Con el antecedente de haber logrado nueve matrimonios, Lucy (Dakota Johnson) es una de las empleadas más destacadas de una agencia dedicada a buscar pareja.
Precisamente, en la boda de una de sus clientas, la chica conoce a Harry (Pedro Pascal), un millonario que inmediatamente la corteja.
Si bien, ella no acepta los elogios, tampoco los rechaza del todo. No obstante, en esa fiesta, Lucy también se reencuentra con John (Chris Evans), su novio de juventud, quien, todavía a sus más de 40 años, trabaja como mesero y comparte la renta de un departamento con otros, mientras consigue triunfar como actor.
Ahora, la exitosa celestina está en la disyuntiva de aceptar al hombre que cumple todos sus deseos o al que sólo le promete amor hasta el último día de su vida.
Con Amores materialistas (Materialists/EU/2025), su segundo largometraje, la realizadora Celine Song deja claro que se le da contar historias de triángulos amorosos.
Apenas en 2023, la coreana-canadiense debutó en el cine con la célebre Vidas pasadas (2023), nominada al Oscar en mejor película y guion original, un entrañable filme que relata el viaje que
hace Hae Sung para encontrarse con Nora, su amiga de la infancia a la que no ha visto en décadas, y la que siempre le ha gustado.
Desafortunadamente, ella lleva años casada con Arthur.
Tanto en un largometraje como en otro, la directora plantea la disputa de “el amor de la vida” entre tres. Sin embargo, a diferencia de hace dos años, cuando Song exponía que las personas están unidas por lazos o conexiones predestinadas y no por casualidad (el determinante “In-Yun”), ahora pone sobre la mesa la peculiar manera de encontrar a la “media naranja”, mediante
un intermediario al que se proporcionan características específicas y especiales (estatura, edad, peso, posición económica), para que busque a ese ideal y programe una cita de la que sin tanto capricho puede salir un noviazgo y, con suerte, un matrimonio.
La idea de la película pudiera parecer ajena a la realidad para algunos, pero nada más parecido a Tinder y plataformas similares, en las que, igualmente, quienes intentan contactar personas se basan en aspectos similares, incluyendo fotografías muchas veces manipuladas para potenciar/simular belleza y, desde luego, el verdadero amor pasa a segundo plano, porque ese llegará con el tiempo, o se suple con lo material/superficial de la relación: apariencia física fabricada (cirugías estéticas o para agrandar la estatura), viajes a otros países (si no hay pasaporte se consigue de inmediato) y todo lo que se pueda adquirir con el más que suficiente dinero del elegido.
La comedia romántica que basa su trama entre el amor materialista y el idealizado, entrega actuaciones convincentes del trío en cuestión, sobre todo de Evans, quien muy alejado de su Capitán América, es el más honesto –mención aparte merece Zoe Winters, como la exigente clienta de la agencia que pasa por una peligrosa experiencia, que lleva a Lucy a reflexionar en las
implicaciones de su trabajo.
El ritmo de la cinta fluye sin tropiezos, aunque sin tantas sorpresas. Eso sí, es inevitable cuestionarse y, quizás, incomodarse con el relato, porque remite, sí o sí, a la propia experiencia del espectador.
Véala…bajo su propia responsabilidad, como siempre.






