Los dos hemisferios de Lucca

Los dos hemisferios de Lucca

En el parto de Lucca (Julián Tello) hubo complicaciones que le provocaron parálisis cerebral, pero Bárbara (Bárbara Mori), su madre, promete que no descansará hasta que esté bien, y recurre a cuanto tratamiento y terapia le recomiendan para aminorar el daño que le impide caminar, hablar y controlar sus movimientos.

Con el paso de los años, se entera de que, en la India, el doctor Kumar (Danish Husain) emplea un método que podría ayudar a Lucca, aunque necesita mucho dinero para ir hasta allá con toda la familia.

Al principio, su marido Andrés (Juan Pablo Medina) no está de acuerdo, pero la insistencia de ella y el deseo de que el niño mejore, hacen que acepte, así queden con una enorme deuda.

En su intención de motivar, alentar, dar esperanza, instruir a quienes estén en una situación similar y exponer lo complicado que es criar a una persona con un deterioro así, Los dos hemisferios de Lucca (México/2025), dirigida por Mariana Chenillo, cumple con creces.

Es de reconocer y admirar cómo todos se avocan a las necesidades del infante y en ningún momento hay un asomo de inconformidad, reniego o intención de “soltar la toalla” ante lo
que se vive.

Es cierto que Andrés a veces cuestiona las ideas de la esposa, sobre todo en lo económico, porque no quiere poner en riesgo el patrimonio, pero su apoyo es incondicional y permanente. Sin embargo, es la madre quien sobresale en su intento para que Lucca tenga condiciones de vida más óptimas.

Su entrega es tal, que pareciera no sentir cansancio, sueño ni hambre: siempre está “al pie del cañón” en la casa, en el hospital, de día, de noche, en México o en la India, atendiendo a su hijo. Lo más significativo de todo es que no pierde el entusiasmo ni la esperanza.

La cinta escrita por Javier Peñalosa y la propia Chenillo, basados en el libro homónimo, autobiográfico de Bárbara Anderson, funciona por lo anterior y porque el desempeño del elenco es en su mayoría excelente: Medina es muy creíble en su papel de padre responsable y empático con las necesidades de su descendiente, aunque preocupado porque no tiene trabajo, ni dinero suficiente para hacer más.

Mori logra una interpretación extraordinaria como la madre con sentimiento de culpa que no descansa ni se desanima en su anhelo de que Lucca desarrolle habilidades que lo lleven a una mejoría.

Eso sí, Tello se roba el corazón de los espectadores, como ese chico que en cualquier momento presenta ataques epilépticos, aunado a no poder moverse ni hablar.

Su hermano Bruno (Samuel Pérez) es otro encantador pequeño que conquista al público.

Con todo, el filme disponible en Netflix apunta más al melodrama sentimentalero, que busca conmover y ofrecer un discurso de unión familiar, “todo es posible”, y “la esperanza es lo último que se pierde”, cuando pudo haber explorado y profundizado más lo que realmente pasa a quienes están alrededor de alguien con una condición de ese tipo.

Lo de Lucca y el apoyo a él queda claro, pero ¿en verdad nunca decae el entusiasmo en los
progenitores? ¿Qué pasa emocionalmente con ellos? ¿Cómo son las relaciones entre esposos, otros hijos, parientes, en una experiencia tan compleja? Cuesta trabajo creer que todo sea tan “pro”.

Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

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