Escriben 100 mujeres

Escriben 100 mujeres

Martha Romero invita a escribir a personas de distintos países para crear un libro de artistas

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Cien mujeres escribieron. Lo hicieron a partir de un listado de palabras amorosas; cobijo, alegría, amor, guía, cama, sorpresa, magia, espacio, locura, para complementar el proyecto del libro de la artista Martha Romero.

Durante la pandemia, ella había realizado más de 400 casitas con papel hecho a mano, hizo una selección para realizar la instalación artística: Casas de papel, aire y recuerdos. Casas que dan cobijo, alegría y amor. Casas agua, sol y casas luna. Casas azules, blancas, amarillas.

Vio que en la instalación montada, cada pieza necesitaba un nombre, ser vista una por una, no en conjunto y nació el proyecto: Casas para un poema, cien mujeres que escriben.

El año pasado lanzó la convocatoria. Le respondieron de EU, Francia, España, Argentina, Cuba, Ciudad de México, Toluca, Tijuana, Puebla, Monterrey, Mazatlán, Guasave, Los Mochis, Guamúchil y Culiacán.

“Todos los textos los leí detenidamente una y otra vez. Imaginando que son un recuerdo que guardaban en un rincón de su memoria y justo fueron esas casitas o la palabra elegida que detonó el sentimiento para escribirlo”, explicó.

“Con algunos textos reí, otros me hicieron recordar tiempos pasados, también me sentí reflejada y con otros derramé lágrimas. La mayoría de las escritoras me compartieron los momentos en los que se confrontaron con la palabra designada. Esa palabra mágica que fue como un ábrete sésamo para unas y un gran reto para otras”.

Ser cómplices en el arte

Martha Romero es una artista polifacética. Ha pintado, tomado fotografías, bordado en lo individual y colectivo.

Ahora buscó cómplices. A la lista de este libro, se sumaron autoras consagradas y otras nóveles, como Dina Grijalva, Florina Olivarría, Claudia Islas, Cecilia Morales, Marisela Benítez, Sandra Robles, Isaura Lizárraga, Aurora Díaz, Mayra Zazueta.

Así las mostró en el libro de arte que presentó en el Centro de Literatura. De fondo se exhibieron las casitas en perfecta armonía.

“Este proyecto creció porque inicialmente, durante la pandemia, pasaron los días, los meses y las muertes se hicieron más cercanas. Comprendí que también podía morir. Me puse a acomodar todo en casa y me encontré con un baúl donde guardo mis diarios y agendas”, recordó.

“Pensé en mis hijas que viven fuera del país. En aligerarles el trabajo y empecé a deshacerme de muchas cosas, pero me rehusaba a tirar lo que contenía el baúl. Gran parte de mi vida se encontraba escrita en esas libretas”.

Romero decidió transformarlas en papel reciclado para hacer dos libretas, una para cada una, y que eso conservaran sus hijas: Nadia y Kiria.

“Inmediatamente instalé un taller en mi patio, y día y noche me puse a trabajar en él y fue así como cientos de hojas recicladas inundaron mi casa, las tenía secándose sobre la mesa, en los libros, por la cocina, en mi taller, en los sillones y hasta en la cama”.

“Luego me puse a recortar y pegar para darle forma de casitas. Una casita por cada día que cuarentené. Hice 450 casitas que embalé con mucho cuidado y las guardé en un clóset, hasta que recibí una invitación para exponer 100 de ellas, en Mazatlán”.

100 mujeres escriben

A muchas de las escritoras, Romero no las conocía, pero con todas tuvo una empatía.

“Empecé a recibir, algunas de ellas supieron y quisieron participar, porque hacer arte es también un acto colectivo, nos permite hacernos cómplices”. En este libro, señaló Romero que se consolidaron lazos afectivos, comunicación, y sobre todo, se creó una comunidad. Y eso es lo que la impulsa para seguir haciendo arte.

Artículo publicado el 09 de junio de 2024 en la edición 1115 del semanario Ríodoce.

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