¿Hay algo en el documental Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero, que no se haya dicho ya del Divo de Juárez? Pudiera ser discutible uno que otro dato.
La realidad es que, si el trabajo dirigido por María José Cuevas está en boca de todos, no es precisamente por la información que expone, sino por todo el material de archivo inédito que muestra tanto a Alberto Aguilera Valadez como a Juan Gabriel de maneras poco habituales, y desde perspectivas y ángulos poco frecuentes.
En la miniserie disponible en Netflix, que se mantiene en el número uno de las más populares en México (y seguramente en otros países), se puede ver lo ya que se sabía: la temprana muerte de su padre; su migración de Michoacán a Ciudad Juárez; las carencias económicas; de que, al no poder cuidarlo, su madre lo deja a los cinco años en la Escuela de Mejoramiento Social para Menores; el haber trabajado desde muy pequeño; su inicios en la música en la frontera, y su bajo salario ahí; su llegada a la Ciudad de México y las dificultades para conseguir empleo y lograr una oportunidad en el medio artístico; cuándo estuvo preso y quién lo ayuda a salir de la cárcel; su vida en Estados Unidos.
El documental enfatiza en el alcance de su primer éxito; habla de los millones de discos que vendió; del enorme gusto de la gente por su forma de cantar, componer e interpretar; de cómo se ganó el respeto de los que antes lo abucheaban; de los hombres/machos/heteros que se querían “casar” con él; de u incomparable, insuperable e impresionante concierto en Bellas Artes, y lo
que implicó que se hiciera; de cientos de miles de audios con ideas y tarareos, para componer; de las notas en pedazos de papel por todos lados, para registrar lo que más tarde terminaría en una canción; el proceso de grabación de quienes entonaban sus canciones; sus giras, conciertos, ensayos y grabaciones; la historia de algunas de sus composiciones; su incursión en el cine; su paso por la televisión; cuando Televisa lo vetó o él vetó a Televisa; su cercanía y ayuda a políticos.
Ahí está su afecto a María Félix, Lola Beltrán, Lucha Villa, Amalia Mendoza, Isela Vega; su cercanía con Ana Gabriel y Daniela Romo; sus amigos, compañeros y otros más íntimos; quienes lo traicionaron y se aprovecharon de su fama; su encuentro y desencuentro con Rocío Dúrcal; la
veneración a su manager María de la Paz Alcaraz y su rompimiento; la adoración a su madre; el trato con sus hermanos; el amor y dedicación a sus hijos, el enigma de cómo los tuvo y la participación en el asunto de quien fungió como su mamá… y todo, todo lo que se le ocurra acerca de Juan Gabriel.
Con una narrativa fluida y atrayente, un extenso repertorio de melodías de, nada menos, el Divo de Juárez, y entrevistas (en audio) a allegados y conocidos, el valor de la miniserie radica en exponer la vida privada/pública de Juanga en primera persona, con el material que él mismo grabó y recopiló desde 1972, de cada paso que daba: estaba tan seguro de quién era y hasta
dónde podía llegar, que se dedicó a realizar su imperdible documental, para cuando ya no estuviera, y no se olvidara su carisma, autenticidad, talento, genialidad y por qué todos, pero todos, terminaban reconociéndolo, admirándolo e idolatrándolo.
Véalo… bajo su propia responsabilidad, como siempre.






