Expulsar el demonio de la obesidad en un cuerpo poseído por la grasa, es tarea que enfrentan siete de cada diez personas, especialmente tres de cada diez, entre el sobrepeso y la obesidad, la grasa mantiene secuestrada la salud de muchas personas conscientes de tal embrujo.
Desde lo más insensato hasta lo sublime de la ciencia, es el espectro recorrido por las personas obesas. Unos les apuestan a los milagros, otros a las moléculas farmacéuticas, otros de plano se refugian en el bisturí y el quirófano para resolver la obesidad, unos pocos lo hacen desde el ejercicio y la educación para la salud, aprendiendo a comer, entendiendo la diferencia entre una dieta hiperproteica y una dieta rica en carbohidratos.
La información y la educación siguen siendo las mejores herramientas para motivar a la conciencia, mientras la voluntad sigue esperando indicaciones del subconsciente para actuar. No es raro observar la capacidad extraordinaria de muchas personas obesas para justificar la dificultad para bajar de peso: termina siendo la comorbilidad o las enfermedades derivadas precisamente de la obesidad, las que inducen miedo como estimulante de la voluntad para actuar en consecuencia.
La disminución súbita de peso deriva generalmente de dos condiciones: una enfermedad neoplásica como el cáncer, o un susto como la angina de pecho, el infarto o un procedimiento diagnostico o terapéutico como un cateterismo, ¿por qué esperar la amenaza definitiva de perder la vida para cambiar de estilo de vida? Esta es una pregunta fácil de contestar, es la polaridad entre placer y miedo, placer de comer y miedo a perder la vida.
Está demostrado que el poder del placer a veces es más fuerte que el miedo a perder la vida, el placer aparece incluso antes de llevarse cualquier alimento a la boca, es el pensamiento lo que induce liberación de dopamina y es placer de la dopamina lo que induce un ciclo pernicioso de conducta alimenticia.
Sacar el demonio de la obesidad es producto de sacar primero el demonio de la “gula”, quitar de la mente la idea permanente de comer bajo el régimen que asegura placer más que nutrición, sacar el demonio aferrado al pensamiento intrusivo, al pensamiento obsesivo y la conducta final de llevarse a la boca mucho más de lo necesario para alimentarse, es tarea imposible para algunos obesos, tormentoso para otros tantos, hasta que no hay más opción; o cambias o cambias.
Exorcizar el demonio de la obesidad requiere más que conciencia, requiere voluntad y honestidad, voluntad para cambiar de actitud y honestidad para dejar de autoengañarse, luchar en contra de la dopamina es tarea difícil, si no, pregúntenle a los ludópatas y drogadictos, curiosamente, el mismo circuito cerebral que se estimula en la ludopatía y las adicciones, es el mismo circuito cerebral que se activa en las personas obesas. Exorcizar la obesidad puede ser el mejor regalo de las fechas decembrinas.
Artículo publicado el 28 de diciembre de 2025 en la edición 95 del suplemento Gula.







