“Zurdos de mierda” es una frase que esgrime a cada rato el empresario Ricardo Salinas Pliego. Lo disfruta cada vez que la dice; casi canta la expresión. En una hora —si lo entrevistan o en una charla que comparte en todo el país por la magia del streaming— puede decirla cinco o seis veces porque busca el impacto en las emociones de quienes lo escuchan. Es una técnica muy vieja del discurso de la ultraderecha mundial que ahora se explota con más facilidad por el alcance de las nuevas tecnologías de la comunicación masiva, las redes sociales y plataformas de todo tipo. Difundir mentiras y viralizarlas, su carta favorita. Acuñar frases breves también. Esta la acuñó Milei, el de la motosierra en mano.
A falta de figuras como las tuvieron en el pasado, la derecha mexicana está buscando a alguien que la salve del desastre que le produjo haberse acercado a un partido en plena decadencia, el PRI. Y entonces surge Salinas Pliego que viene a decirnos a los mexicanos que no tenemos por qué luchar contra la desigualdad porque el mundo es desigual; cómo vamos a pensar que mis hijos y sus hijos y los hijos del albañil pueden ser iguales. El mundo es así y hay que aceptarlo como es, desigual. Y que vayan al diablo los niños pobres, quién les manda ser hijos de un matrimonio disfuncional, no como el de él.
Está enojado con los “zurdos de mierda” —que ni tan zurdos son— porque le cobraron los impuestos que se había negado a pagar durante casi dos décadas. Ya negociado con Hacienda los recargos, 32 mil millones de pesos. ¿Cuántos hospitales se pueden hacer? ¿Cuántas casas? ¿Cuántas escuelas? ¿Cuántos parques? Solo para darnos una idea, el hospital de especialidades que se está construyendo en Culiacán, costará 2 mil 600 millones de pesos.
Llama a los gobernantes de Morena zurdos de mierda porque estaba feliz con los gobiernos del PRIAN. Con ellos tuvo todos los privilegios que buscó. Fue parte de “la mafia del poder” que AMLO fustigó construyendo una narrativa que también apelaba a las emociones, aunque haya terminado amafiado con él y con otros. En junio de 1999 se peleó con el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas porque asesinaron a Paco Stanley en Ciudad de México y llamó a no pagar impuestos porque no había seguridad en la ciudad. Se tuvo que callar cuando se filtraron los posibles móviles del crimen, el conductor muy ligado a los narcos de Sinaloa.
Bajo los gobiernos de Calderón y de Peña Nieto, Salinas Pliego presumía su perfil filantrópico, muy preocupado el señor porque la cultura llegara a los pinches pueblos descalzonados. Creó una fundación y a través de ella sacó dinero de gobiernos estatales, de municipios, de las cámaras legislativas y hasta de la secretaría de Hacienda, todo ello basado en el poder que le daba TV Azteca. Muy pocos gobiernos y políticos le dirían que no a un medio tan poderoso.
Una excelente investigación de Quinto Elemento Lab, reveló que, de 2008 a 2018 Fundación Azteca obtuvo 1 mil 700 millones de pesos de entidades públicas. El reportaje de Carmen García Bermejo, premiado en foros internacionales, demostró que en realidad, Salinas Pliego era un falso filántropo y que el florecimiento de las Orquestas y Coros Infantiles Esperanza Azteca fueron “de la mano de la cancelación de festivales de teatro, música, danza y cine, la desaparición de orquestas sinfónicas, la difícil sobrevivencia de la mejor escuela de cine de México y la reducción a la mitad del presupuesto de la red de librerías públicas en todo el país, entre otros fenómenos”. Es decir, un vividor del erario a costa de los presupuestos para la cultura en todo el país.
Ese es el mesías de la ultraderecha al que una oposición extraviada y gritona, sin programas ni personalidades, sin ideología —porque la derecha no tiene ideología sino intereses, decía Octavio Paz—, sin proyecto de país, está apelando, esperanzada a que en México surja un Milei como en Argentina, un Bolsonaro como en Brasil o un Orbán como en Hungría. O un Trump como en los Estados Unidos, al que los acólitos y monaguillos de Salinas Pliego imploran que mande tropas a México para acabar con el crimen. O que dispare desde sus drones como lo ha hecho para destruir lanchas y asesinar a sus tripulantes en el Pacífico o en el Caribe bajo el pretexto de que trasladan drogas hacia los Estados Unidos.
Bola y cadena
APENAS EL VIERNES PASADO un disparo de dron acabó con la vida de un cabecilla del cártel Tren de Aragua en Venezuela. ¿Y qué dijo el gobierno títere? Que ellos habían colaborado con el gobierno de los Estados Unidos en la operación, pero que este no había enviado tropas por tierra. Uf, que alivio. Y puede ser casualidad, pero mientras esto sucedía, en la embajada de EU en México estaban reunidos el secretario de Relaciones exteriores, Roberto Velazco y una delegación mexicana con el embajador Ronald Johnson y funcionarios gringos de alto nivel. Quien sabe y hasta pudieron ver en vivo la operación en Venezuela como para que alguien se entuma. ¿Por qué hicieron la reunión en la embajada?
Sentido contrario
DESPUÉS DE LA REUNIÓN QUE los líderes yoremes sostuvieron con una delegación del gobierno federal encabezados por Alicia Bárcena, titular de Semarnat, estos decidieron mantener el bloqueo a la planta de amoniaco y no ceder. Fue un encuentro sin sustancia. Allanar un camino construido torciendo leyes y corrompiendo tribunales, no será nada sencillo. Tiene doce años el conflicto y puede completar otro tanto.
Humo negro
EL MÁS RECIENTE EPISODIO violento ocurrido en Escuinapa es desesperanzador. A una niña le pica un alacrán, la llevan en la madrugada al hospital y en trayecto los confunden. Un comando les dispara cuando viajaban en una motocicleta y aparte los rematan. Una muestra de bestialidad que no encuentra límites. Como tampoco la impunidad y la ineficacia de un gobierno cómplice y, por ello, igualmente criminal.
Artículo publicado el 14 de junio de 2026 en la edición 1220 del semanario Ríodoce.






