Días perfectos

Días perfectos

En Días perfectos (Perfect Days/Japón/2023), el aclamado director Wim Wenders (Paris, Texas, 1984; Buena Vista Social Club, 1999), expone la vida de Hirayama (Kôji Yakusho), un solitario limpiador de baños públicos que diario se levanta a hacer lo mismo de igual manera, hasta que su sobrina Niko (Arisa Nakano) aparece para recordarle la parte de su vida que creía olvidada, al menos, difuminada entre trabajo, música, libros y contemplación de la naturaleza.

La nominada a mejor película internacional en los Oscar de 2024, escrita por Wenders y Takuma Takasaki, demuestra la capacidad y sutileza del director para registrar la cotidianeidad de un hombre aislado, la rutina que religiosamente realiza el personaje de Yakusho: se levanta a punto de amanecer, acomoda ropa de cama, guarda lentes y libro que leyó antes de dormir; baja al lavabo, cepilla los dientes, rasura la barba, recorta el bigote, lava la cara; sube de nuevo, riega las plantas, se pone uniforme y calcetines, apaga la luz y baja; toma celular, cartera, radio, llaves, algunas monedas y sale con una toalla en el cuello.

Ya afuera, mira al cielo, compra un café, abre el carro, sube, da un trago a la bebida, elige un casete y lo introduce en el estéreo, prende el coche, sale del estacionamiento, pone una canción y maneja hacia su trabajo. Visita varios baños, los cuales, con entusiasmo, limpia meticulosamente. A mitad de la jornada, come en un parque, y cuando termina sus actividades, se dirige a casa con otra melodía de fondo; llega, se saca el uniforme, va en bicicleta a un balneario para asearse, después a cenar, y regresa a casa a dormir. Al otro día, la misma historia.

En cada trayecto y al hacer su trabajo, Hirayama no pierde la oportunidad de admirar el sol, recolectar plantas, mirar los árboles y tomar fotografías con su obsoleta cámara de rollo; ver la icónica Tokyo Skytree; continuar el juego del “gato” que alguien dejó al lado de uno de los excusados que limpia; asombrarse de las coreografías de un hombre en situación de calle, o sonreírle a una mujer que coincide con él en la comida; de realmente disfrutar de The Animals, The Velvet Underground, Otis Redding, Patti Smith, The Rolling Stones, Lou Reed, The Kinks, Sayuri Ishikawa, Van Morrison o Nina Simone, o las lecturas de William Faulkner, Aya Koda o Patricia Highsmith.

Sin embargo, la vida no siempre es tan exacta e inmóvil, y ahí están algunas personas alrededor de Hirayama, para recodárselo: su extrovertido, alivianado y terco compañero de trabajo (Tokio Emoto); la novia (Aoi Yamada) de este, que acaba sorprendida con los antiguos casetes y la voz de Smith; su sobrina Niko que aparece de repente para esconderse de su madre (Yumi Aso), con quien el tío tiene un asunto no resuelto; y el desahuciado exesposo (Tomokazu Miura) de la dueña (Sayuri Ishikawa) del bar que el ilusionado limpiador de servicios frecuenta, con la esperanza de algo más.

Con una actuación extraordinaria de parte de Yakusho, quien con muy pocas palabras logra expresar el sinfín de emociones que vive su personaje; una cámara meticulosa que exhibe la peculiar y atractiva cultura japonesa; y un ambivalente final que va magistralmente de la risa al llanto, la felicidad a la nostalgia, la comodidad a la inevitable realidad, la película disponible en Netflix y MUBI es una obra imperdible. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

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