Nuestros tiempos

Nuestros tiempos

El mayor deseo de los científicos y esposos Nora (Lucero) y Héctor (Benny Ibarra) es viajar en el tiempo. Después de varios intentos y apoyos económicos, su anhelo se materializa en 1966, cuando en 15 minutos logran llegar al 2025, año en el que no sólo encuentran impresionantes avances tecnológicos, sino que la forma de ver el mundo y de comportamiento son muy distintas a las de su época. Tras 59 años, ahora se reconoce a las mujeres en diferentes áreas, tan es así que Julia (Carolina Villamil), la alumna de Nora, es la rectora de la universidad (Ofelia Medina). También, se busca incluirlas en todo y respetarlas siempre, lo que es complicado para Héctor, quien cree que ama a su esposa y la trata bien, aunque no como lo demanda la actualidad, por lo que considera seriamente regresar a los sesenta, así Nora no esté de acuerdo.

El director Chava Cartas no es neófito en el quehacer cinematográfico, su filmografía la integran filmes que, incluso, han sido muy exitosos en taquilla y, en el caso de algunos, podrían calificarse como medianos en términos de realización. Por ejemplo, Treintona, soltera y fantástica (2016) y Mirreyes vs Godínez (2018) fueron muy vistas, a pesar de sus limitantes creativas, interpretativas y dramáticas. Por su parte, Contraataque (2025), con poco menos de desventajas, atinó en exponer una historia que pretende glorificar a los soldados y que las personas confíen en ellos, nuevamente.

Aun con toda esa experiencia, aunado a su trabajo como fotógrafo en algunas cintas (Ciudades oscuras, 2002; Amar te duele, 2002; Niñas mal, 2007; Enemigos íntimos, 2008) y de realizador de series (Los héroes del norte, 2010; Gossip Girl: Acapulco, 2013; Rosario Tijeras, 2016; y El gallo de oro, 2023), es curioso que el director tapatío insista en entregar películas que no vayan más allá de medio entretener.

En Nuestros tiempos (México/2025), Cartas repite la fórmula con un relato por demás complaciente con el espectador, quien sólo requiere de sentarse en el sofá con los bocadillos suficientes para enfrentarse a una trama predecible, que resuelve las situaciones superficialmente y carece de la “sal y la pimienta” necesaria para impresionarlo, emocionarlo, ilusionarlo y hacerlo sentir que acompaña a los protagonistas en su travesía por los agujeros de gusano.

Con una decente fotografía, un extraordinario diseño de producción que se luce al recrear fielmente los sesenta, pero un débil guion de Angélica Gudiño y Juan Carlos Garzón, el único asomo de frescura de la cinta disponible en Netflix es su intento de hacer ciencia ficción, y no lo logra. Se acerca más a la “comedia romántica”, así su propósito principal sea difundir un discurso más estereotipado que coherente y profundo acerca de inclusión, equidad, igualdad, reconocimiento de derechos y oportunidades para las mujeres.

Es incuestionable que la mayoría del elenco posee experiencia suficiente frente a las cámaras, y que a algunos los respalda una larga trayectoria. Sin embargo, ninguno muestra un desempeño acorde con lo anterior: las interpretaciones son demasiado planas y no provocan emociones que expresen la magnitud de lo que viven los personajes. Por si fuera poco, el final es el peor momento, con ese otro cursi viajecito. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

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