Se venden tres tristes tigres para el 27

Se venden tres tristes tigres para el 27

Jesús Estrada Ferreiro es un personaje. Se ríe si le preguntan algo incómodo y regresa la pelota con maestría chabacana cuando la siente en la cara —el “váyanse por donde no hay baches” es ya un clásico—; entra a un estadio repleto y le sobran fans, no le chiflan —lo cual es ya un gran mérito para cualquier político—; se pasa los rojos en los cruceros con el desenfado de Burt Reynolds en Carrera de locos y se defiende como gato indeclinable, panza arriba y manoteando, contra acusaciones penales que lo descarrilaron de la alcaldía morenista que ostentaba y que váyase a saber en qué terminen…

Puede gozar de popularidad, pero eso no significa que no tenga cuentas por pagar. La forma en que lo defenestraron fue tan desaseada —desde el tercer piso y desde el congreso estatal—, que eso le ha servido para alargar los juicios que se le siguen al grado de poder competir electoralmente si hay quien lo registre. Lo hizo en 2024 para senador de la república por el PT y obtuvo casi 60 mil votos, una cantidad nada despreciable para alguien en su lugar y por un partido que ha estado a punto de desaparecer.

Eso ven los panistas que ahora lo buscan para postularlo. Los votos que les puede acarrear. El PAN ahora carece de figuras relevantes como las que tuvo en el pasado y echará mano, por un acuerdo de su más reciente asamblea nacional, de perfiles “ciudadanos”. Chafa su razonamiento, dejan de lado que Jesús Estrada Ferreiro fue el principal beneficiado del manotazo que dieron los Chapitos a los operadores del PRI en 2021, pues todos ellos pertenecían a las huestes de Faustino Hernández, su contrincante.

El impacto del narco en esa elección definió resultados en varios municipios, entre ellos y principalmente Concordia, Badiraguato, Escuinapa, Culiacán, Ahome, Mocorito, Sinaloa… casi todos en favor de Morena. En la elección estatal no tanto, porque con la alianza que hizo Rubén Rocha con el PAS iba en caballo de hacienda. Y Jesús Estrada fue parte de esta intromisión hasta por el silencio que guardó ante el atropello que sufrió la estructura priista. Por el contrario, lo que hizo después fue buscar a Faustino, desayunaron, se tomaron la foto y el afectado terminó diciendo que si le hubieran dicho se hubiera bajado del caballo… con todo y sombrero.

Ahora Estrada navega con la bandera de víctima, como lo están haciendo el Químico Benítez en Mazatlán y Gerardo Vargas en Ahome. Y sí, fueron víctimas de un poder que pretendía extender su dominio más allá de un sexenio, pero no pueden negar que ellos mismos, los tres, colgaron la cuerda, pusieron el banquito y se colocaron el lazo. Lo único que hicieron desde el tercer piso fue patear el banco. Hasta dónde lleguen los juicios que se les siguen no es posible saberlo ahora, pero de que hay elementos para tenerlos en el banquillo de los acusados, es un hecho documentado y expuesto públicamente por investigaciones periodísticas hasta la saciedad.

¿Importa esto para los panistas? ¿Le importó al PT en el 2024? No, eso no importa cuando de lo que se trata es de conseguir votos y con ellos incrementar las prerrogativas, ganar municipios, donde siempre hay dinero fácil, poder territorial, las curules…

¿Y qué decir de ellos? La historia del Químico Benítez es la más plana. Surgió como activista de izquierda y fue uno de los fundadores de Morena en Sinaloa; él hizo el partido, siempre fiel a AMLO. Pero algo le pasó. Llegó a la alcaldía de Mazatlán y se transformó. De pronto se convirtió en empleado de los hermanos Arellano Hernández, se compró una camionetota y lentes caros para andar de “chulo”, y manejó los recursos con descaro y desparpajo, las carísimas luminarias, por citar un ejemplo. Y ahí anda, despotricando, como si la agente no tuviera memoria.

Jesús Estrada se anduvo acomodando con viveza en la política; venía del oscuro toledismo, sexenio donde fue subprocurador de justicia, en 2013 fue candidato a diputado local en una alianza PAN-PRD-PT y en 2015 se integró a la cartera de Morena como candidato pluri. Este partido lo lanzó por la gubernatura en 2016 y quedó en cuarto lugar. En 2018 ya tenía cercanía con AMLO y llegó a la alcaldía de Culiacán, donde pensó que hacer contratos turbios no tendría ninguna consecuencia, la soberbia por delante.

Bola y cadena

GERARDO VARGAS LANDEROS prefigura con mayor claridad su perfil oportunista. Se hizo en el PRI, fue el brazo derecho de Malova e idolatró a Chuytoño. Junto con su jefe político se fue al PAN y al terminar el sexenio fundó un efímero partido, se alió a la maestra Elba Esther Gordillo y terminó en Morena. Un auténtico chapulín que no tiene más ideología que el dinero. Ahora enfrenta el fuego “amigo”, tratará de postularse a algo y no lo duden que a la mismísima gubernatura si eso es lo que piensa que le conviene.

Sentido contrario

“LA GENTE SE PORTÓ MUY BIEN… los que pertenecen a la delincuencia organizada en general bien, muy pocos actos de violencia de estos grupos… A diferencia de otros tiempos, no intervino el Estado, no fueron elecciones de Estado, como las que se llevaron a cabo durante décadas y siglos en México… muy pocos actos de violencia de estos grupos…”. Esto dijo AMLO el 7 de junio de 2021, al día siguiente de las elecciones intermedias. Un recuento de lo ocurrido registró 935 agresiones a políticos y candidatos de casi todos los partidos; 100 políticos perdieron la vida, entre ellos 36 que eran aspirantes o candidatos registrados. Pero se portaron bien, dijo el presidente.

Humo negro

AHORA EL EXPRESIDENTE LLAMA A la unidad nacional, a defender la soberanía. Lo que él no vio —en realidad se hizo pato— cuando estaba al frente del país, lo han documentado los gringos. Y le sacarán raja. Le están sacando raja. ¿Hasta dónde? No lo sabemos, pero las cosas no van a parar. Ojalá que México crezca a partir de todo esto.

Artículo publicado el 07 de junio de 2026 en la edición 1219 del semanario Ríodoce.

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