“…este sábado (21 de diciembre de 2024) un bebé de tan solo ocho meses de nacido murió al parecer por complicación de un cuadro diarreico. Las autoridades municipales, informaron que el pequeño occiso llevaba por nombre Ángel Gustavo ‘R’ de ocho meses de nacido, quien tenía tres días con vómito y diarrea.” Informó la reportera Adela Luque en la actual temporada agrícola 2024-2025.
Hace un año, en la pasada temporada 2023-2024 murieron siete niñitos según información del secretario de Salud estatal.
La prensa reportó algunos casos: María tenía 3 años, murió de gastroenteritis. Ángel, de tan solo un año y dos meses, dejó de respirar por neumonía. Karen de ocho meses de edad por enfermedad respiratoria.
En tanto, hace dos años, en la temporada 2022- 2023, los medios informaron de seis fallecimientos: una bebé de siete meses murió de hipotermia; Ramoncito, de seis meses pereció por neumonía; Lupita, de nueve meses, fue encontrada sin vida en el piso de una vivienda por infección en las vías respiratorias.
Un bebecito de seis meses, en Juan José Ríos, murió por deshidratación; En Nío, Guasave, otro menor falleció por un mal respiratorio, y una niñita de un año cuatro meses perdió la vida a causa de neumonía.
La reacción del gobierno del estado ante esas muertes de la temporada 2022-2023 consistió en la visita de varios secretarios a la zona, muchas declaraciones a la prensa y acciones dispersas e insuficientes.
No sirvió de nada.
A inicios del 2024 montó la misma escenificación. Tampoco sirvió de nada.
Se siguen muriendo los niños, de lo mismo y donde mismo.
La solución al problema no es desconocida, no es un misterio, existe en muchas partes, está probada aquí mismo en Sinaloa.
La solución es que los hijos de madres trabajadoras estén en centros de desarrollo infantil (guarderías es el término popular) donde reciban alimentación, cuidado, atención de salud y educación, mientras su familia está trabajando.
Las familias migrantes deben habitar en albergues temporales con los servicios básicos que les garanticen higiene y salud.
Debe haber clínicas con doctores y medicinas en las zonas de trabajo agrícola.
Los trabajadores deben tener licencia con goce de sueldo para atender su salud y la de sus hijos.
En Sinaloa hay familias que trabajan, generan riqueza, y a pesar de eso viven en la miseria y sus hijos se mueren de hambre y enfermedades evitables.
Los gobiernos existen para construir las soluciones: invirtiendo los impuestos en la infraestructura necesaria, incentivando la responsabilidad empresarial, estructurando una distribución equitativa de la riqueza y regulando la prestación de servicios de vivienda.
No hay gobierno eficiente ni con sentido social en Sinaloa.
El gobierno del estado prometió servicios básicos y vivienda a los trabajadores del campo.
“Una deuda social pendiente lo constituye la población de jornaleros agrícolas que migran cada año a los campos de Sinaloa, para emplearse en las temporadas de siembra y cosecha de hortalizas”. Así dice el Plan Estatal.
“Promover con las asociaciones agrícolas un programa de construcción y mejoramiento de alojamientos temporales con servicios básicos”, fue el compromiso.
Los tres informes del gobierno reportan que en tres años no ha construido ningún alojamiento temporal.
Solo paliativos, fotos para Facebook.
Tampoco hay presupuestado, nada, para ello en 2025.
Así mismo, los ayuntamientos son inútiles.
No regulan ni supervisan eficazmente las condiciones de los cuartos que se rentan a las familias jornaleras.
Con el antecedente de los años pasados, debieron regular las cuarterías y no lo hicieron.
El gobierno federal tampoco ayuda a los jornaleros, López Obrador les quitó lo que había. Desapareció el programa de Apoyo a Jornaleros Agrícolas.
Eliminó las acciones para construir albergues y guarderías en coinversión con los agricultores.
Sheinbaum en campaña prometió un nuevo programa, pero en los primeros tres meses de gobierno no mereció espacio en su agenda.
El gobierno federal no supervisa cabalmente que las empresas inscriban al IMSS a sus trabajadores ni construye las clínicas necesarias.
El autodenominado “mejor sistema de salud del mundo” no es capaz de censar a los hijos de quienes llegan a trabajar a los campos, darles un seguimiento médico semanal y dar información a las jóvenes madres.
Eso tan básico no lo han hecho.
Los gobiernos con sentido social ponen por delante los derechos de los niños y crean programas que compensen o suplan la falta de información, recursos o responsabilidad de los padres.
Los programas sociales del obradorismo no construyen infraestructura social básica de la que garantiza el derecho a la salud y educación de los más pobres.
Los programas sociales entregan efectivo a sectores determinados, no a los más pobres.
La política social del obradorismo consiste en dedicar el dinero a ampliar el programa para adultos mayores, y así cubrir, ahora, a los que ya tenían pensión.
Un resultado es que, por ejemplo, varios gobernadores reciben su apoyo de 6 mil pesos bimestrales.
Otro resultado es que los bebés Ramón, Lupita, Ángel, María y Karen no recibieron nada… y murieron.
Los que más trabajan siguen siendo pobres.
Los hijos de los pobres siguen muriendo de miseria.
Los gobiernos no trabajan para ellos.
Artículo publicado el 05 de enero de 2025 en la edición 1145 del semanario Ríodoce.






