El último gigante

El último gigante

Aunque disfrutaba mucho de su compañía y los amaba intensamente, hace 28 años, Julián (Óscar Martínez) abandonó a su hijo Boris (Matías Mayer) y a su pareja Leticia (Inés Estévez).

Ya tenía una familia con Andrea (Silvia Kutika), y el miedo de perder esa estabilidad lo llevó a retirarse. Ahora, regresa con la idea de dar explicaciones, buscar perdón y recuperar el tiempo
perdido, pero Boris no quiere saber nada de él ni de sus razones.

Al contrario, lo recibe con un golpe que lo manda al hospital. Más comprensible, Leticia le da la oportunidad de escucharlo. Cuando el padre comunique todo lo referente a su delicado presente, el despechado hijo se enfrenta a opciones complicadas para intentar sanar el conflicto con Julián.

Si algo tiene claro Marcos Carnevale es que sabe cómo manipular las emociones de los espectadores, o bien, cómo activarlas para conmoverlos, llevarlos a la reflexión (superficial), sin necesidad de profundizar en las temáticas y, quizás, conducirlos al llanto, aunque el drama, realmente no lo amerite.

Es usual que el tratamiento de sus historias esté más relacionado con uno telenovelero o de programa unitario con rosa blanca y cierto “aire” milagroso de por medio, que con una trama meramente cinematográfica.

Como ejemplos de lo anterior están Corazón delator (2025), Goyo (2024), Granizo (2022), Corazón loco (2020), Corazón de león (2013, y cada una las versiones en los diferentes países en los que se ha replicado) y, desde luego, Elsa y Fred (2005), con todo y que esta funciona muy bien y podría asumirse como lo mejor de su filmografía –títulos disponibles en Netflix, por
cierto, incluida la que nos ocupa ahora.

El último gigante (Argentina/2026), escrita y dirigida por el propio Carnevale no se queda fuera de la lista.

Con paso firme, cae en la exageración de valerse de lugares comunes en su afán de mostrar al padre arrepentido de haberse alejado de la familia que formó a escondidas, y al hijo resentido hasta el copete, pero igualmente necesitado del cariño de su progenitor y urgido (así
se haga del rogar) de que le suelte la sarta de justificaciones por no haber estado casi 30 años en su vida.

Curiosamente, el elenco no está mal. Tampoco es que haga una tarea extraordinaria, pero en su mayoría interpretan convincentemente a su personaje.

Entre todos, podrían destacar Estévez, por la nobleza de su Leticia; Kutika, por la madurez de su Andrea; Martínez, por arrepentimiento forzado; Mayer, por sus berrinches “justificados”. En lo general, la primicia no es un error.

Es verdad que no es original y que ha sido contada en múltiples ocasiones; sin embargo, desafortunadamente, siempre existirán padres ausentes e hijos afectados por esa causa, y reflexionar al respecto nunca será en vano.

Si bien, la narrativa es predecible y, por ende, un tanto cuanto aburrida, el problema mayor del filme es su “resolución”.

Hacia el final hay un giro, más que brusco y repentino, sacado de la manga con el afán de apantallar, aunque eso no le quita lo inverosímil, fuera de lugar, pretencioso y deshonesto.

¿Un tema digno de llevar a la discusión? Indudablemente, aunque sería mejor contar una historia redonda y congruente.

Véala… bajo su propia responsabilidad como siempre.

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