Martha Salazar, mujer de teatro

MARTHA SALAZAR. Una vida en el teatro.

Durante más de 60 años la actriz culiacanense ha estado en la escena

Martha Salazar es una mujer de teatro. Más de 60 años en la escena representando diversos personajes, han sido su razón de ser.

Después del nacimiento de su nieta, Ana Paola, las artes escénicas son lo mejor que le ha pasado. El teatro alimenta su vida, de eso no tiene duda.

Lo supo desde que, como actriz, dirigida por Óscar Liera, Ramón Mimiaga y Rodolfo Arriaga, se trasladaba a otros mundos, esos que solo son posibles en el teatro. Y que, en ese Culiacán de los años 70, la empujaba a correr de su puesto de huaraches en el Mercado Garmendia, para llegar a los ensayos.

Martha no era una actriz más, la propia crítica la consideró como una de las mejores. En Colombia, Nueva York, su fuerza y disciplina para ser aquella Adela, en El Jinete de la Divina Providencia o Mujer de pueblo, complació a la concurrencia.

Ella nunca se lo creyó. Piensa que siempre hay alguien mejor, pero que todo lo que ha hecho en el escenario ha sido con mucha pasión y dando lo mejor de sí.

“Esa es la idea de cómo me ven, siempre se han expresado bien de mí, se los agradezco muchísimo, pero no me siento muy buena actriz, siempre hay alguien mejor que uno”, mencionó.

“A pesar de que siempre me han aplaudido, te quiero decir que mis piececitos no se levantaron nunca de la tierra. Hice lo mejor que podía con mucha pasión y dando lo mejor de mí y tan, tan”.

Teatro para siempre

En los 70 Marta Salazar ensayaba la obra: Nuestra Natacha, con Ramón Mimiaga y hasta ahí llegó Óscar Liera para invitarlos a sumarse en su proyecto teatral.

Suspendieron ese montaje y les permitieron ir con el dramaturgo, que recién graduado llegaba a Sinaloa, para crear desde aquí sus mejores piezas teatrales.

“Ese día estábamos ensayando y las primeras que levantamos la mano fuimos yo y Susana Salomón, el maestro Mimiaga, suspendió el montaje para que pudiéramos estar en el otro y ahí nos quedamos hasta la muerte de Liera”, detalló.

“Esto fue para mí una maravilla, con una disciplina férrea, pero con mucho aprendizaje, yo me mantenía de mi trabajo vendiendo huaraches, pero salía a las carreras a los ensayos”.

Cada uno de los montajes, explicó, la divirtieron mucho, sobre todo; El Gordo, El Oro de la Revolución Mexicana, Las Ubarry, El Jinete de la Divina Providencia, El camino de los locos, Salmodia para un día de cansancio, Bodas de sangre.

“El teatro para mí siempre ha sido esa parte de mi vida en la que transité por los escenarios con muchos amigos, compañeros, maestros que me guiaron durante más de 60 años”, manifestó.

“Siempre he visto al teatro como un gran aprendizaje, porque fui muy feliz, porque de todos aprendí, imagínate si he estado 60 años, si no me hubiera gustado, no lo hubiera hecho, bien o mal, como haya sido, pero ahí estaba”.

Se abre el telón

El último montaje en el que Martha actuó fue Las Ubarry, bajo la dirección de Claudia Apodaca, en 2015.

Desde entonces detalló que disfruta verlo. Hoy sus pies y columna no le dan y no quisiera ser un riesgo para sus compañeros.

“Sigo disfrutando el teatro, ya no me puedo subir a un escenario porque apenas camino, soy un gran riesgo para mis compañeros, me caigo y les hecho a perder todo y no se vale”, indicó.

“Mi cuerpecito caraqueño ya no responde por la edad. Hay que saber retirarse a tiempo; la última obra en la que participé, fue Las Ubarry, con la maravillosa Itzel Navidad”.

Así lo dijo mientras la tercera llamada se daba en el Teatro Universitario, donde previamente le entregaron el Reconocimiento a la Labor Escénica por parte de la UAS.

Visiblemente emocionada, la artista recibió un ramo de flores y un reconocimiento.

De blanco y frente al público que le aplaudió de pie, aseguró recibir la distinción con mucho amor, cariño y humildad.

Artículo publicado el 12 de mayo de 2024 en la edición 1111 del semanario Ríodoce.

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