Pensamiento

Pensamiento

Solo cuando la mente está libre de ideas y creencias puede actuar correctamente.
J. Krishnamurti

Utilizamos el pensamiento de dos maneras: una, la correcta y necesaria, para funcionar apropiadamente en nuestra vida cotidiana, movilizarnos, conducir, trabajar bien, desenvolvernos en casa, escuela, en nuestras relaciones, investigar, experimentar, etcétera. Es decir, estar 100 por ciento centrados en la actividad en curso, atentos.

El otro “pensamiento” se orienta al mundo de la imaginación, la especulación, la comparación, envidiar, soñar e ilusionar; este “pensamiento” que ocupa la mayor parte de nuestra mente, nos distrae de la realidad, nos llena de deseos, aspiraciones, elucubraciones; martirizan nuestra vida real y alimentan frustraciones e inconformidades, ocasionan errores y accidentes y, nunca, nunca, tienen un fruto que sirva.

El mundo psicológico interno domina nuestra vida día y noche, aún mientras dormimos. Únicamente existe en nuestro cerebro, en nuestra mente, no corresponde con lo que sucede en la realidad; vive en el pasado, en las buenas experiencias y en el deseo de que se repitan, en lo que hubiera sido, “Si hubiera brincado al tren que pasaba, pero lamentablemente se me pasó”, luego, sin pasar por el presente ir a un futuro inexistente, proyectar una ilusión de lo que podría suceder si se “alinean los astros”. Vivir del pasado, que no existe, y en un futuro que no llega, nos impide vivir en lo que hay, el presente.

Cuando vivimos con “lo que es” hay felicidad y plenitud, porque captamos su grandiosidad, lo extraordinario de tenerlo y hacerlo; los malos pensamientos, las especulaciones que, en ocasiones dominan; “lo que hubiera sido, o podría ser”, alejan, nos impiden ver las cosas como son y permanecemos en una realidad límbica que nos desgasta, nos frustra y torna infelices e inútiles.

Vivimos entre esos dos mundos de “pensamientos”, el que realmente sirve para vivir y funcionar, se nutre de nuestras experiencias, memorias y habilidades adquiridas y aprendidas a lo largo de nuestra vida, nos hace funcionales; no hay que martirizarnos demasiado solo tener mente, ojos y oído abiertos y lúcidos.

El otro “pensamiento”, en cambio, nos mantiene ocupados, agotados y enajenados: ¿cómo me verá el jefe, la jefa, la maestra, el maestro el día de hoy? ¿Se habrá dado cuenta que pienso mal, que me desconcentro? ¿Con qué ojos y ánimo me verá la mujer, el hombre, el novio, la novia, el esposo, la esposa?

Si trabajo, estudio, rindo cuentas mejor que fulano, fulana, ¿por qué tiene más salario, mejor puesto, mejores calificaciones? ¿Qué debo hacer para ganarles y que me valoren más? Y, así, indefinidamente.

Mientras tanto el mundo y la vida siguen girando y, dejamos de vivir cada momento, cada día, todos los aspectos maravillosos que nos brinda la vida cotidiana si supiéramos vivirla correctamente
Ahh, entonces de ahora en adelante a luchar contra las vanas ilusiones y los malos pensamientos, a vivir felices. Y esto, ¿cómo se podrá conseguir? No hay manera, y menos luchando en contra, así solo fortalecemos más lo negativo, está más que probado. La única manera es darse cuenta, en serio y, a fondo, sin engañarte; lo que eres, lo que piensas, lo que especulas, lo que ideas, lo que ilusionas y su futilidad para la vida y el ser, de ahí podría abrirse otro mundo que, siempre ha estado ahí: el mundo de la vida real.

Artículo publicado el 16 de junio de 2024 en la edición 1116 del semanario Ríodoce.

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