Los padres adinerados (Ignacia Baeza; Benjamin Westfall) de Julia (Rosa Puga Vittini) insisten en que aprenda a nadar durante las vacaciones de verano, pero ella no quiere. Lo que la pequeña disfruta más es la compañía de Estela (María Paz Grandjean), la empleada doméstica de su casa, quien, a su manera, intenta darle lecciones de natación. Mientras los padres pasan la mayor parte del tiempo fuera, Estela y Julia, también platican, bailan, cantan, van de compras, hacen trámites, pasean por la colonia, alimentan a un perro callejero, conviven con Carlos (Rodrigo Palacios), el trabajador de una gasolinería que pretende a Estela, y se vuelven cada vez más cercanas, cómplices y dependientes. Sin embargo, su relación se pone en riesgo ante un suceso que, se suponía, quedaría en secreto.
Con suficiente experiencia en cortos y largometrajes, lo mismo de ficción que documentales, la chilena Dominga Sotomayor entrega Limpia (Chile/2025), un interesante drama, con tintes de suspenso psicológico, que se adentra en todos los rincones de una casa para exponer las agridulces vivencias de una niñera que se debate entre la aparente estabilidad que le ofrece su empleo, el afecto que le brinda un niña, la urgencia de atender el llamado de su madre enferma y la posibilidad de hacer pareja con un atento y amable joven.
La cinta escrita por Gabriela Larralde y la propia Sotomayor, basadas en la novela de Alia Trabucco Zerán, inevitablemente, trae a la mente las excelentes La nana (2009) y Roma (2018), con las que comparte esa intención de mostrar a las trabajadoras domésticas que viven de tiempo completo en la casa de sus “patrones”, entregadas al trabajo día y noche, 24 horas, haciendo a un lado su propia existencia, deseos, ilusiones y anhelos, porque “te necesito para”, “tú no te puedes ir”, “hay que hacer tal”, y se les van los años resolviendo los asuntos ajenos. La entrega/miedo/necesidad es al grado de no poder hacer válido el día de descanso o visitar a los familiares, así estén en riesgo de muerte por alguna enfermedad.
La historia del filme disponible en Netflix se cuenta mediante una narrativa mayormente lenta, en la que pareciera no suceder mucho, pero cuando menos se piensa, es casi imposible dejar de verla, por esa impecable descripción de lugares y situaciones que llevan a comprender (más no a justificar) los motivos de conductas, comportamientos, sentimientos y emociones de cada involucrado en el relato, con lo que quedan al descubierto sus frustraciones, necesidades y vacíos. No por nada la madre, para una, la hija, para otros y cada uno en sí, pasan a segundo plano ante los demás.
Con una música disfrutable y a veces excesiva, un guion exacto y funcional, y una cámara detallista, meticulosa e indiscreta, una de las fortalezas de Limpia es su elenco: Palacios se apodera de su Carlos y logra una simpatía verosímil; Baeza es enérgica, segura y clara para dar indicaciones a Estela y Julia; Westfall cumple muy bien con su tarea de padre trabajador. Sin embargo, la película pertenece a Grandjean y Puga Vittini: por separado consiguen una naturalidad y credibilidad impresionante, y juntas hacen una admirable química pocas veces conseguida. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.






