce, asesinado muy cerca de nuestras oficinas el 15 de mayo de 2017. Ha sido un trajinar intenso desde entonces para los que integramos este pequeño barco de papel. Nos planteamos, desde que su cuerpo todavía no era levantado del asfalto, luchar por la justicia, que el crimen se esclareciera y se castigara a los culpables.
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Y en eso hemos estado todos estos años, logrando sentencias condenatorias para dos de los autores materiales, Heriberto Picos, el Koala y Juan Francisco Picos, el Quillo (un tercer participante fue asesinado ese mismo año, en Sonora), y reclamando la extradición del autor intelectual, Dámaso López Serrano, para que sea juzgado en México por este crimen.
En 2020, como cada mayo desde su muerte, llevamos a cabo eventos en memoria de Javier, uno de ellos la presentación de una edición conmemorativa de Ríodoce, en la que ofrecemos a los lectores el perfil más completo que se haya elaborado de periodista alguno en México.
Para esta edición de Ríodoce, séptimo aniversario de su muerte, decidimos recoger algunos de los textos publicados hace dos años en ese libro, todos agrupados en un segmento que titulamos “Las voces de casa”; son entregas de quienes fueron sus compañeros más cercanos. Luis Fernando Nájera, nuestro corresponsal en el norte de Sinaloa, narra el día que lo retó a navegar en Ríodoce y cuando todos enmudecieron en su casa al enterarse de su muerte; Cayetano Osuna, también fundador, nos cuenta el día y porqué le cambió de nombre por Gregorio Samsa, ese mítico personaje kafkiano; Nidia Castro nos comparte la mañana, en la redacción de Noroeste, cuando le preguntó a bocajarro ¿cogiste anoche? Y a partir de lo cual se hicieron grandes amigos; Raúl Torres le pregunta en medio del vértigo ¿cómo decirte que nos siguen matando? Anabel nos describe el caos que significaron las llamadas y mensajes que llegaban con insistencia ese mediodía trágico mientras pensaba que se trataba de una broma. Roxana Vivanco narra las noches en que juntos “patrullaban” la ciudad, mientras exprimían a Real de Catorce y vaciaban ambarinas…
Todos los textos forman un cuerpo inconfundible, la presencia indeleble de un periodista que sabía que estaba reporteando en el infierno, pero que nunca perdió la esperanza de que las cosas podían cambiar en este México que, por desgracia, terminó convirtiéndolo en un mártir.
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Artículo publicado el 12 de mayo de 2024 en la edición 1111 del semanario Ríodoce.






