Desde 2008 se han editado un total de media docena de entregas de las aventuras del Zurdo Mendieta, la exitosa saga policial escrita por Élmer Mendoza. En 2021 llegó a las librerías Ella entró por la ventana del baño. En dicha novela se presentan dos difíciles casos, de bien distinta naturaleza, que el detective va a investigar. El Zurdo, que sigue viviendo en la Col Pop, viste de negro y calza botas Toscana, indaga, en primer lugar, sobre el asesinato de Gerardo Manrique, excomandante de la Policía Ministerial del Estado. Ha sido ordenado por Sebastián Salcido, apodado el Siciliano, “uno de los jefes más poderosos del narco”. Pasó 22 años en prisión tras ser detenido por Manrique y, de nuevo en libertad, está reorganizando su banda.
El segundo de los casos corresponde a la localización de una guapa chica pelirroja que un día entró por la ventana del baño, como reza la canción de los Beatles que da título al libro, del empresario Ricardo Favela y con la que éste mantuvo una relación, más de dos décadas atrás. La novela se mueve permanentemente entre el presente y el pasado: el presente, en noviembre, podemos datarlo en la presidencia de Trump y la de López Obrador; el pasado literario se escenifica en la capital sinaloense de finales del siglo XX.
Los hombres del Siciliano, sostiene uno de los personajes, “lo que quieren es sangre, mi Zurdo, aunque visten de negro les encanta el rojo”. Y, sin pausa, añade: “Algo pasa en el mundo que se ha vuelto de este color”. Otro hace referencia a esa “gente sin escrúpulos, de sangre negra”. El Zurdo Mendieta reflexiona, avanzada la obra, sobre Salcido: “Hay batos que nacen con la sangre tan negra que no hay manera de que les cambie de color; hasta se podrían imprimir libros con ella”. De negro y de rojo se tiñe cromáticamente la novela. Un color, como construcción cultural compleja, constituye, por encima de todo, una idea.
El negro marca la vestimenta y los vehículos del grupo reconstituido de exmilitares narcos que lidera Salcido. En la muerte de Manrique están involucrados una Hummer negra y un carro pequeño, también negro. Los dos sicarios usaban ropa del mismo color, incluidos los pasamontañas. El Gori Hortigosa define a Salcido como “puro cabrón despiadado vestido de negro”. Ante la pregunta de Mendieta sobre si el Siciliano era Zeta, responde: “No me parece, ésos eran otros compas, más cabrones que él, aunque a los dos les gustaba el color negro en la ropa y en los carros”. Los dos individuos que siguen al Zurdo y al Gori, provocando un enfrentamiento armado en la calle, visten ropa negra y circulan en un carro negro. Mueren. El carro se lo lleva una grúa negra y una ambulancia negra recoge uno de los cadáveres. Ante todo ello, no sorprende la afirmación del Zurdo Mendieta: “Veo todo negro”.
Los asesinos del patrullero Artemio López iban de negro, con pasamontañas, y en una camioneta negra. Dejaron un mensaje amenazante, escrito con letras negras. En el atentado en la casa del Zurdo, el detective logra ver en la calle un Jeep negro y un hombre vestido del mismo color. Se trata, está claro, de sus “queridos amigos de negro”. Cuando los hombres de Samantha Valdés y el detective salen a la búsqueda de Salcido, son atacados por hombres situados tras tres camionetas negras. Consiguen reducirlos: “Ningún enemigo de negro se entregó”. En el postrer enfrentamiento detectan siete trocas negras. Se refieren a los hombres de Salcido como “los de negro”.
El negro rima, en la novela de Élmer Mendoza, con el rojo de la violencia. Lo explícito contrasta con lo cromáticamente implícito. En el escenario del asesinato de Manrique encuentran más de un centenar de casquillos de cuernos de chivo, al margen de las evidencias de un bazucazo en la camioneta. En opinión del Zurdo, los de Salcido “están bien pesados y no se andan con medias tintas más que pura madre”. En el enfrentamiento entre estos y los de Valdés existe un montón de odio acumulado. No hay prisioneros; unos prefieren envenenarse, mientras que otros aplican sistemáticamente tiros de gracia para “los de negro”. Los narcos de uno y otro grupo no dudan en usar bazucas y helicópteros. El final, con lluvia de balas, camionetas que estallan, bazucazos y boludos derribados, acribillados y tiros de gracia, granadas y fusiles varios, es de una enorme violencia. Evitar el baño de sangre, malo para el negocio del cártel, conduce a un baño de sangre. La reflexión del Zurdo resulta pertinente: “Cuando comentan que estas batallas son más feroces que las de Medio Oriente tienen razón”. La sombra del culiacanazo de 2019, tan próximo, ahora ya tan lejano, visto lo visto, se proyecta sobre la novela.
La novela negra, aseguraba Mendoza en una entrevista en 2017, cuenta “el corazón negro de este país”. En la FIL de Guadalajara-2022, afirmó que el noir “tiene un sentido social para llamar la atención de autoridades y sociedad del nivel de violencia que hoy se vive en México”. La novela negra y policíaca, de páginas tan rojas y en demasiadas ocasiones infravalorada por académicos o prescriptores literarios, ofrece una vía excepcional de comprensión de su tiempo. A Edgar el “Zurdo” Mendieta y a su creador Élmer Mendoza, a fin de cuentas, el negro les sienta muy bien.
*Jordi Canal (Olot, 1964) es doctor en Historia y profesor-investigador en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París. Profesor invitado en varias universidades europeas y americanas. Autor, entre otros libros, de El carlismo. Dos siglos de contrarrevolución en España (2000), Banderas blancas, boinas rojas. Una historia política del carlismo, 1876-1939 (2006), España a través de la fotografía (2013), La historia es un árbol de historias. Historiografía, política, literatura (2014), Historia mínima de Cataluña (Turner ,2015), Con permiso de Kafka. El proceso independentista en Cataluña (2018), La monarquía en el siglo XXI (Turner, 2019), Vida y violencia. Élmer Mendoza y los espacios de la novela negra en México (2020) y 25 de julio de 1992. La vuelta al mundo de España (2021). En 2017 coordinó Historia contemporánea de España, en dos volúmenes.





