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COVID: miedo y obesidad

GULA abrazo

La homeostasis o autorregulación del cuerpo se pierde ante cualquier amenaza real o imaginada, en este caso, la amenaza del virus pandémico del COVID-19 es real, por eso es que hay múltiples reacciones ante una realidad amenazante con la salud y la vida.

El virus se esparce, literalmente, por todo el mundo, y afecta indistintamente a la especie humana al margen de su estatus académico, económico, social, étnico, etcétera, solo se necesita un sistema inmunológico débil o predispuesto a la enfermedad y un virus llamado Sars-Cov-2 para iniciar la ruta de la enfermedad, la complicación y la muerte.

Mientras esto sucede, es decir, mientras el sistema inmune se pone en contacto con el virus, los pensamientos pueden ser producto del miedo extremo que activa el circuito hipotálamo-hipófisis-corteza suprarrenal. Este circuito, es el circuito del estrés, del miedo y la ansiedad y, aunque no son lo mismo, estas variables humanas son muy parecidas y utilizan la misma vía para manifestarse con estragos en el organismo.

Las alteraciones del miedo por enfermarse en la pandemia se manifiestan por aumento del cortisol, una hormona que se produce en una glándula ubicada arriba de los riñones con funciones antiinflamatorias a corto plazo y nocivas a largo plazo, el cortisol además de inducir la liberación de glucosa del hígado, bloquea una de las estructuras más importantes del cerebro: el hipocampo.

Hay dos vías o caminos para entender la obesidad generada en tiempos de pandemia, la primera es la vida sedentaria generada por el encierro o confinamiento, la otra es la liberación de cortisol de manera crónica y en consecuencia la alteración del metabolismo de la glucosa y la insulina. En el primer caso, la vida sedentaria asociada a la ingesta excesiva de calorías, incrementa de manera paulatina la acumulación de grasa y en unos meses la transformación de sobrepeso en obesidad. En el segundo caso, el miedo activa el circuito hipotálamo-hipófisis-glándula suprarrenal, liberando cortisol en exceso y otra substancia llamada norepinefrina que aumenta los latidos del corazón y cierra los vasos sanguíneos aumentando la presión arterial.

No es novedad entonces, que estemos ante una epidemia que está construyendo personas ansiosas, obesas, diabéticas e hipertensas. Esta mezcla “maldita” está dejando una estela de familias damnificadas por la pandemia y miles de pacientes que lograron superar al virus y ahora tienen que superar su obesidad, su hipertensión, su ansiedad, aunque, difícilmente, su diabetes.

El virus no se puede erradicar por decreto, pero sí se pueden prevenir los estragos del miedo y el miedo mismo. Rompiendo el primer eslabón de la cadena se evitan sus consecuencias. El miedo se supera por dos vías, la ayuda profesional de la psicología o la psiquiatría, o la autoayuda generada por la conciencia y prácticas sencillas como la meditación. La ausencia de miedo no significa actitud temeraria e irresponsable, significa dimensionar la realidad y asumir la conducta preventiva sin exageraciones enfermizas.

Artículo publicado el 25 de julio de 2021 en la edición 965 del semanario Ríodoce.

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