mayo 16, 2021 3:36 PM

Diez años sin Germán Dehesa

GERMÁN DEHESA. El tiempo eterno.

Germán Dehesa es la muestra de que se puede ser inteligentemente divertido a pesar de tener cara de papa y una voz de sacerdote en medio del catecismo, cuando se trata de memorizar el Credo.

Para definir a quienes vivimos en el país de su nacimiento escribió algo así: “Yo no sé si es el mestizaje o el exceso de chile guajillo que ingerimos, pero somos una especie entre enigmática y excéntrica.”

Otro día dijo que Fernando Savater, el filósofo español, le ayudó a entender su fascinación por los villanos, como la madrastra de Blancanieves, Ricardo Garibay y el PRI: “tienen gracia, nitidez, soledad altiva y ternura en esta vida.”

Día con día desde la Gaceta del Ángel en el periódico Reforma, y replicada en muchos diarios del país (hace 20 años eso era más fácil), ofrecía una actualización de lo más duro de la política a la mexicana, mezclado con las intimidades de su familia. Hizo famosos a su hijo El Bucles o a la Tractor, que aparecían al mismo tiempo que pillos enormes denunciados por él, como Arturo Montiel –ex gobernador del Estado de México y tío de Peña Nieto- o Mario Marín –ex gobernador de Puebla. Ambos vivos, qué ironía.

Para entender esa aparición de sus seres queridos con los odios colectivos de este país, Germán Dehesa explicó un día que recibió un reclamo sobre el futuro de una perrita que apareció en sus columnas y luego no se supo su paradero. Le respondió a la lectora:

“…llevas ya demasiado tiempo instalado en el rollo político y en las intensidades cívicas y te has olvidado del gozo del día con día y de la reseña de esas minucias (mirruñas, decimos nosotros) que constituyen las delicadas capas que van formando la extraña cebolla de nuestra existencia.”

Germán Dehesa era un Don. Tenía el Don de la palabra. Hablada y escrita, como pocos. Murió hace diez años, pero parece una eternidad. Un par de meses después que Carlos Monsiváis en el año 2010.

Es de esa prosapia de periodistas-escritores-juglares que este país fue perdiendo en este nuevo milenio y que nos dejaron desprotegidos. Hombres y mujeres mayores de 50 que habían vivido el México profundo y bárbaro, que lo conocían desde las entrañas mismas de un poder omnipotente, con sus miserias al por mayor y las riquezas repartidas en unas cuantas manos.

 

Margen de error

(Presencia viva) Hablaba en un solo tono, como si le faltara el aire, sin estruendo ni flexiones de la voz. La riqueza de sus palabras estuvo siempre en el sentido. Al escribir era todo intensidad, y destellos de risa. Ocurrencias inteligentes que calaron.

Internet permite volver a verlo, escucharlo y leerlo. Basta con el buscador de youtube para encontrar programas completos junto al iracundo Ricardo Garibay o charlas enteras de literaturas sobre Juan Rulfo, por ejemplo.

La rapidez actual no soporta en las redes sociales más de 10 segundos sin algún estruendo, un exabrupto o alguna idiotez. Hay una desesperación por pasar a la próxima tontería o al nuevo meme. Germán Dehesa tiene todo eso al mismo tiempo, pero con una fineza que lo vuelve entrañable.

 

Mirilla

(¿durmió?) Un hombre formado en las letras más que en las presiones de las redacciones periodísticas, fue duro, persistente y sin dobleces en la vida diaria de este México ingrato.

Un día se empezó a preguntar en la columna ¿Qué tal durmió?, refiriéndose con nombre y apellido a los encargados de impartir justicia en México, incluyendo además a quienes clara y evidentemente habían corrompido el ejercicio de su poder. A quienes jamás la justicia los acusó o investigó siquiera. Las lindezas de controlar todo el poder en México. Una impunidad a prueba de balas y palabras.

Su objetivo principal por muchos años fue el gobernador del Estado de México, Arturo Montiel. No lo soltó nunca desde la gaceta del Ángel. Cada mañana le preguntaba: ¿Qué tal durmió?

Lo llamó ladrón, así directo sin matices. Su gubernatura en el Estado de México, ampliamente cuestionada, gozó de la impunidad con Enrique Peña Nieto como su sucesor. A la postre además presidente.

Las piedras rodando se encuentran y Peña Nieto y su pariente Arturo Montiel se fotografiaron en una fiesta el año pasado. No se le notaban ojeras a Montiel, quizás sigue durmiendo plácidamente.

 

Primera cita

(AMLO) Con López Obrador es también implacable en una columna previa a aquella histórica marcha de junio de 2004:

“Le pediría (le exigiría) a López Obrador que no sea tan idiota de ponernos a los que marchemos el día 27 en la lista de los complotistas. No lo somos. Exigimos justicia. El que fue el rey de las marchas podrá entenderlo. Y no tan sólo eso: si deja a un lado su ofuscación, su movimiento inteligente sería esperarnos en el Zócalo ese domingo y ponerse de acuerdo con nosotros para dar la pelea. Los que hemos sido víctimas de un complot somos los ciudadanos. Lo suyo son juegos de poder. Ojalá y lo entiendas, mi estimado Pochitoque.”

 

Deatrasalante

(Otros, los mismos) Diez o quince años después, algunas de las columnas se pueden leer como si fueran de hoy. Incluso algunos personajes persisten en la pasarela. López Obrador entre ellos, o Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa, Algunas columnas son en realidad breves cuentos de nuestras desgracias y personajes, del cariño y pasión por un país lleno de amor y al mismo tiempo de las trapacerías más burdas que se puedan admitir (PUNTO)

Columna publicada el 16 de agosto de 2020 en la edición 916 del semanario Ríodoce.

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