El crimen organizado desarrolla múltiples actividades ilegales que implican a decenas de miles de personas y a miles de millones de dólares. Ya superó la etapa artesanal, ahora es una industria global.
Esa industria no puede funcionar solo mediante la corrupción de unos cuantos policías, como antes. Ahora necesita gobernar los territorios: controlar cuerpos policiacos, fiscalías, jueces y penales para mantener la impunidad y el combate de los grupos competidores.
Además, la tesorería gubernamental, los puestos públicos y los recursos para adquisiciones y obras públicas son una fuente de ingresos que sirven, entre otras cosas, para mantener los costosos ejércitos armados de la delincuencia.
El modelo de negocios del crimen organizado necesita controlar el gobierno. Se debilitaría si no logra llevar a personas coludidas con él a las presidencias municipales y a la gubernatura.
Su necesidad de control de espacios de poder lo comprueba su reciente intervención en la elección de síndicos y de dirigencia del sindicato del ayuntamiento de Culiacán. No es esperable que algún grupo renuncie a tener fuerza política, máxime que el riesgo es que sus competidores la obtengan.
Por su parte, Morena difícilmente puede prescindir de su fusión con el poder criminal.
Morena refrenda su apoyo electoral mediante campañas larguísimas que no respetan los tiempos legales. Falta un año para la elección local y los aspirantes de ese partido tienen meses haciendo proselitismo, gastando en eventos, acarreo, pintas, impresos, entrevistas, etc.
Morena refrenda su relación de clientelismo con el elector; el intercambio de regalos por lealtad; gastando en despensas, efectivo, etc.
Morena gasta en un cuerpo amplio de operadores electorales que visitan constantemente a los beneficiarios de programas, además de los siervos de la nación.
Ese aparato electoral morenista; largas campañas, clientelismo y operadores; es sumamente costoso. El financiamiento legal no le es suficiente. Le es imprescindible recurrir al financiamiento ilegal y, para ello, aliarse con el crimen organizado es importante.
Otra razón para que Morena no prescinda de su fusión con el crimen organizado es su decisión de no confrontarse con él. En todos los municipios instaló una cohabitación con el grupo criminal dominante. En ninguno decidió competir, la estrategia fue: “abrazos”. Ni en el plano de la prevención del delito ni en el de la seguridad pública. No quieren pagar el costo de competir con el narco.
Esa cohabitación ocasiona otro factor para mantener la fusión: ya le deben mucho al crimen organizado, que difícilmente se da por pagado. Ya tienen demasiados negocios comunes. Además, esa larga colaboración deja rastros, huellas y evidencias. Romper puede significar encono, descomponer empresas conjuntas y delación.
Otra razón que les impide romper es que en Morena, con distintos tipos de involucramiento, todos los que ocupan un puesto de elección popular o de alto nivel en el gobierno son beneficiarios de la intervención del crimen organizado en las elecciones de 2021 y 2024. Toda la élite tiene facturas con el narco.
No hay cuadros importantes totalmente limpios. La sociedad con la ilegalidad y la corrupción gubernamental le renovó todos los aspirantes que llevan meses gastando dinero ilegal. Romper el pacto criminal necesitaría de una nueva clase política morenista sin vínculos ni deudas directas o indirectas.
Tampoco hay una fuerza morenista interna que esté proponiendo romper el pacto criminal. Menos ahora que la presidenta los apoya incondicionalmente. La impunidad de Rocha es un incentivo a seguir fusionados con el crimen organizado.
Morena rompió barreras morales con tal de ganar el poder. Prescindir del pacto criminal requeriría que se convierta en un partido distinto a lo que es. Con una forma distinta de obtener votos, enfrentando al crimen organizado, sin negocios comunes con los delincuentes y con una clase política limpia. Necesitarían una gran transformación y no están dispuestos a hacerla, dicen que todo son mentiras de la derecha.
Rocha no es un accidente, es su naturaleza.
Indudablemente el crimen organizado también buscará colocar candidatos en los partidos de oposición. Ya lo ha hecho en Sinaloa, en todos.
Muchos proponen abrir más las puertas opositoras al narco porque lo importante, dicen, es ganar. Para esas voces lo importante es ocupar el puesto de socio del crimen organizado, quítate tú para ponerme yo.
Para quienes lo importante es reconstruir Sinaloa sí está claro que asociarse con el narco es cancelar la posibilidad de la paz verdadera, es repetir la historia de hacer un compromiso que implica que cuando la mafia necesite matar, levantar y robar contará con la complicidad del gobierno, como hoy lo hace Morena.
Constituirse en narco oposición significa renunciar a los objetivos de empleo y seguridad porque es mantener la causa de la crisis económica y la violencia: el narco gobierno.
Ser una narco oposición es proponer una oferta electoral rechazada por los ciudadanos: más de lo mismo, más narco gobierno. Es renunciar a ser una alternativa a Morena, ser solo una variación.
Las dirigencias locales de los partidos de oposición nos deben la depuración de sus miembros vinculados con el narco, la explicación de cómo van impedir que postulen narco candidatos, y la condena explícita al crimen organizado y a la narcopolítica. Sus selfies son casi pruebas ante el Departamento de Justicia de USA.
Hasta hoy, la invitación a formar alianzas no tiene una criba imprescindible: que no entre el crimen organizado.
Derribar las barreras morales, como lo hizo Morena, permitirá que cambie el partido en el gobierno para que todo siga igual: los narcos gobernando.
Ganar es que se reconstruya Sinaloa como una sociedad pacífica y próspera.
Terrible sería que ante la boleta electoral sólo podamos elegir entre distintos tipos de veneno, entre diferentes narco candidatos.
Las luchas por la paz y la democracia no fracasan solo por los enemigos que enfrentan sino por los vicios internos que toleran.
Artículo publicado el 14 de junio de 2026 en la edición 1220 del semanario Ríodoce.






