Los 10 mandamientos. O cuando solo decimos lo que todos quieren oír

Los 10 mandamientos. O cuando solo decimos lo que todos quieren oír

El chiste es viejo. Choteado. Se replica con leves variantes.

San Pedro, custodio de las puertas del cielo, y el Diablo, amo de las tinieblas, ofrecen a un recién llegado las amenidades de una y otra opción para la vida eterna. El cielo con sus nubes, pureza, espacios limpios en azul y blanco intenso. Silencio, soledad reconfortante. Mientras que en el infierno están los amigos de la vida en fiesta, en los momentos de diversión que a cada quien se le acomoden. El clima templado, ni frío ni calor. La decisión no parece difícil, el recién llegado opta sin dudar un instante por la propuesta de don Diablo. Al día siguiente todo cambia: soledad y calor insoportable, los amigos aparecen caídos en desgracia, todo lo que fue felicidad se esfuma. El recién llegado reclama, eso no es lo que le ofrecieron: el Diablo, impávido, solo responde que ayer estaba en campaña y hoy es la realidad.

En cada ciudad, pueblo y colonia de este país hay ciudadanos escuchando a Pedros y Diablos sobre las bondades de Cielos e Infiernos. A diferencia del chiste, no es claro saber quiénes son unos y otros, en la guerra electoral los ropajes se confunden.

Azul. Tricolor. Amarillo. Rojo. Verde. Naranja. Guinda. El color distingue a cada fuerza política y en su autodefinición se colocan en una posición del espectro político: derecha, izquierda, centro. En teoría, todos los militantes comparten un sello ideológico diferenciador.

Pero durante los tiempos de campaña, en la guerra electoral, el principio fundamental es uno solo: el arte del engaño. En eso no hay colores, geografía política o ideologías, solo hay condición humana. El engaño en la clásica definición de Sun Tzu, autor de la biblia en la disputa por el poder: “Cuando se está cerca, se debe parecer lejos; cuando se está lejos se debe parecer cerca,” dice.

Basta someter al sentido común las muchas afirmaciones de candidatos y candidatas. Desde lo macro, como erradicar la pobreza, hasta lo micro como pavimentar todas las calles de la colonia –todas, sin excepción–. Luego, cualquier disparate que se le ocurra: acabar con la violencia, la delincuencia, la corrupción; salarios e inflación de primer mundo, hospitales, medicinas y salud. Todo es en esta etapa una solución propia y un desastre ajeno.

Desde que la humanidad existe se ha devanado los sesos por entender el poder. Obras maestras del pensamiento intentan desentrañarlo. Hoy, como ayer y antier, la búsqueda del poder es el territorio donde (casi) todo vale. El arte del engaño, del que habla Sun Tzu, incluye una herramienta ancestral e imprescindible: endulzar el oído de ciudadanos, pueblo, sociedad —como se le llame en la época histórica–.

Los tiempos de campaña, son siempre tiempos de certezas. Quienes buscan el poder solicitan ser escuchados con sus propuestas, la oferta política o la plataforma, porque son ellos quienes traen las soluciones a los padecimientos públicos.

Un escenario deseable sería pasar al contraste, no entre un proyecto y otro, sino el contraste y discusión con la comunidad. El aspirante al cargo de elección enfrentándose a la comunidad, no al contendiente electoral.

Un ejemplo ilustrativo es cualquier candidato a alcalde, de cualquier ciudad de este país, que repite: “Lo que más me piden en las colonias es pavimentación”. Y ante la exigencia, la promesa obligada e inmediata es ofrecer las calles necesarias para apaciguar el clamor. Se omite decir que no habría dinero que alcance, y ninguna se atrevería a decir que se ocupa menos pavimento no más concreto por todos lados. Se necesitan banquetas dignas para la movilidad de la gente, guarniciones para resguardar las viviendas, no calles pavimentadas más caras que las casas. Hay muchas ciudades del mundo que llevan años en un proceso de despavimentar sus calles. Sí, arrancar el concreto. Pero eso no daría votos. ¿Por qué aquella calle sí, y la mía no? Preguntarían con razón, y el candidato no quiere contrastar el proyecto, solo buscar endulzar el oído.

Margen de error

(10) En la recta final de las campañas, cercano el momento de la decisión, vale la pena un ejercicio de ironía para recordar los 10 mandamientos de irrestricto cumplimiento para candidatos y candidatas en busca de una ración de poder.

Amarás al ciudadano sobre todas las cosas. Subirás en brazos como ídolo supremo a bebés mocosos; besarás y abrazarás a todo ciudadano con quien topes.

No tomarás el nombre del ciudadano en vano. Recibirás castigo hasta millares de generaciones si usas en vano su nombre.

Santificarás las fiestas. Trabajarás y harás proselitismo, pero el séptimo día descansarás a esperar el veredicto de tu dios, el Ciudadano.

Honrarás a tu padre y a tu madre. No hay más padre que el partido, ni más madre que la patria. Les honrarás para vivir larga vida en el seno paterno.

No matarás. Ilusiones. Creencias. Sueños. Fomentarás las promesas.

No cometerás actos impuros. Condena la fornicio. El artificio. Y hasta el frontispicio.

No robarás. Serás celoso del erario. Justo con los contratos. Entre más obras, más sobras.

No darás falso testimonio ni mentirás. Por ningún motivo inventarás amoríos de tu contrincante, lo acusarás de narco, ladrón, asesino.

No consentirás pensamientos ni deseos impuros. Por sobre todas las cosas evita decir la verdad, el más impuro de los deseos.

No codiciarás los bienes ajenos. Jamás envidiarás la marca del otro, los colores del corazón o el vestido, el slogan o el jingle de tu contrincante.

Primera cita(Exodo)

“Pon por escrito estas cosas, mediante las cuales he contraído alianza contigo”. Éxodo XXXIV-27. (PUNTO).

Artículo publicado el 12 de mayo de 2024 en la edición 1111 del semanario Ríodoce.

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