Ser un movimiento político poderoso y tener un líder igualmente poderoso no basta para que las cosas que se emprenden desde el poder salgan bien, aunque los enajenados apuesten que sí. Algunas de las decisiones pueden resultar un desastre. Con Andrés Manuel López Obrador tuvimos de las dos cosas. Los programas sociales, pese a su profundo contenido manipulador, electorero, con una pata coja si se quiere, y una mano cucha, están beneficiando a millones de familias y de paso al mercado interno. Pero el sistema de salud, ese que sería mejor que el de Dinamarca, resultó un rotundo y abusivo, criminal fracaso.
El voluntarismo no es un buen acompañante de la cosa pública. Los programas, las políticas de gobierno, las estrategias, se deciden y aplican con proyectos viables, números y recursos en la mano, no con promesas, “compromisos”, no con saliva. La reforma judicial que permitirá en unas semanas más elegir a los miembros de este poder es una de esas medidas de gobierno que desde que se planteó —en la pasada administración— se antojaba como una locura demagógica y vengativa, que el pueblo manda, que el pueblo elige, que el pueblo elija a los jueces para que representen al pueblo.
Si había fallas en el Poder Judicial y una gran corrupción reconocida por todos menos por sus integrantes, había que combatirlas a fondo, no destruir el sistema para construir otro, como si fuera tan sencillo. El fracaso en Salud no le enseñó nada a la 4T. Millones de mexicanos vieron y padecieron el naufragio en que se convirtió una de las principales promesas del nuevo gobierno, pero no aprendieron nada. En el tema judicial estamos presenciando lo mismo: no se calcularon consecuencias ni se preocuparon siquiera por preguntarse cuáles podría tener una reforma de esta magnitud. AMLO se empeñó en vengarse de un poder que le estorbó en sus pretensiones mesiánicas y dijo acabaré con él. No le alcanzó el tiempo y le dejó la tarea a Claudia Sheinbaum.
¿De verdad los morenistas, los diputados, los senadores, los gobernadores, la propia presidenta, piensan que el nuevo sistema judicial eliminará la corrupción de los jueces, de los magistrados, de los ministros? Claro que no. La pretensión es controlar ellos ese poder judicial, ponerlo al servicio suyo, ni siquiera de la llamada cuarta transformación, sino de las camarillas, las mafias de poder que se han estado creando a la sombra de esa fachada, porque en eso se ha estado convirtiendo la 4T, en una fachada a cuyo amparo se están cometiendo atropellos todos los días; no es justicia lo que buscan, es el control de las decisiones judiciales, que nada les impida avanzar en los proyectos de esos grupos de poder que conforman Morena, que nada les estorbe “¡Al diablo con las instituciones!”
Ahora salen con que les preocupa que algunos de los pretensos tengan perfiles que los liguen al narcotráfico y tomarán medidas para “bloquearlos”. Hasta un modelo se inventó sobre las rodillas para aplicarlo y eliminarlos de la contienda, ¿es en serio?, ¿creen que pueden hacerlo?, ¿cuáles serán los criterios?, ¿que un abogado haya defendido a un narco es uno de ellos?, ¿no es la abogacía una profesión? ¿Y qué se hará con los cientos de narcopolíticos que han permitido el crecimiento del crimen organizado en las últimas décadas? Se les puede encontrar estado por estado, municipio por municipio. ¿Por qué no se crea también un modelo para sacarlos de las contiendas electorales?, ¿por qué no lo hacen los propios partidos?, ¿porqué no lo hace Morena, tan “distinto” que es de los prianistas?
Los procesos judiciales contra los narcos no cambiarán gran cosa una vez que se instalen los jueces elegidos “democráticamente” porque tendrán que regirse por la Ley o al menos eso debiera ser. Y se seguirán liberando como ocurre ahora porque sueltan mucho dinero. Pero también —y eso no han querido aceptarlo nunca quienes impulsan este absurdo—porque muchas de las veces las carpetas están mal integradas por el ministerio público. Y en estos casos, un juez, ateniéndose a la Ley, tiene que liberarlos. Claro, pero la culpa es del juez, aunque las carpetas —también muchas veces— se integren mal porque el que recibió el soborno fue el MP.
Bola y cadena
UN CASO ASÍ, QUE APUNTA PARA CONVERTIRSE en clásico es el asesinato de Héctor Melesio Cuen Ojeda y cómo se está integrando la carpeta de investigación, con montajes, dolo, utilización del mismo crimen —los pistoleros en motocicleta que fingieron querer robarse la camioneta— para crear una verdad “histórica” que fue descubierta una vez que el caso lo atrajo la FGR. Y luego con el reculón de Alejandro Gertz Manero, que ha metido el expediente en un cajón para proteger a quién sabe quién o quiénes. Júzguelo usted.
Sentido contrario
TODO ES CUESTIÓN DE TIEMPO, pero todo indica que la suerte del alcalde de Ahome, Gerardo Octavio Vargas Landeros está echada. Por lo menos la suerte en el corto y mediano plazo. La Fiscalía solicitará el desafuero y será sustituido del cargo. Y a partir de ese momento empezará su deambular por salas de justicia y tribunales. El mismo camino que siguieron Jesús Estrada Ferreiro y el Químico Benítez. Y, por ende, muy poco tiempo le quedará para pensar en continuar su carrera por la gubernatura.
Humo negro
A PRINCIPIOS DE ABRIL Gerardo y la senadora Imelda Castro Castro estuvieron en el campo pesquero El Jitzámuri, en lo que llaman “Diálogos sin fronteras”. Emocionados, los pobladores le pidieron a Vargas un malecón y les dijo que ahora no podía prometerles nada pero que para el 27 se los construía él o se los construía Imelda. Lo más probable es que, él, ya no.
Artículo publicado el 27 de abril de 2025 en la edición 1161 del semanario Ríodoce.





