Ilustración: Fernando Botero
Los periodos vacacionales traen aparejadas condiciones esperadas y no esperadas. Las condiciones esperadas son el placer del ocio, ese tiempo dedicado a las actividades recreativas o de descanso, una vez que las obligaciones escolares o laborales quedan al margen o se pausan.
Cuando las vacaciones se limitan a la ausencia del compromiso laboral o escolar, el cuerpo disfruta la ausencia de la rutina, a veces estresante por las prisas y el tiempo. Si las vacaciones incluyen placer culinario, es decir, placer derivado de la comida que pasa por las papilas gustativas cuya absorción incrementa el metabolismo y acumula grasa corporal, entonces las cosas cambian, y ese cambio se llama, en el mejor de los casos, sobrepeso, y cuando este ya existe, entonces aparece la obesidad.
Las vacaciones por sí mismas definen el placer como tal, y el precio del placer tiene distintas versiones, desde las económicas, hasta las fatales, pasando por la promoción inconsciente de la obesidad y la culpa. Antes y después de los periodos vacacionales, gimnasios, espacios públicos y privados, se convierten en recintos conscientes de lo que viene: el placer de la comida y el aumento de peso.
El regreso a la vida escolar, laboral, o rutinaria después de vacaciones, puede traer una compañía nefasta, una grasa corporal que se aferra al cuerpo como advertencia de los excesos placenteros de la comida.
La obesidad cada vez es más estudiada por la ciencia médica, sin embargo, su erradicación resulta imposible en un estrato de la población, una cosa es saber la ruta o fisiopatología de la obesidad, y otra cosa saber por qué unos sí y otros no caen en las garras de la obesidad.
Los experimentos calóricos han demostrado que la clave es el metabolismo individual, las personas adictas a los carbohidratos derivados de las harinas, las papas o el arroz, no todos son obesos, en cambio, aquellos obsesionados con el ejercicio como fuente de quema calórica, con una dieta hiperproteica y consumo de grasa buena o insaturada, a veces no pueden con el sobrepeso o la obesidad, entonces, ¿dónde está la clave de la salud metabólica?
Mientras esta respuesta se encuentra, los esfuerzos institucionales del sector salud intentan abolir el concepto y uso de comida chatarra para convertirla en alimentación saludable desde la cultura escolar. Asegurar que uno de cada dos niños será obeso o diabético si no cambian su régimen dietético, es una predicción apocalíptica en una sociedad mermada en su economía, por no decir que pobre.
El tema en sí no son las vacaciones como tal cuando se habla de obesidad, es el placer que produce en la persona la ingesta de alimentos, es la suma de variables como la frecuencia, el tiempo, y el tipo de alimentos. El regreso de vacaciones sin sobrepeso u obesidad significa unas vacaciones saludables, el regreso con sobrepeso y obesidad es enfermedad.
Artículo publicado el 27 de abril de 2025 en la edición 87 del suplemento Gula.






