La captura de Nicolás Maduro en Venezuela desata un nudo de contradicciones. Abominamos su tiranía, pero también que los Estados Unidos hayan incursionado al país para llevárselo violentando leyes internacionales básicas. Vi rostros muy alegres en mi entorno ese sábado que despertamos con la noticia, escuché voces de júbilo y leí expresiones de políticos de alto rango proclamando supinamente ¡Viva la libertad!
Los norteamericanos se han creído los policías del mundo desde hace décadas y se sienten con el derecho de pisotear naciones para alcanzar sus objetivos. En octubre de 1983 tomaron como pretexto una crisis política interna para invadir la isla de Granada en el Mar Caribe y deponer a un gobierno. Le espantaba que este pequeño país se convirtiera en un bastión más del entonces bloque socialista. A Cuba se le había sumado Nicaragua con el triunfo de los sandinistas en 1979 y Granada había sido gobernada por un movimiento revolucionario encabezado por Maurice Bishop, al que asesinaron en un golpe interno. Los gringos estuvieron detrás del golpe militar de Augusto Pinochet al gobierno de Salvador Allende y acompañaron al dictador durante todo su régimen. E hicieron lo mismo con todas las criminales dictaduras militares del Cono Sur.
Bajo el lema de James Monroe de que América es para los americanos, han metido su enorme nariz donde han querido. Desde hace dos siglos vieron a nuestra América Latina como su patio trasero. Por ello invadieron Panamá en diciembre de 1989 para capturar a Manuel Antonio Noriega y asegurar el control del Canal. Lo acusaron de lo mismo que, 36 años después, acusan a Nicolás Maduro.
Su incursión a Venezuela para capturar Maduro, condenable desde el más elemental derecho internacional, no tiene nada que ver ni con la democracia pisoteada por el dictador desde que asumió el poder, ni con la libertad. A los gringos les importa un bledo que Maduro se haya robado las elecciones para perpetuarse en el poder, ni que en Venezuela se hayan proscrito el periodismo crítico, las libertades, los derechos humanos y hasta la poesía —ahí está el caso de Rafael Rattia, allanada su casa y detenido.
A Donald Trump y a quienes están detrás de él, los halcones de siempre y las grandes empresas trasnacionales, les interesan los recursos naturales de ese país, principalmente el petróleo. A eso fueron. Ni siquiera pensaron derrocar a un gobierno a pesar de que no cuenta con el apoyo de la mayoría de los venezolanos —eso se demostró en las elecciones presidenciales de julio de 2024. (En esa ocasión, los mismos gobiernos de izquierda, el de Chile y el de Colombia, Boric y Petro, exigieron a Maduro que demostrara que efectivamente había ganado las elecciones y nunca lo hizo porque no tenía cómo hacerlo).
La derecha venezolana es mayoría en ese país, pero no encontró, hasta ahora, la manera de hacerse del poder porque Nicolás Maduro tenía el control de todos los poderes —como Morena en México— y reprime cualquier manifestación opositora así sea con un verso. Se llevan a Maduro, pero el Partido Socialista Unido de Venezuela sigue en el poder y no es remoto que, a pesar de la felonía de los gringos, estos terminen cooptando a los que se quedaron gobernando, civiles y militares.
El discurso del presidente Trump un día después de la incursión, fue, sin tapujos directo al grano. Nos interesa el petróleo, nada más; la libertad, la democracia, los derechos humanos, pueden esperar. Y si hay que hacer negocios con los “socialistas”, lo vamos a hacer. Maduro era un estorbo y ya lo tenemos.
El tema ahora es tratar de entender qué traen Trump y sus secuaces en la cabeza porque estamos hablando de un imperio, del imperialismo yankee, y los imperios piensan siempre en la expansión, la ocupación, el control territorial pero también económico y cultural. Desde hace décadas los norteamericanos, demócratas y republicanos, han utilizado el tema del narcotráfico para imponer, en asuntos relacionados con la seguridad hemisférica, sus condiciones a los gobiernos de América Latina. Días después de la captura en Venezuela, Trump se refirió a México y la posibilidad de llevar a cabo ataques al narco en nuestros territorios, lo que fue tomado como una amenaza. Si alguien se inquietó no fue en vano. La posibilidad de que ocurra, es real.
Bola y cadena
LA PREGUNTA ES QUÉ MEDIDAS tomará el gobierno norteamericano para desmantelar las redes de distribución de drogas en su propio país para que la andanada de hostilidades, verbales y en los hechos, no sea vista como posturas hipócritas, pretexto para avanzar en el control de su “patio trasero”. Después de México siguió Cuba. Dijo Trump en una entrevista de radio que el régimen cubano está a punto de caer. Quién sabe que traerá en la cabeza.
Sentido contrario
CON LA REFORMA CONSTITUCIONAL recién aprobada por el Congreso del Estado se dio el último golpe a la Comisión Estatal para el Acceso a la Información Pública (CEAIP), que la extingue para que sus funciones pasen a control del gobierno estatal. Una de las herencias del obradorismo festinadas por los seguidores de la 4T que durante lustros lucharon por tener un instrumento autónomo que regulara el acceso a la información pública. Vaya oportunismo de nuestra “izquierda”.
Humo negro
ACABAN DE NOMBRAR UN NUEVO director de tránsito municipal después de que fue asesinado Francisco Javier Zazueta, uno de los golpes más duros y lamentables a las fuerzas policiacas. Si no traía escoltas que alguien explique porqué. Ese puesto no es administrativo, es eminentemente policiaco, y en un contexto como el que vivimos ahora en Culiacán, proteger los mandos no solo es una necesidad, es una obligación.
Artículo publicado el 11 de enero de 2026 en la edición 1198 del semanario Ríodoce.






