Nueva tragedia familiar en Los Mochis

Nueva tragedia familiar en Los Mochis

Un padre mata a sus hijas y deja moribundas a suegra, esposa e hijastra

Han pasado más de 24 horas desde que el crimen múltiple en un caso extremo de violencia vicaria estalló en Los Mochis, y el considerado responsable, el padre de dos niñas muertas a martillazos, se ha escabullido de la intensa persecución desatada por todas las policías locales por aire y tierra y el ciberespacio por usuarios de redes sociales.

Se trata de ubicar a Rubén Obdiel O, un joven robusto, de tez blanca, cabello lacio con corte de mata, trabajador de una maquiladora, y separado de su primera familia, quien resulta ser el sospechoso principal de los hechos ocurridos en la calle Cerro de la Silla número 2868 y Mar de Cortés en el fraccionamiento Quinta de Cortés, al sur poniente de Los Mochis.

Adentro, en la alcoba principal, la policía encontraría tendidos en una cama los cuerpos de las hermanas Luisa Rubí y Nitzi Geraldine, de 3 años y 1.5 años de edad, respectivamente, esta última abrazada por su madre, Cecilia L. A. de 32 años de edad. Ella habría intentado proteger a su hija con su cuerpo y la abrazó.

La señora tenía el cráneo destrozado a golpes tan severos que le expulsaron parte del cerebro, pero aún vivía. Entre las hermanas, había un vacío, pues era el lugar que había ocupado Heidi Nohemí, de 13 años, media hermana de las dos niñas que yacían sin vida. La adolescente también sobrevivió al ataque.

En la segunda recámara de la casa, estaba como dormida, pero con la cabeza sangrante y viva, Martina A. F., quien es la abuela de las menores y madre de Cecilia.

La casa tenia un aroma a sangre. Las manchas de un líquido rojizo estaban por todo el lugar, sobre dos camas, las sábanas, el piso, las paredes. Eran las huellas de una batalla desigual, entre mujeres y alguien, fisiológicamente más fuerte, que para la media mañana del jueves ya había abandonado la casa.

Los primeros socorristas llegaron a la vivienda a bordo de tres ambulancias de Cruz Roja Mexicana poco antes de las 08:00 horas.

Un hombre, que ahora se sabe era el hermano de Cecilia e hijo de Martina, fue quien descubrió la escena dantesca desde la ventana. Preso de dolor, a como pudo entró a la casa, policías dicen que tumbó la puerta a patadas, pero paramédicos indican que lo hizo forzando una ventana, luego, todo fue un caos.

Los socorristas entraron a la casa, sacaron a la adolescente y la condujeron a una clínica del Seguro Social, luego a la abuela de esta que estaba moribunda en la segunda recámara. Ella sufrió un paro cardiaco cuando estaba en la ambulancia, pero fue estabilizada y conducida al Hospital General, en donde, posteriormente, estaría su propia hija, Cecilia.

Tras no encontrar rastro de la pareja de Cecilia y padre de las menores de edad, Rubén Obdiel se convirtió en el sospechoso principal, y se desató su rastreo. Hasta la tarde del viernes, el tipo no había sido localizado.

El alcalde, Gerardo Octavio Vargas Landeros, tras reunirse con los deudos, ofreció respaldo y prometió que el autor sería capturado; él dijo que Ahome estaba de luto por los hechos; el gobernador, Rubén Rocha Moya también ofreció persecución policial. Pero días después, ninguno había cumplido su palabra.

Mientras, en las redes sociales, la comunidad también había bajado la intensidad de la persecución.
Y Rubén Obdiel se había convertido en ojo de hormiga.

Una historia dantesca

El de la Quinta Cortés no es el crimen más sangriento ni el más sádico perpetrado en línea sanguínea o parentesco en Los Mochis, pues en el 2007, un joven mató a sus tres medias hermanas, a su padre y madrastra, para heredar los bienes.

Se trata del caso al que se denominó popularmente como “La Hiena de las Misiones” y por el que Abel Francisco Romero Castro está sentenciado a 87 años de prisión.

Y resulta que él y sus amigos, Rubén Nafarrate Rodríguez, Jesús Alán Valdez Castro y Gildardo Orduño López asesinaron a balazos y a sangre fría a Shakira Rubí, lluvia Esmeralda y a Cecilia Guadalupe, Abelino Romero Cota y a Enriqueta López Rodríguez, pero salvaron a la mascota de Abel Francisco, un perro.

La noche elegida para el asesinato en masa, Abelino abrió la puerta del patio de la casa de sus padres, condujo al pistolero hasta la recámara principal en donde dormían su padre y madrastra y los baleó, rematando a Abelino padre, las medias hermanas, despertaron por los disparos y se ocultaron en el balcón, hasta donde el joven fue por ellas y convenciéndolas de que todo estaba bien, las acostó y las tapó con una colcha, sólo para después darle la orden a su amigo de que las matara.

Días después, la policía lo capturó.

Cuando mató a su familia, Abelino era huérfano de madre, pues ella se había suicidado con la pistola de su esposo, quien años atrás había sido agente del Ministerio Público Federal y del Fuero Común.

Actualmente, los tres implicados están presos, y Abel Francisco fue desheredado.

Artículo publicado el 22 de octubre de 2023 en la edición 1082 del semanario Ríodoce.

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