Óscar Blancarte, un monólogo sobre Óscar Liera

Óscar Blancarte, un monólogo sobre Óscar Liera

Vi a Óscar Blancarte en un ruidoso restaurante de Ciudad de México donde, entre voces de comensales, el trajinar de los meseros y el bramido de los coches y autobuses en la calle, solo alcancé a grabar 15 o 20 minutos. Alguien me cambió la hora de otra cita y tuve que dejar al cineasta con la emoción trunca. Porque le apasiona el tema de Óscar Liera. Fue su amigo, trabajaron juntos y se volvieron cómplices en el arte de crear.

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Lo poco que había grabado era inaudible y tuve que volver a empezar, ahora a distancia. Le mandé algunas preguntas por WhatsApp y me respondió con mensajes de voz que, hilvanados, componen un monólogo extraordinario para perfilar al creador de El jinete de la divina providencia, al tiempo que muestra un gran cariño por el amigo y admiración por su obra.

 

Conocí a Óscar liera en Mazatlán, me lo presentó un amigo en común que se llamaba Hiram de la Fuente, un gran promotor de la cultura, un enamorado de la obra de Óscar Liera; tenía yo una película por hacer, Que me maten de una vez, era mi ópera prima, y le ofrecí a Óscar el personaje de un director de teatro para la película y él aceptó; estaba muy contento porque decía que también quería ser actor. Fue allá por 1984.

Después de que hicimos la película vi su espíritu alegre y combativo, de amor por lo que hacía y por la pasión que tenía, sobre todo por el teatro… y entonces vi la obra El jinete de la divina providencia y me pareció maravillosa; también otras obras de él, como Los camaleones, La pesadilla de una noche de verano... Sentía que las obras de él eran didácticas, emotivas, divertidas y me enganché con su trabajo.

De alguna manera nos conectamos y empezamos a platicar. La obra en la que me tocó trabajar con él donde hizo Óscar un pequeño papel, un cameo, fue El jinete de la divina providencia. Se preocupaba mucho pues le parecía un caos la filmación de la película porque filmábamos en Culiacán, Mazatlán, en San Ignacio y él se quejaba de esto porque decía que no había un orden, y yo le decía que así era el cine y él decía que la película estaba caótica.

Al final de cuentas como es una obra coral, con muchos personajes, logré al final sacar una película interesante. Cuando Óscar vio la película en estreno en Culiacán, se convenció de que yo tenía razón, y como generalmente siempre tengo la razón (ríe a carcajadas), logré el objetivo de hacer irrespetuosamente la obra de teatro adaptada al cine.

Óscar me decía que el cine era un arte menor y un día le pregunté ¿cuál es el autor favorito tuyo en el cine?  Y me dijo Ingmar Bergman. Y le dije yo no conozco una obra de teatro de Bergman, pero sí lo considero un gran director de cine. Entonces se me quedó viendo. Y le dije ¿vamos a hacer el Jinete o no lo hacemos? Y me dijo ¡vamos!

Pero lo decía en términos un poco para picarme, le encantaba ser un rebelde y de alguna manera le encantaba meter el dedo en la herida. Cuando platicábamos con el grupo de teatro, con amigos o con Hiram, o con Sergio Ley, que era un gran amigo de él, siempre estaba como jugando, era como un niño; a la hora de entrar a ensayos y que lo vi montar, por ejemplo, Los caminos solos, me di cuenta de que él veía el teatro y el arte como un juego, como algo muy lúdico pero muy profesional.

 

El camino rojo de los creadores

Teníamos muchos planes, de hecho me sorprendí mucho cuando vi por primera vez El camino rojo a Sabaiba; decía yo que gran autor y cómo sabe manejar los símbolos, los signos, la didáctica, cómo sabe entender al público y cómo logra conectar al público con su obra.

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Antes de que falleciera fue a mi casa en la colonia Roma y llegó y se acostó en el fondo y decía que iba a ir a la Margolín, una tienda de discos, a comprar un disco; le fascinaba la ópera porque decía que le servía mucho como telón de fondo de sus escenografías y sus ambientaciones y su manera de entender la música como una obra mayor. Recuerdo que lo acompañé, la tienda estaba muy cerca de la casa, vivía por Colima y fue muchas veces a mi casa, allí se quedaba, le gustaba mucho platicar conmigo porque yo lo entendía y no solo eso, sino que lo valoraba y no solo su obra sino también su carisma, su empeño y su espíritu guerrero; le dije que me gustaría mucho hacer El camino rojo a Sabaiba y me dijo no te metas en problemas, Óscar, es mucho más complicada que el Jinete. Y efectivamente, es una obra como barroca, donde los espíritus de los personajes principales, al estilo Juan Rulfo, Pedro Páramo, están muertos.

ÓSCAR LIERA. Le encantaba ser un rebelde. Foto: Colección Arturo de Sandy.

 

Cuando vi la obra en Culiacán veía todo el entusiasmo de la gente de teatro, de los actores, que hablaban muy bien de la obra de Óscar Liera, porque era como un solo universo, el de él, donde estaban conjuntadas escenografías, diálogos, actuaciones, contextos… veía tanto entusiasmo en él. Fui a ver El camino rojo a Sabaiba y me entusiasmé muchísimo, y sin decirle nada me regresé a la CDMX (1985) y empecé a escribir El camino sin su autorización; la terminé como en cuatro o cinco meses y se la mandé por Estafeta… y pasaron los días y una tarde estaba tomándome un café cuando me habló y me dijo ¿estás de pie o estás sentado? ¿Por qué? Siéntate; y le dije, estoy sentado. Quiero decirte que me encantó lo que adaptaste para el cine, te doy mi autorización.

Él venía de una experiencia de haber vivido etapas de crisis y se había ido a una cueva a vivir y allí tuvo alucinaciones, me dijo, y de ahí había surgido El camino… No la filmé porque es una obra con muchos personajes, muchos más que el Jinete y no es tan fácil hacer una película independiente.

 

Cómo nació Dulces compañías

Un día llegó a Mazatlán y nos invitó a Hiram de la Fuente y a mí a una cantina en Mazatlán, en la Playa Norte y ahí nos platicó que acababa de terminar de escribir una obra que se llamaba Un misterioso pacto, y era una obra de un solo acto. Y nos la leyó y le dije, Óscar, esto deberías de hacer porque es muy sencillo, muy fácil de hacer… son personajes como los de las películas de Bergman, me dijo y le dije, bueno, son pocos personajes… sí, nada más son dos; es el tipo que se mete con una maestra y al final la mata. Y nos leyó la obra y nos impactó. Y me dijo, esta sí la puedes hacer cine. Y yo le dije, honestamente, Óscar, no creo, porque es una obra que dura 40 minutos y sería un cortometraje. Se enojó y le dije, bueno, pues así te enojes, yo no voy a echar a perder tu obra. Y luego ¿dónde vas a conseguir dinero para hacerla?, no, no, no, la hacemos nosotros. No, no la podemos hacer nosotros. Se rio mucho De la Fuente y nos dijo que parecíamos viejas peleoneras y entonces yo les invité otra cerveza y luego me dijo eres muy honesto, Óscar, déjame ver qué podemos hacer.

Meses después llegó a Ciudad de México y me dijo que iba a tener una lectura del segundo acto de la obra Un misterioso pacto, que se llamaba Bajo el silencio y entonces le dije, ¿qué me estás diciendo? Sí, el segundo acto, ya están unidas, ahora sí la puedes hacer cine. Y me reí.

Pasó el tiempo y empecé a escribir algunos bocetos de la obra, algunas ideas, porque era una obra muy cerrada donde los personajes se mueven en un departamento, en un mismo lugar. Él estaba muy influenciado por el teatro isabelino y por la época de teatro de William Shakespeare, y le encantaba García Lorca… Las Ubárry tiene mucho de García Lorca.

 

La creación en el centro

Había como una especie de complicidad entre él y yo porque no eran cosas de egos, de celos, nada, era como un entendimiento que iba más allá de la amistad, era un entendimiento de la creación, y de lo que estábamos haciendo de manera conjunta.

Su obra iba de lo particular a lo universal, eso era lo maravilloso de los textos de Liera, que supo entender que de una situación micro se hacía una macro y por eso su obra trascendió a todos los países, no solo de habla hispana; tradujo su obra al francés y se montó en París; conocí a las gentes que montaron la obra en Nueva York, reconocían el gran talento de Óscar porque era un hombre muy culto, muy preparado; sabía incorporar los mitos, las leyendas populares de una manera genial. Ese ejemplo es revelador de la obra de Liera; en primer lugar, cuando leí el Jinete, lo que me llamaba mucho la atención eran los personajes femeninos, que eran lo principal en casi todas las obras de Óscar; encontré que Antígona la mítica Antígona, la hija de Edipo, se rebela contra la orden del Rey de enterrar a su hermano y entonces en rebeldía, de una manera inteligente, ella no entierra a su hermano, pero sí lo cubre de piedras. Y dije Óscar, que inteligente eres, cómo estás incorporando un mito que sucedió hace siglos a la vida cotidiana de Culiacán.

Otro momento revelador es cuando estaba filmando Dulces compañías, que es cuando el personaje del titiritero, Samuel, que interpreta excelentemente Roberto Cobo, le decía al tipo “te vas a quedar ciego y vas a andar por el mundo dando tumbos”. Y dije ¡Edipo!, el personaje del tipo es Edipo, porque del primer acto, cuando el tipo llora y le dice a Nora que él trae en la cabeza dándole vueltas la idea de que posiblemente se acostó con su madre, porque ellos en el internado, de niño, se escaparon y se fueron a una casa de citas y el sacerdote enojado les dijo no anden acostándose con prostitutas porque pueden ser su madre.

Y dije, esto es universal, pues los mitos, que son universales, y los cuentos de hadas y las leyendas que son universales, se incorporan al subconsciente colectivo y entonces dije que bien sabe Óscar incorporar los mitos en el subconsciente colectivo de la obra… fue un descubrimiento maravilloso para mí.

 

Un documental para Liera

Ya después de muerto Óscar, un día dándole vueltas al asunto y yo un poco deprimido por su fallecimiento, porque pues pareciera que había mucho interés de hacer cosas en conjunto porque entendíamos el mundo de Sinaloa como un mundo dentro de otro mundo, comencé a hacer un documental sobre su vida y su obra Post mortem.

Por muchas razones la obra de Óscar Liera trasciende a épocas y a políticas culturales y a todo. Lo definiría como un hombre talentoso, creativo, rebelde y, sobre todo, un hombre de teatro, para el teatro y por el teatro. Conocerlo fue una experiencia caótica pero maravillosa… como todo lo que hago.

Artículo publicado en la edición 19 del suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.

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