Afecta violencia a la vida cultural del estado

Afecta violencia a la vida cultural del estado

Negocios cerrados, horarios reducidos, eventos cancelados; son las huellas de los más de cuatro meses de violencia en Sinaloa

 

La vida cultural en Sinaloa también ha sufrido los estragos de más de cuatro meses de violencia: espacios cerrados, horarios reducidos, eventos cancelados y poco público en las actividades.

Desde septiembre del año pasado se suspendieron los festejos de aniversario de la Independencia, los de la fundación de Culiacán y las agendas de las instituciones culturales “pospusieron” eventos.

La dinámica de las actividades artísticas se modificó. La opción fue ofrecerlas en horarios vespertinos, de la misma manera que lo han hecho los espacios independientes.  La vida nocturna en la ciudad apagó sus luces, pensar en acudir al teatro, a conciertos, obras de teatro, danza, literatura, después de las 19:00 horas, no es opción.

En el caso de los espacios independientes, la situación no es distinta. Es aún más compleja, como lo contó Alejandro López, responsable del Café Teatro Cúcara y Mácara.

La que fuera casa del dramaturgo Óscar Liera, contaba con una cartelera semanal de puestas en escena, matinés para niños, pero el público no ha llegado como antes.

“Obviamente que la estamos pasando muy mal. Teníamos una programación para todo el trimestre y no ha resultado. Veníamos de un bache después de las elecciones, ya en agosto nos estábamos recuperando y no hemos visto una salida”, recordó.

“Cancelamos actividades, algunos grupos ya no quisieron venir. Todo se vino abajo en septiembre. Cerramos unos días, cambiamos los horarios. Además, se cancelaron las presentaciones que teníamos en los festejos de Culiacán”.

El también director del grupo Delta Teatro, contó que pidieron al Ayuntamiento que les pagaran las funciones programadas, pero solo les recibieron el oficio y no obtuvieron respuesta.

“El problema es que no somos comerciantes, somos artistas y no pintamos en los apoyos, a las dependencias de cultura no les ha importado, salvo la participación que tenemos en un programa de Cultura Municipal”, señaló.

La crisis más complicada

López mencionó que para poder sostener el espacio han tenido que llevar sus programas a Los Mochis y Sonora.

“Nos dieron un crédito que aunque no tenga intereses, pero no deja de ser algo que tenemos que pagar. Esperemos que cambien pronto las cosas, esta ha sido la crisis más complicada que hemos vivido, incluso más que con el COVID, la gente no sale por temor”, precisó.

“La cultura está invisibilizada. A nadie se le ha ocurrido que existimos. No piensan en nosotros. Pero aquí vamos a seguir hasta que de plano no se pueda”.

Yolani Parrilla, responsable de Ali Cletas, un espacio que ofrece una programación cultural de manera semanal, también tuvo que cerrar sus puertas en los momentos más complejos de violencia.

“Cambié los horarios, empecé a abrir por las mañanas, pero la asistencia sigue siendo muy variada. Cuando se dan hechos violentos, la gente prefiere encerrarse. En otros momentos se relaja, pero es complejo”, mencionó.

“Somos de los pocos espacios que hemos resistido y nos hemos mantenido abiertos en el centro, trato de ampliar la cartelera con buenos grupos, pero sí llega el momento en el que, por más que quieras, no se puede”.

La ciudad sin vida nocturna

La promotora cultural señaló que quienes asisten a los talleres y presentaciones que ofrecen, asisten en grupos. Los que viven relativamente cerca al establecimiento, son quienes más asisten.

“En esta idea de resistir, hicimos el concurso de composición; las dos primeras eliminatorias estuvieron muy bien, pero para el tercero que algo sucedió, se dio el bajón. Algunos participantes cancelaron, estuvo muy solo”, contó.

A pesar de la situación adversa, señaló que pretende resistir. Después de mantener este espacio durante ocho años, lo menos que quisiera, es “rajarse”.

“Lo más difícil es el miedo, te sientes inestable, de repente parece que las cosas están bien y resulta que no. Estoy curtida de todo esto, pero no pienso dejar de insistir”.

En el Peor para el Sol la situación no es distinta. Al no ser un espacio de primera necesidad, Francis Rosas, asegura que se siente abandonada por parte de la autoridad, no así por el público que los sigue apoyando.

“Esto ha sido lo peor que ha pasado. No hay una estrategia ni protocolo cuando si lo hubo durante el COVID, yo no veo cómo se pueda recuperar la vida nocturna. Los más afectados somos quienes trabajamos de noche”, apuntó.

“Me siento abandonada por las autoridades, pero por la gente que viene al Peor para el Sol, no, sigo porque estoy dando seguimiento al proyecto de Juan Jiménez, quien fue reconocido por ser impulsor de la trova en la ciudad”.

El espacio, que cumplirá 15 años de ser un foro para la música de trova, dijo que no es considerado espacio cultural, sino centro nocturno y eso les afecta.

“No somos de primera necesidad, pero sí somos un espacio cultural que ha superado muchos momentos difíciles; el jueves negro, el Covid, nunca pensé que fuera a durar tanto porque repercute en todo; en la clientela, en el apoyo que se les da a los músicos que tocan aquí y al equipo de trabajo”, mencionó.

“Mucha gente dice que quienes salen al estadio o a los bares, es inconsciente, pero en realidad es un gusto que la gente tiene derecho a darse. Aquí vienen personas que les gusta la música”, detalló.

“Al principio cancelamos presentaciones, algunos músicos ya no vienen a tocar, pero en realidad somos también un apoyo para la música independiente. Es un lugar que tiene un reconocimiento y toda una historia, es un espacio necesario, también”.

Artículo publicado el 19 de enero de 2025 en la edición 1147 del semanario Ríodoce.

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