La voz en off de Martín de la Torre (Diego Luna) dice al inicio de México 86 (México/2026), dirigida por Gabriel Ripstein: “En 1986, México estaba en crisis: desempleo, hartazgo con los políticos y un montón de problemas más, pero durante un mes de ese año, mi país fue el centro del universo”. ¡Pero si achú…! Si la película escrita por Daniel Krauze y el propio Ripstein se tratara del encuentro de futbolistas de este año, en el que se comparte la sede con Estados Unidos y Canadá, bien podría emplearse la misma frase, porque a 40 años de distancia, en varios sentidos, la situación de la nación, no es favorable.
En la historia, como contador de la Federación Mexicana de Fútbol, Martín de la Torre (Diego Luna) no tiene muchas posibilidades para estar al frente de este deporte, pero por decir las cosas de frente y como son, el mismo Emilio Azcárraga (Daniel Giménez Cacho) lo manda llamar para que dirija la FEMEXFUT, con la condición de que consiga para México la sede del mundial de 1986, de lo contrario, lo “borra del mapa”. El arrojado y visionario De la Torre, acompañado de Guillermo Cañedo (Álvaro Guerrero), uno más experto en esos menesteres, y su novia Susana (Karla Souza), viaja a Suiza para convencer a las delegaciones implicadas que den el voto al suelo azteca.
Primeramente, habría que aclarar que la cinta no está basada en la realidad, pero sí inspirada en las historias de El 86: El año en que México cambió al mundo, de Francisco Javier González. Eso significa que algunos personajes, escenas y secuencias no sucedieron tal cual y aparecen solamente con fines dramáticos. Por ejemplo, De la Torre no existió tal cual, pero se le relaciona con el recién fallecido Rafael del Castillo, quien fuera dirigente de la FMF, aunque se dice que también adopta matices de otros presidentes de la federación. Si bien, Hugo Sánchez (Memo Villegas) participó en ese mundial, según él mismo, lo que pasó en la cancha con el penalti en el partido México/Alemania, no fue así.
Palabras más palabras menos, cinematográficamente, el filme disponible en Netflix, en lo general, es entretenido, incluso para quienes no son aficionados. Indiscutiblemente, la razón principal de eso es su elenco: Giménez Cacho está muy bien como El Tigre Azcárraga, dando vida a la peculiar personalidad de aquel controversial dueño de Televisa; Guerrero hace su tarea como el experimentado en mundiales, por haber organizado México 1970; Souza consigue de manera verosímil posicionarse segura, firme y poniendo límites, como la pareja de De la Torre. No obstante, es Luna quien sostiene la historia de inicio a fin, con diferentes matices que muestran el ascenso y la caída de su astuto, sagaz, pero mentiroso y tramposo personaje.
Con un diseño de arte muy fiel a la época que retrata, un tratamiento ligero de los intereses económicos, políticos y empresariales alrededor de un evento deportivo mundial, en el que, como en otros contextos, se alcanzan niveles interesantes y significativos de corrupción —de las ganancias ni hablar. Finalmente, su tono de comedia no permite determinar hasta donde sí o no de la realización de un evento como tal, al menos, para los no devotos del balompié. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.




