abril 22, 2021 11:23 PM

La presencia invisible de la DEA

BÚSQUEDA EN COSALÁ. La Marina y la DEA.

En octubre de 2015 la prensa mundial buscaba acercarse a la guarida del Chapo en el triángulo dorado. Tenía cuatro meses libre después de una espectacular fuga del penal de máxima seguridad del Altiplano. Muchos de los reporteros que ahora querían internarse en la sierra madre, semanas antes habían recorrido el túnel por donde pasó el Chapo de la regadera de la celda a la calle.

Las caravanas para la cobertura se disputaban contenido diferenciado en un espacio tan pequeño como Cosalá, querían todos la exclusiva de algún audio que nadie más tenía, grabar imágenes distintas a las muchas que proliferaban. La tarea se estaba volviendo trillada, los testigos eran pocos e iban de un micrófono a otro, y los testimonios de una y otra cadena de televisión y de uno y otro periódico eran los mismos, repetidos.

De la operación federal que casi re-re-captura a Joaquín Guzmán quedaban solo rastros, pero no había un solo agente, por tierra y aire se habían replegado por completo. La Marina Armada, quien supuestamente estuvo a punto de volver a detener al más buscado en ese momento, negaba toda operación. Incluso, intervinieron solamente –dijeron oficialmente- porque notificaron presencia de “falsos marinos” en el área.

Para los pobladores, testigos directos que huyeron a pie por veredas que solo ellos conocen y donde únicamente ellos pueden orientarse, esos “falsos marinos” no eran otros que gringos en helicópteros que no eran de la Marina mexicana. Más claramente, las agencias americanas encabezando la operación para volver a detener al Chapo.

Ni es la única vez que participan de la DEA, la CIA, FBI o demás, en una operación de autoridades mexicanas, y no será la última. Hasta ahora eso es un desastre que a veces hasta las mismas instituciones se tropiezan o desconocen entre sí sus acciones. El celo tiene su mayor referente en la misma re-re-captura del Chapo, donde la Marina estaba en la cabeza siguiendo los pasos de la DEA, y la Sedena ni por enterada de nada, incluso la idea era relegarla por completo.

Está documentado también que los agentes gringos están desde hace tiempo tras la huella de Rafael Caro, o participaron cuando abatieron a Arturo Beltrán Leyva en 2009, ni se diga la presencia de esas agencias en la migración de Centroamérica a Estados Unidos.

No alcanzaría el espacio siquiera para enumerar la presencia invisible de la mano de los estadunidenses en las acciones de la autoridad mexicana. El punto ni estuviera a discusión si se tratara de una clara relación institucional, de estado, entre dos países que colaboran en igualdad de circunstancias, y donde llegado el momento hay vías claras para transparentar las actividades, rendir cuentas, y llegado el momento deslindar responsabilidad.

De ninguna manera, lo que hay aquí desde hace más de medio siglo –en paralelo en la guerra contra las drogas de los estadunidenses que involucran a todos los países por igual- es una subordinación, y sobre todo una intentona de ocultamiento como consigna. Siempre se niega esa participación, se minimiza, abiertamente se oculta por todas las vías: desde uniformar a los agentes estadunidenses con uniformes de la institución que acompañan, hasta simplemente no dejar ninguna pista oficial sobre su participación.

 

Margen de error

(Reforma) Por eso ahora que el Presidente López Obrador propone reformas a la Ley de Seguridad Nacional, el asunto que coloca en la urgencia es justamente el que ni siquiera se buscó tocar en la modificación anterior: el referido a la participación de gobiernos de otros países en actividades de seguridad nacional.

Especialmente en este momento que el retorno del general Salvador Cienfuegos, eliminándole las acusaciones de los estadunidenses, se logró precisamente por la amenaza de restringir la presencia y la colaboración de las agencias americanas en este país.

Dice el Presidente que la reforma a la Ley de Seguridad Nacional no tiene dedicatoria, pero no hay otro país que tenga mayor presencia en México que los estadounidenses. La colaboración entre naciones es fundamental para atacar delitos que cruzan fronteras fácilmente, como la droga o el lavado de dinero o la trata de personas. Solo que aquí en México predomina el síndrome de la Malinche, y públicamente surge el rechazo.

 

Deatrasalante

(El Verano) Aquel octubre de 2015 la calma chicha aburría en Cosalá. La persecución había pasado y la acción estaba en otro lado. Para no seguir grabando lo mismo, ni seguir entrevistando a los mismos, un grupo pequeño de reporteros nos internamos en el triángulo dorado, más allá de la cabecera Cosalá. La idea era llegar a los puntos donde decían los pobladores que helicópteros black hawk habían incursionado simultáneamente. Decían que aparecieron de la nada disparando cientos de balas en apenas unos segundos.

Íbamos una mezcla extraña, un equipo revuelto de nacionalidades y formaciones: un reportero inglés, una productora española, un camarógrafo chilango, y como guía un culichi que nunca había llegado más allá del Mineral Nuestra Señora. Urgía alguien que sí conociera el camino, las veredas y el recorrido, además otro auto que realmente pudiera internarse por donde no hay rutas, solo piedras.

La idea era llegar a El Verano, un grupito de casas en pleno triángulo dorado, en Durango. Ahí parecía estar lo más cercano a la guarida del Chapo. Por tierra el trayecto era de doce horas de piedras, barrancos, cumbres y cañadas. A no ser por el rescate de un guía en Guadalupe de los Reyes, llegar a El Verano hubiera sido imposible. Una Nissan roja destartalada era más fuerte que un jeep 4×4 rentado.

El Verano era un pueblo fantasma. Las balas del black hawk había espantado a todos los pobladores que abandonaron a sus perros, gallinas y cerdos. Milagrosamente, a pesar de los disparos en ventanas, techos, puertas, corrales, por donde sea, nadie había resultado herido.

Los “falsos marinos”, como había referido la verdadera Marina, resultaron pistoleros milimétricamente precisos (PUNTO)

Columna publicada el 13 de diciembre de 2020 en la edición 933 del semanario Ríodoce.

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