El grupo independiente Zopilote fue pionero del teatro social contestatario, en el contexto de la masacre estudiantil y la peligrosa censura del gobierno
El 9 de septiembre de 1968, 24 días antes de la masacre de Tlatelolco, en San Luis Potosí, el grupo Teatro Experimental Independiente estrenó la obra de teatro documental Acto de amor, de Juan Miguel de Mora. En ella se hablaba por primera vez del movimiento estudiantil que se gestaba en la Ciudad de México, y del que poco se conocía en otros estados.
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Fernando Betancourt Robles, director fundador del TEI, que luego cambió su nombre a Teatro Zopilote, tenía entonces 19 años, y decidió junto con los demás integrantes de la compañía estudiantil, presentar la obra en el Centro Universitario de Teatro. Lograron dar una primera función, pero la segunda fue cancelada debido a la temática.
La censura, señala, era la tónica en esa época, y resultaba peligroso ir en contra del gobierno, pero ellos decidieron presentar la puesta en escena en otro lugar. La prohibición los hizo tomar conciencia del teatro como un hecho social.
“En la ciudad de San Luis Potosí, como en la mayoría de los estados, casi no sabíamos nada de lo que estaba sucediendo (en la Ciudad de México) porque los periódicos, la radio y la televisión, la incipiente televisión, no dejaban pasar absolutamente nada, hasta que leímos esa obra de teatro nos enteramos qué estaba sucediendo, porque hubo una represión tremenda, hubo muertos desde el principio, desde el 26 de julio del 68 que inició el movimiento estudiantil hasta el 2 de octubre, que fue la hecatombe”.
La noche del 2 de octubre, cientos de estudiantes que habían acudido a un mitin en la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, en el Distrito Federal, hoy Ciudad de México, fueron detenidos, torturados, asesinados y desaparecidos. El Batallón Olimpia, granaderos y agentes del gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz perpetraron la masacre.

“Supimos que el periódico Excelsior había sacado su página principal en negro, y ahí se filtraron algunas cosas, y ya después en los días subsiguientes tuvimos más información de la masacre, y como siempre el gobierno mentía pues decía que había habido 15 o 20 muertos, pero hubo muchos más”, recuerda.
Su propuesta teatral creada el 1 de mayo de 1967, se reforzó. Y a partir del 68 su hermano Ignacio comenzó a escribir obras propias de contenido social y político, en las que denunciaban la realidad social del país.
“Desde el 68 hasta este año de 2024 hemos hecho teatro social y político, sobre todo bajo el precepto de Bertolt Brecht, un dramaturgo alemán, que decía que el teatro debe divertir y educar. Nosotros no somos panfletarios, somos estudiosos de la realidad, y desde el 68, un hermano, Nacho Betancourt, empezó a escribir obras de teatro de la realidad social que imperaba en ese momento, y como nos tocó vivir la época más dura, que fue la Guerra Sucia, en los 70, 80 y buena parte de los 90, y que existió hasta el siglo 21, nos incentivó bastante a hacer desde entonces denuncias a través del teatro, plantear cosas de la población, que nos platicaban”.
La masacre del 2 de octubre de 1968, menciona, cambió no solo para ellos el concepto de hacer teatro, sino que a nivel nacional surgió todo un movimiento en las artes.
“Cambió la perspectiva no solo en el teatro sino en las artes en general este movimiento, modificó ese panorama que había hasta ese momento. En los 60 había pocos grupos que se dedicaban a hacer teatro contestatario, no complaciente”.
Un año después de la masacre y en medio de la persecución y represión que aún persistía, Teatro Zopilote, creó la obra de teatro muda Crónica de un 2 de octubre, para que lo ocurrido no se olvidara. El estreno sería en el teatro Alarcón, que en ese tiempo pertenecía al Sindicato Minero.
“El 2 de octubre llega un agente como a las 8 de la mañana a la casa, yo vivía en el barrio de San Sebastián, de clase trabajadora, y llegan: ‘Fernando Betancourt’, ‘Si soy yo’, ‘el gobernador lo está citando a las 9 de la mañana en Palacio de Gobierno, quiere hablar con usted…’, y me presenté… y muy serio el gobernador Antonio Rocha Cordero me ve y me dice ‘Fernando no pueden presentar esa obra porque tenemos órdenes expresas del presidente de la república de no permitir que eso se replique más’, ‘entonces lo voy a hacer en mi casa’, ‘no, no puedes hacerlo en tu casa porque va la Policía Judicial’, ‘entonces lo hago en la calle’, ‘no, tampoco porque ahí interviene el Ejército’”, relata.

Fernando salió casi dando un portazo de la oficina del gobernador y se dirigió al teatro, pero ya estaba cerrado y les fue retirado el permiso para seguir utilizándolo.
“Era peligrosísimo contravenir las órdenes del gobierno… pero ese día 2 de octubre del 69 tuvimos todavía la audacia de presentarnos, pero ya en una calle angostita, la calle (Mariano) Abasolo, y había tres transportes del Ejército llenos de 20 soldados con bayonetas, solo para intimidarnos y aun así tuvimos un pequeño mitin diciendo que nos habían prohibido, y no nos hicieron nada, yo creo que el gobernador no nos quiso meter presos ni asesinarnos”.
La obra finalmente se presentó en otro lugar y con otro nombre: Ensayo Quasi Realista de Situaciones Eidéticas en diez quasis y ocho catalíticos. Desde entonces Zopilote ha realizado más de 70 puestas en escena propias en los principales teatro del país, pero también en las calles y localidades, manteniendo siempre su premisa teatral. Fernando Betancourt, de 75 años y con 56 dedicados al teatro, señala que ese es el camino que eligió y en el que seguirá “hasta que la vida se porte bien”.
Artículo publicado el 20 de octubre en la edición 05 del suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.







